Rosh Hashaná: por más dudas y menos certezas

26 de septiembre, 2019

Rosh Hashaná

Por Uriel Aiskovich

 

Generalmente, la certeza tiene mejor prensa que la duda. Vivimos en una cultura que aplaude a los que toman decisiones firmes y cuestiona a los que dudan. Recuerdo el momento en que Fernando De La Rúa decidió visitar el programa de Marcelo Tinelli para mejorar su imagen, pero cuando dudó sobre donde quedaba la salida, quedó marcado como un presidente sin rumbo. Los discursos y posicionamientos firmes son aplaudidos por muchos mientras que los que dejan lugar a las preguntas, son muchas veces tildados de “tibios”.

 

Algo similar sucede con diversas tradiciones espirituales, judías y no judías. Propuestas que transmiten certezas claras y seguras se llenan de adeptos, mientras que los lugares de las dudas son adjetivados como los que carecen de convencimiento suficiente.

 

Pero a diferencia de lo que muchas veces creemos, en Rosh Hashaná y en la tradición judía podemos encontrar un camino diferente. La duda y la pregunta no sólo son elogiadas, sino que son necesarias para cualquier aprendizaje y crecimiento. El estudio de la Torá comienza desde la duda y la pregunta. ¿Por qué aparece esto y no esto? No comienza en la certeza.

 

Rosh Hashaná propone dos conceptos clave.

 

El primero, llamado por la Torá como Iom Hazikarón, día del recuerdo. ¿Qué recordamos? Un balance de nuestro año, errores, aciertos, logros y fracasos.

 

Luego, “Shaná” no sólo significa año, sino que también nuestros sabios buscan el origen de la palabra en “Shinui”. Cambio. Rosh Hashaná es también cambio y transformación.

 

Por lo tanto, me pregunto, ¿es posible desde la certeza absoluta hacer un balance del año? ¿Puede cambiar aquella persona que cree con seguridad estar en el camino correcto?

 

Hacer un balance, Jeshbon HaNefesh, nuestra propia introspección, requiere partir del no saber. El poder dudar de nosotros mismos. Quizás lo que creímos hacer por los otros, no fue tal. O también quizás aquello donde creímos equivocarnos fue un acierto, o lo que no consideramos importante, pudo ser importante para otros. La introspección, como tal, requiere partir de la duda y la pregunta. Abrirse a que puedan surgir respuestas que no queremos encontrar y también maravillas que no esperábamos descubrir.

 

La segunda parte de Rosh Hashaná es el cambio, la renovación. Para cambiar necesitamos dejar atrás nuestro mundo de seguridades y certezas. Permitirnos ir hacia lo incierto y desconocido.

 

Uno de los momentos más bellos de las fuentes judías se encuentra en el libro de Jeremiah que leemos en Rosh Hashaná. “Zacharti lach chesed neuraich”, o recuerdo lo bueno de tu juventud, el amor de tu compromiso. “Leich teich acharei bamidbar be’eretz lo zerua’ah”, o cómo estabas dispuesto a seguirme a una tierra desconocida e incierta. Jeremías dice que D´s ama al pueblo porque tuvieron el coraje de arriesgarse a ir a un lugar que nunca habían visto antes, sin mapa ni carreteras, ni Waze, ni GPS, sólo bajo la guía de una misteriosa nube. El judaísmo comenzó con Abraham, el primero que se fue a un lugar del que ni siquiera sabía su nombre. El que no tiene la valentía de arriesgarse, nunca será capaz de dar un nuevo paso en la vida.

 

El fundamentalismo y dogmatismo es lo opuesto a la filosofía judía. Para el fundamentalista no hay dudas, sólo certezas. La Torá empieza con la letra Beth ya que la Aleph representa lo desconocido. Maimónides nos enseña que sólo podemos afirmar lo que no conocemos de D´s. Y con Sigmund Freud aprendimos que nunca podremos terminar de conocernos a nosotros mismos.

 

Como escribió el maestro Jonathan Sacks: “Toda la vida se enfrenta a lo desconocido; porque aunque podemos mirar hacia el cielo y ver cien mil millones de galaxias, cada una con cien mil millones de estrellas, y cuando puedes mirar dentro de nosotros el genoma humano donde hay 3,1 mil millones de letras de código genético, podemos saberlo todo, pero hay una cosa que nunca sabremos: lo que traerá el mañana. Nos enfrentamos a un futuro desconocido; eso significa que cada curso de acción que tomamos, cada compromiso, tiene sus dudas. Es la capacidad de reconocer esa duda y, sin embargo, decir: ‘Sin embargo, me arriesgaré’”.

 

De eso se trata la fe, en hebreo emuná: no de la ausencia de duda, sino de la capacidad de reconocerla, vivir con ella y aún correr el riesgo de comprometerse.

 

Que este Rosh Hashaná esté repleto de preguntas para descubrir nuevos caminos.