Macri ajustó su estrategia a objetivos más modestos

6 de septiembre, 2019

Macri

Después de la sorpresiva, por lo abultada, derrota en las primarias, Mauricio Macri, de a poco, está encontrándole el tono a su discurso luego de los errores iniciales.

 

Pretendiendo menos, Mauricio Macri puede lograr más. Si va en busca de todo, puede quedarse con poco. Ese es el dilema. O lo era, porque el Presidente parece haber definido su estrategia política, que en lo esencial, es concentrarse en el presente. Poner el foco en aquellas medidas que debe tomar ahora para llevar alivio a la sociedad. Entendió que no es el momento para el discurso de tono épico sobre el futuro, ni para seguir denostando a los últimos setenta años de la vida del país. Es aquí y ahora. Día a día, como en los mercados.

 

En su discurso del miércoles en la reunión de la Asociación Empresaria Argentina, quedó claro el contenido que tendrán sus mensajes a partir de ahora. Hizo hincapié en que las medidas que tuvo que adoptar recientemente, aunque no le gustaban, eran inevitables frente a la emergencia. En definitiva, tuvo que aceptar que había otro camino y no uno sólo y por el que quería avanzar más rápido como le dijo en una entrevista a Mario Vargas Llosa. Y todo fue dicho en un tono moderado, sin estridencias.

 

Macri tendrá una oportunidad de defender su gestión en los debates entre los candidatos presidenciales previstos para octubre. Pero para aprovecharla, necesita llegar a esa instancia, reconociendo errores y con una situación económica menos alterada.

 

El objetivo en esta etapa es controlar al dólar para evitar una suba mayor de la inflación que deteriore aún más los ingresos. Parece un objetivo muy acotado frente para las pretensiones originales del Gobierno, pero es lo que exige del momento. Aunque no parezca muy ambicioso, si Macri logra equilibrar el mercado cambiario, podrá llegar en mejores condiciones al proceso electoral. No para revertir el resultado de las primarias, lo que parece virtualmente imposible, sino para conservar el número de votos que obtuvo en esa instancia y no arrastrar a la derrota a los otros candidatos de Juntos para el Cambio que compiten por diferentes cargos. Además, le permitiría coronar una transición ordenada, lo cual es clave para pensar en las posibilidades políticas futuras de la actual coalición oficialista y de los partidos que la integran, a las que les costaría mucho reponer su imagen frente a la sociedad si el final de este mandato es caótico. Tener objetivos acotados y focalizarse en la gestión, más que en la campaña, es, paradójicamente, el mejor camino que tiene Macri si pretende tener un buen desempeño en las elecciones.

 

Si por el contrario, pretende agudizar la confrontación y alertar sobre los riesgos que implicaría el retorno del kirchnerismo al poder, puede contribuir a incrementar la incertidumbre, afectar consecuentemente a los mercados y que por lo tanto la situación se vuelva en su contra. Además, demostró ser una estrategia electoral equivocada, y la polarización extrema no resulta del todo creíble en esta etapa porque no hay una respuesta contundente frente a una pregunta clave: ¿vuelve Cristina o empieza Alberto? Intentar relativizar el liderazgo de la expresidenta sobre el Frente de Todos es ingenuo pero también lo es suponer que un gobierno de Alberto sería una remake del de Cristina. Por lo tanto, el discurso contra ella no es el mismo que se puede usar contra él y eso también exige ajustar la estrategia electoral del oficialismo. También la oposición tiene que evaluar el impacto de sus críticas. Un esquema de “competencia controlada” como, la que parece convenirles a ambos, va a requerir ajustes permanentes.

 

Macri tendrá una oportunidad de defender su gestión en los debates entre los candidatos presidenciales previstos para octubre. Pero para aprovecharla, necesita llegar a esa instancia, reconociendo errores lo que le dará credibilidad y con una situación económica menos alterada que pueda predisponer a la sociedad a escucharlo .