Alberto Fernández forja su poder

19 de septiembre, 2019

alberto fernández

Por Nicolás Solari Director de RTD

 

El resultado de las PASO produjo, entre otras muchas cosas, que el foco de la política argentina se traslade desde la Casa Rosada hacia el búnker de la calle México. Allí, Alberto Fernández, la nueva estrella de la política nacional, recibe parsimoniosamente a los emisarios de todas las corporaciones que tiñen el quehacer nacional: sindicalistas, inversores, empresarios, políticos, periodistas y consultores se acerca a constatar con sus propios ojos la luminosidad del liderazgo que nace.

 

La génesis del albertismo está en pleno proceso de ebullición, y lo que pase en estos días y semanas determinará en buena medida la cantidad y calidad de recursos materiales y simbólicos con los que Fernández deberá forjar su destino.

 

El aún aspirante a Presidente tiene dos grandes flancos abiertos, uno partidario y otro electoral. El segundo parece mucho más que encaminado luego del aluvión de votos que recibió el Frente de Todos en las primarias de agosto. Es que más allá del obligado candor de algunos dirigentes oficialistas, la pelea electoral parece haberse circunscripto a cuestiones de segundo orden: la posibilidad de conseguir un legislador más o menos o, en el mejor de los casos, revertir el resultado en algún municipio. Son cuestiones periféricas a la Presidencia, el premio mayor que parece haberse definido el 11 de agosto.

 

Fernández sabe que en algún momento se oirán las demandas de los muchos y diversos sectores que integran el Frente de Todos.

 

De todos modos en el recuento final de legisladores y territorios se halla la clave de cuan amigable o adverso será el ecosistema político a partir del 10 de diciembre. Fernández corre con ventaja y seguirá haciendo lo que ha hecho exitosamente: una campaña federal apalancada por los gobernadores peronistas. Cristina Kirchner, el sindicalismo y La Cámpora seguirán en el banco de suplentes. Equipo que gana no se toca.

 

Para el oficialismo pasa exactamente lo contrario. Necesita energía y creatividad para revertir una campaña improbable. El equipo de Macri, desilusionado por la estrategia digital, trabaja a destajo en una gira que lo llevará a visitar 30 ciudades en los próximos 30 días. Macri, que corre de atrás en las preferencias electorales, debe enfocarse en realizar una campaña efectiva sin provocar a su adversario, porque con unas pocas palabras puede hacer colapsar el frágil equilibrio económico de estos días.

 

Para sortear exitosamente esa andanada de reclamos políticos, el nuevo líder necesita multiplicar los puntos de apoyo y conseguir una ductilidad que le permita alternar el apoyo entre distintos sectores hasta que haya construido un poder genuino y propio.

 

Si a nivel electoral Fernández aspira a barrer con el macrismo y lograr una hegemonía peronista en todos los poderes y niveles del Estado, a nivel partidario busca reequilibrar un balance interno que nació viciado. Nominado por la voluntad personal de Cristina Kirchner, Fernández quiere forjar su propio poder. El albertismo, que surgió del apareamiento de un kirchernismo fuerte y disciplinado con un peronismo disperso y acéfalo, busca construir su propia identidad en un equilibrio de fuerzas donde arbitre la voluntad de Fernández.

 

Las diferencias internas comenzaron a emerger en algunos movimientos sociales y en las declaraciones del polémico Juan Grabois. Fernández sabe que en cualquier momento se oirán las demandas de los muchos y diversos sectores que integran el Frente de Todos. Para sortear exitosamente esa andanada de reclamos políticos, el nuevo líder necesita multiplicar los puntos de apoyo y conseguir una ductilidad que le permita alternar el apoyo entre distintos sectores, al menos hasta que haya construido un poder genuino y propio. Es una tarea compleja en la que paradójicamente Fernández podría sentirse cómodo, la administración de las tensiones es su área de expertise.