Trump y Xi no tienen incentivos políticos para bajar la tensión

7 de agosto, 2019

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La guerra comercial entre Estados Unidos y China va sumando capítulos en los cuales se registran acercamientos, treguas y momentos de tensión creciente. Y todo indica que este escenario va para largo porque no se percibe que Donald Trump y Xi Jinping tengan incentivos políticos para llegar a un acuerdo pronto.

 

Si bien el asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, sostuvo ayer que el Gobierno está interesado en que se logren avances en las negociaciones que se reiniciarán en septiembre, Trump podría, en cualquier momento, tomar medidas que reaviven el conflicto.

 

Está claro que la confrontación con los chinos tiene apoyo popular en Estados Unidos y que es un activo para la campaña electoral de 2020. Porque salvo que la sociedad estadounidense perciba que está pagando un precio en materia económica por esa disputa, el respaldo se mantendrá.

 

Xi, por su parte, no quiere apurarse porque entiende que una negociación prolongada lo terminará favoreciendo porque le permitirá firmar un acuerdo más conveniente.

 

Las autoridades monetarias de China declararon ayer que no tienen previsto devaluar más al yuan. Ese sólo anuncio cambio la dirección de los mercados porque se trató de una mini–tregua en la guerra de monedas que está debajo de los conflictos comerciales. Trump y Xi no tienen incentivos políticos para bajar la tensión El líder de EE.UU. mira las elecciones y sabe que la disputa lo ayuda electoralmente, mientras que el de China no tiene apuros.

 

Más allá de la retórica, las propias políticas de Trump tienden a fortalecer el dólar y debilitar el yuan: lo opuesto a lo que él pretende.

 

El lunes, Estados Unidos declaró oficialmente a China como país manipulador, un paso que no había dado hasta ahora pese a que fue uno de los caballitos de batalla de Trump durante la campaña presidencial de 2016.

 

Muchos analistas sostienen que están dadas todas las condiciones para que se declare una guerra de divisas: el crecimiento económico se desacelera, las tasas de interés son bajas o negativas y no hay margen para las políticas fiscales expansivas. En ese contexto, sin otras alternativas a mano, muchos países pueden verse tentados a devaluar sus monedas para darle impulso a la actividad económica. Claro que las consecuencias para el conjunto son muy negativas como se comprobó en el pasado. Por ese motivo, las autoridades económicas de distintos países se comprometieron a no recurrir a las devaluaciones competitivas y ni siquiera hacer referencias públicas a las paridades cambiarias.

 

Trump quiere reducir el déficit comercial de Estados Unidos que, a su juicio, es consecuencia de prácticas económicas desleales de otros países que incluyen la manipulación de sus monedas para devaluarlas frente al dólar y de esa manera mejorar su competitividad. Pero Trump también considera que la Reserva Federal es responsable de esa situación porque subió las tasas en cuatro oportunidades el año pasado y que la reciente baja fue insuficiente porque el resto de los bancos centrales tiene políticas más agresivas.

 

Pero más allá de la retórica, las propias políticas de Trump tienden a fortalecer el dólar. El creciente desequilibrio fiscal, al necesitar ser financiado, le pone un piso a las tasas de interés y los conflictos comerciales con China terminan debilitando al yuan.

 

Además, en la medida en que los otros países desarrollados no mejoren su desempeño económico, no cabe esperar que sus monedas se fortalezcan frente a la estadounidense.

 

Las guerras comerciales se desencadenan muchas veces por decisiones políticas unilaterales de un país, pero en materia cambiaria los conflictos se originan en factores estructurales que no son fáciles de revertir. Por eso, también en este caso, las discusiones van para largo.

 

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