Trump contra China y la Fed

8 de agosto, 2019

trump EE.UU. Estados Unidos

Por Héctor Rubini USAL

 

Tras la baja de la Fed Funds Rate de la semana pasada, Donald Trump desató su furia contra la autoridad monetaria estadounidense y, al otro día, anunció por Twitter un arancel de 10% sobre importaciones de origen chino por U$S 300.000 millones, aparte de otras por U$S 250.000 millones que pagan un arancel de 25%.

 

Trump argumentó más o menos los mismos reclamos previos a la reciente reunión del G-20 en Osaka, y lanzó esa decisión cuando recién estaban iniciándose las negociaciones bilaterales en Shanghai después de ese encuentro. También anunció que la tasa del nuevo arancel a ser aplicado desde el 1° de septiembre será incrementado poco después al 25%.

 

El viernes, el Gobierno chino anticipó que aplicaría contramedidas y las mismas no se hicieron esperar. El lunes, en la noche del domingo de nuestro país, el Banco Popular de China dejó de intervenir en los centros offshore en los que opera con sus reservas internacionales dejando que el dólar suba desde el inicio de las operaciones de 6,89 yuanes a 7,03 yuanes, aunque luego fluctuó entre 7,06 y 7,14. La autoridad monetaria china intervino anteayer para revertir esa depreciación del yuan, pero no dejó que el dólar perfore el piso de 7,04 yuanes. Al cierre de este artículo la moneda china parecía seguir un sendero de progresiva depreciación, cotizando a 7,06 yuanes. Algo que sugiere que no tendría gran impacto el anuncio del Banco Popular Chino de colocar letras en yuanes en Hong Kong la semana próxima para absorber yuanes y estabilizar el tipo de cambio.

 

 

La furia de Trump fue esta vez acompañada por la de varios funcionarios, aunque con no poca preocupación: una depreciación del yuan tiene impacto en el comercio de todos los bienes y servicios, y no sobre un grupo de productos sujetos a barreras comerciales. El lunes mismo el Tesoro emitió un comunicado calificando a China como “manipulador cambiario”. Una medida bajo la más que evidente presión de Trump y su equipo y que no responde a criterios o ideologías partidarias: una hora antes de que el Tesoro comunicara esa decisión, el senador demócrata Charles “Chuck” Schumer había llamado por teléfono a Trump para pedirle que tome esa decisión. La respuesta china fue inmediata: el Ministro de Comercio anunció el pedido a las empresas del Gobierno chino que suspenda toda nueva compra de bienes agrícolas estadounidenses por tiempo indeterminado. Según Hu Xijin, editor jefe del diario taiwanés Chinese Times, esto indica un giro drástico de la política exterior china: ya no se focalizará más en controlar la escalada de la guerra comercial con EE.UU., sino en una estrategia de seguridad nacional para una guerra comercial muy prolongada.

 

La hipótesis china no es descabellada, ya que no se ven en el horizonte obstáculos para que Trump sea reelecto en noviembre de 2020. Pero para asegurarse ese objetivo el primer mandatario quiere hacer crecer la economía a más del 3% anual vía la expansión del crédito y bajando tasas de interés a los niveles de la UE y en línea con las decisiones recientes de otros bancos centrales como los de Nueva Zelanda a 1%, Tailandia a 1,5% y la India de 5,75% a 5,4%. Por si quedaban dudas de que la independencia de la Reservas Federal está agonizando, Trump twitteó ayer que “debe aplicar mayores y más rápidas bajas de tasas, y detener ahora su ridículo ajuste monetario”, y calificó a su conducción como incompetente.

 

El Gobierno de Trump cree que la actividad económica se reactiva por empuje de la demanda y nada más. Agotado el efecto de la reforma tributaria sobre la oferta agregada, apunta a estimular las exportaciones netas con una política proteccionista, y la inversión agregada y el consumo bajando las tasas de interés. En ambos casos ignora o subestima las reacciones del resto del mundo. Las represalias comerciales chinas, y en particular la depreciación del yuan, lo han dejado inerme. Washington no puede seguir tensando la cuerda, salvo que opte por una desordenada alternativa: presionar política y militarmente a países desarrollados y no desarrollados que comercien con China. Igualmente, lo inevitable son las consecuencias: en EE.UU. aumentarán los precios de bienes importados y sustitutos de importaciones, y la eventual mejora en algunos sectores industriales se verá compensada por la retracción en el agro y dificultades para la producción y exportación de empresas con sucursales y plantas productivas en China.

 

Por el lado financiero tampoco tiene total control de la situación. Vulnerar la independencia de la Reserva Federal pulverizará en cuestión de semanas la credibilidad en sus políticas y aumentará la incertidumbre y volatilidad en los mercados cambiarios en todo el mundo. Si la actividad y el comercio exterior se reduce en China y en el mundo, el país oriental cuenta con otra herramienta para obtener liquidez: iniciar una venta masiva de todo o parte de los bonos del Tesoro en cartera de sus bancos estatales. Se trata de aproximadamente U$S 1,1 billón. En caso de ser vendidos, sus precios caerían en minutos, y las tasas de interés en EE.UU. aumentarían inevitablemente. El crecimiento de la economía estadounidense se reduciría, y la volatilidad de los mercados aumentaría a niveles imposibles de predecir. El escenario inevitable: una nueva gran recesión mundial, crisis de liquidez, a nivel global, y forzosamente buscar acuerdos para abandonar este retorno al proteccionismo de casi un siglo atrás.

 

Nadie discute la supremacía estadounidense en materia tecnológica y militar, pero da la impresión de que Trump está asumiendo riesgos que pueden escapar a su control y sin consecuencias positivas a la vista. Ni para los Estados Unidos, ni para el resto del mundo.

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