Tiempo es lo que no hay

23 de agosto, 2019

Alberto Fernández tiempo

Por Carlos Leyba 

 

Puede que Alberto Fernández gane las elecciones. Las matemáticas hacen de este resultado lo más probable. Además de las matemáticas PASO, la inédita unidad del peronismo en el Siglo XXI, hace que la fórmula FF tenga la activa solidaridad de intendentes de todo el país y de la mayoría de los gobernadores. Una fuerte movilización del aparato tradicional. Este es el caso en que “billetera” (el marketing informático) no “mata galán” (militantes, dirigentes, punteros).

 

Además los dos baluartes de imagen PRO están golpeados en sus distritos. María Eugenia Vidal fue arrastrada por la ola peronista: esta vez no estaba Aníbal, la “morsa”, ni el apoyo de la Iglesia, atenta al riesgo de la droga; y además, esta vez, el conurbano sufría el desempleo, el fin de las “changas”, la inflación y el azote de las tarifas y el ajuste. Horacio Rodríguez Larreta, exitosa gestión edilicia urbana, está sitiado por una oposición sorprendente que lo corrió en las barriadas de menores ingresos: surgió un conurbano electoral porteño. No le alcanzó sumar dos candidatos a senadores de pañuelo verde para atraer el voto progre.

 

Además de la adhesión del tronco principal del movimiento sindical, a Fernández se le ha sumado, después de las PASO, la tolerancia y el diálogo, y un mohín de simpatía, de los empresarios de la modernidad PRO. Le pidieron audiencia Marcos Galperín y Martín Cabrales, militantes de Cambiemos que la línea Peña-Duran Barba instalaron un WathsApp de militancia electrónica PRO. A Fernández lo visitaron en la calle México.

 

Todo esto lleva a que, si se produce el triunfo de Fernández, entonces habrá en la Presidencia una fuerza que contará con el respaldo electoral y con el favor de factores de poder local.

 

Una vez en el poder AF deberá lidiar con La Cámpora la que sólo podrá llegar a la cima de las decisiones mediante la intermediación de Cristina. Del resultado de esa lidia y de esa intermediación, depende la consistencia del “frente interno en construcción” que es el eventual gobierno de Fernández y cuyos cimientos son definitivamente los gobernadores.

 

Alberto Fernández integró a los gobernadores en el FdeT. Sin ellos las PASO no hubieran dado el mismo resultado.

 

Los gobernadores esperaban sumarse a la no nata Alianza Federal con la que se sentían ideológicamente más próximos.

 

En ella estaba el “coordinador en jefe” de los gobernadores en el Senado (Miguel Angel Pichetto), la principal fuerza opositora no kirchnerista de la provincia de Buenos Aires (Sergio Massa), Juan Schiaretti – un cuasi electo líder de una nueva versión de la renovación peronista – Juan Manuel Urtubey, el Partido Socialista, Margarita Stolbizer y Roberto Lavagna.

 

La Alianza Federal fue abortada deliberadamente; y los gobernadores se quedaron sin un vehículo, diferente al conducido hasta entonces por Cristina, para poder empujar. La historia nos enseña que energía política que no se usa se evapora: no hay, en la política, nada como los acumuladores de energía. Los gobernadores lo saben.

 

Hay dos candidatos en carrera.Lo que sin duda ganó es el rechazo de la mayoría absoluta de los argentinos y de los sectores sociales, a profundizar la grieta.

 

La elección de AF como chofer del vehículo de CFK posibilitó el desplazamiento de su techo electoral al que la “macrisis económica” succionaba hacia arriba.

 

Mientras Alberto esté al frente del vehículo y la “macrisis” continúe, la confirmación de las PASO es lo más probable.

 

La adhesión del movimiento sindical, por el efecto pertenencia; y el crédito de sectores empresariales impensados, están en posibilidad de pavimentar el camino que Fernández debe transitar si llega.

 

La condición es que el vehículo que conduce siga siendo empujado por los gobernadores como garantía de gobernabilidad.

 

Excluimos a la dirigencia rural por razones obvias. Ella imagina que muchos de los cuadros políticos del FdT no están dispuestos a considerarlos “socios” para los beneficios y sí para los aportes. Macri puso las retenciones a todas las exportaciones sin miramiento alguno y no tuvo reproches. No las usó como herramienta de política económica de ingresos ni de política de desarrollo. Sólo como instrumento fiscal. De alguna manera los ruralistas han pensado “mal de muchos nos consuela”. Saque usted la conclusión.

 

La gran diferencia de la llegada FF al gobierno con respecto al PRO es que, por ahora no goza de la simpatía de los organismos internacionales, particularmente del FMI cuya cúpula se manifestó de manera excepcional a favor de Mauricio, ni la de Donald Trump que ,según las mentas, habilitó en su momento ayudas que, por la premura y la cantidad, fueron absolutamente excepcionales, y que – sea por lo que sea – hoy esas ayudas han revelado su oculta condición de “plomo” a pesar de haber sido en su momento “salvavidas”. El salvavidas se lo puso Mauricio, el plomo se lo quedaría Fernández.

 

Nada es lo que parece ser hasta que se revelan sus consecuencias y esas consecuencias son lo que, quienes gobiernan, han hecho con aquello que parecía ser. Un crédito puede ser una oportunidad o una condena, depende lo que hagamos con el. El boom de la soja pudo ser el motor de transformación de nuestra economía si hubiéramos tenido un programa para ello. Cada vez que nos endeudamos nos ahogamos con los dólares y cuando nos glorificaron los términos de intercambio, los convertimos en un episodio efímero. Es la historia de las cuatro décadas pasadas.

 

Puede que Fernández, de ganar, consolide un frente interno voluminoso. Pero tiene por delante un “frente externo” más complicado que el que atravesó y atraviesa Mauricio Macri.

 

Ese “frente externo” visible es el de los organismos internacionales, el de los acreedores externos, “los mercados”, y la colección nativa de los que apuran un patrimonio liquido en dólares. La mayoría de estos atesoran, es decir, convierten ahorros o excedentes, en recursos en fuga que duermen en el colchón, las cajas de seguridad o en el exterior: es la energía generada que se escapa. Nada puede ser peor.

 

Macri gozó de una buena relación con los organismos, una relación insólitamente cara (cara de cariño y cara de costo) con los “mercados” mantenida a base de una tasa de interés irracional (increíblemente sostenida por graduados universitarios con “título en el exterior”). Las políticas irracionales convierten a todo en urgente y, como sabemos, lo que es urgente siempre es tarde.

 

Las relaciones externas Macri las procura mantener hasta octubre con la buena voluntad de Fernández. Buena voluntad que consiste en declaraciones cooperativas.

 

El diálogo de Alberto F. con el Presidente y el de los técnicos del FdT con el ministro Lacunza plantean un escenario inimaginable antes de las PASO. Le guste o no, hay un puente entre ambos lados de la grieta. Hay gente civilizada de ambos lados. No es poco porque era inesperado después del primer discurso de MM.

 

Nicolás Dujovne no habría podido sostener una conversación con, por ejemplo, Cecilia Todesca porque hablan idiomas diferentes. Hernán Lacunza habla un idioma traducible.

 

Las historias personales cuentan. Lacunza – tal vez no haya sido nunca un militante político – pero es un funcionario que acreditaba una extensa carrera pública antes de llegar al ministerio de la Provincia.

 

Se fogueó en la Cancillería en el área de estudios de economía mundial y trabajó en el staff del BCRA hasta ocupar la Gerencia General. Lo hizo en el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. Luego de unos años en la consultoría privada, se hizo cargo del ministerio PRO de la Provincia.

 

Una persona formada y que además es un “policy maker”: alguien que por su experiencia pública sabe que no hay tal cosa como un “objetivo” o una “medida” aislados. Es decir sabe que tratar de alcanzar un objetivo implica necesariamente repercusiones sobre otras variables económicas y sociales; y que a todas hay que tenerlas en cuenta al formular una medida ya que el “retorno” negativo de las mismas puede terminar ahogando el objetivo inicial.

 

Dujovne acuñó el concepto del “segundo semestre, los brotes verdes, veinte años de crecimiento”, suponiendo que bregando por el equilibrio fiscal primario, como objetivo central, habría de lograrlo. Y la herramienta para ese objetivo usó era reducir el gasto público o aumentar los impuestos y el endeudamiento sin tener en cuenta el déficit financiero y sin apercibirse que sin que la actividad crezca, a corto plazo, las cuentas no cierran. Sin inversiones productivas, a mediano y largo plazo, el déficit va a aumentar.

 

Dujovne es economista pero piensa como consultor: es decir desde afuera. Lacunza es economista pero piensa como un policy maker. El método no es menor: los métodos en política estructuran.

 

Nadie puede negar que, después de la explosión de las urnas del domingo y del tembladeral financiero del lunes, lo que se vive en materia política en estos días es sorprendente.

 

El escenario de la grieta política, tal vez por el terror a la profundización de la crisis financiera, aparece como diluido, como relajado. Lo financiero era grave antes de las PASO y es gravísimo después de ellas. Pero camino a las elecciones el clima político es mejor al anterior a las PASO. El “miedo” a CFK no lo derrotó a Fernández. Y otro “miedo” impulsó al Presidente a iniciar un dialogo con el candidato de la oposición y, a su vez, el mismo miedo impulsó al candidato a brindarle un apoyo considerable a la gestión del gobierno.

 

Lo primero que hizo el nuevo ministro es hablar con los economistas designados por la oposición. Ese es un cambio profundo. Es cierto que obligado.

 

Hay dos candidatos en carrera.Lo que sin duda ganó es el rechazo de la mayoría absoluta de los argentinos y de los sectores sociales, a profundizar la grieta.

 

Al final de la reunión los principales economistas de la oposición dieron un comunicado que dice “el FdT sigue trabajando en un programa alternativo que permita recuperar el crecimiento, el empleo y las exportaciones“. No lo tienen.

 

Lo principal en un debate electoral son los nombres y las ideas. Argentina estancada, con desempleo insostenible y una primarización de las exportaciones, necesita diagnósticos y tratamientos muy profundos. Y tiempo es lo que no hay.

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