Sólo capitalismo

27 de agosto, 2019

Por Pablo Mira

 

Estos días tuvimos el honor de recibir a Branko Milanovic, experto en temas de desigualdad. El economista serbio, profesor en Estados Unidos,fue invitado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política para presentar en la FCE-UBA algunos fragmentos de su último libro “Capitalism, Alone”. El título es un juego de palabras que por un lado reconoce la hegemonía del sistema capitalista, y al mismo tiempo lo responsabiliza por sus consecuencias presentes y futuras.

 

Para su análisis de la desigualdad, la obra contrasta cuatro tipos de capitalismo. El primero es el modo de producción que diseccionó y criticó Marx, en el que los trabajadores sólo ganan ingresos de su trabajo, y los capitalistas recogen los beneficios del capital. La diferenciación entre clases reflejaba perfectamente la desigualdad funcional del ingreso, que era muy alta y producía enormes controversias sociales.

 

Un segundo tipo es el capitalismo meritocrático o liberal, donde la mayoría de la gente obtiene ingresos tanto del capital como del trabajo. Este sistema, lejos de mejorar la distribución interpersonal de la riqueza, tiende a empeorarla, porque si bien los ricos ganan parte de sus ingresos trabajando, también suelen ser los que cobran los salarios más altos (el caso de los CEO es el más obvio).

 

Una tercera categoría es el “capitalismo popular”, en el que toda la población tiene acceso tanto a beneficios como a salarios porque el capital y la tierra han sido repartidos equitativamente para todos. Esta lógica no necesariamente genera una distribución perfectamente igualitaria, pues no todos nacen con las mismas virtudes o talentos, y los rendimientos del uso de los factores productivos pueden ser diferentes según la capacidad de cada individuo.

 

Finalmente, Milanovic habla del “capitalismo igualitario”, donde si bien todos tienen la misma proporción de capital y de trabajo, el Estado ocupa un rol como herramienta de redistribución para asegurar que los frutos de la explotación de estos factores se reparta lo más equitativamente posible.

 

¿Cuál de estos sistemas refleja la realidad del capitalismo actual? La clasificación tiene grises, pero es evidente que en los países desarrollados predomina el capitalismo liberal o meritocrático. En estas economías la distribución interpersonal del ingreso es altamente desigual. La medida usual que refleja esta situación es el coeficiente de Gini, un indicador que adopta valores entre 0 y 1 donde 0 es la igualdad absoluta y 1 la desigualdad máxima. En la práctica el Gini suele fluctuar entre mínimos de 0,3 y máximos de 0,7.

 

El Gini de Estados Unidos es de los más elevados entre los países ricos, pero Milanovic complementa esta percepción observando en particular la distribución de los ingresos según el factor. Para los ingresos laborales, el Gini de este país ha crecido desde mediados de los ´70s hasta hoy de 0,45 a 0,55, una suba notable para un indicador que en general se mueve lentamente. La sorpresa aparece al mirar el Gini de los ingresos de capital, que se ha movido persistentemente durante el mismo período en torno a… ¡0,9!

 

Estos valores no se modifican demasiado en otros países desarrollados, pues estos niveles se replican en países tan disímiles como el Reino Unido, Alemania y Noruega. Estos números revelan que el verdadero drama de la desigualdad yace en la injusta distribución del capital, y sugieren que el problema no es solamente enseñar a pescar, sino además repartir mejor las cañas.

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Las razones para reducir la desigualdad

Branko Milanovic fue invitado para exponer en el XV Seminario Internacional del Boletín Informativo Techint cuyo título era “Desigualdad en la economía global”. El Economista dialogó con el especialista de origen serbio sobre la importancia de reducir la desigualdad que está en expansión en el mundo. Milanovic sostuvo que es clave lograrlo por razones éticas y políticas ya que alienta la polarización, pero también por motivos económicos porque está demostrado que la desigualdad conspira contra el crecimiento y además para evitar que la pobreza se reproduzca intergeneracionalmente ante la ausencia de igualdad de oportunidades. De todas maneras, Milanovic explica que la situación difiere entre los distintos países. En China, por ejemplo, aumentó la desigualdad pero se logró reducir la pobreza gracias a una elevada tasa de crecimiento económico que es inalcanzable para otros países con un mayor nivel de desarrollo. El desafío es reducir la pobreza que requiere crecer más, para lo cual es necesario que la desigualdad sea menor.

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