La tarea del FMI

26 de agosto, 2019

fmi Alejandro Werner y Roberto Cardanelli

Por Santiago Gambaro

 

El nivel de apertura de la cuenta financiera es el principal responsable del escaso poder de fuego del Banco Central ante una corrida cambiaria. Tanto es así que resulta más importante la declaración de un candidato o una definición del FMI que la determinación de la autoridad monetaria a mantener un nivel cambiario que considera de equilibrio. Esto es porque el volumen del mercado de capitales en relación al sistema financiero se ha tornado incontrolable.

 

En este sentido, además del rol de responsabilidad institucional de Alberto Fernández en sus declaraciones que puedan comprometer al Presidente en ejercicio, o el desmanejo de la corrida cambiaria de la actual gestión, el Fondo tiene un papel preponderante en tanto garante del compromiso que asumió, no con Mauricio Macri, sino con el Estado Argentino, al margen de las afinidades políticas. A esto se le suma que, le guste o no, este vínculo implicó un crédito por aproximadamente el 60% de su cartera.

 

La reciente misión del FMI en Argentina se caracterizó por ser escueta en las definiciones sobre el desembolso del tramo acordado por US$ 5.400 millones en septiembre, de acuerdo al cumplimiento de metas hasta junio. Hasta ahí no debería haber problemas puesto que la corrida fue en agosto. Sin embargo, la letra chica es susceptible de interpretaciones, lo cual generó pavor en los mercados acentuando la corrida. En lugar expedirse rápidamente, el organismo guarda silencio, como si no entendiera que de su palabra depende la estabilidad cambiaria del país.

 

En tanto, mucho se dice sobre la voluntad de Fernández de aprovechar la situación para fomentar mayor inestabilidad y que, una vez asumido su mandato, quede tras de sí tierra arrasada sobre la que sea más fácil construir. Otras versiones aseguran que es el Presidente el que, en su derrota, planea vaciar las arcas públicas para dificultar la tarea de la oposición. En ese sentido, valen algunas aclaraciones:

 

Un tipo de cambio más alto no es necesariamente un tipo de cambio estable.

 

Esto es porque el nivel de recesión, aunque alto, no permite pensar en que no haya traslado cambiario a precios. Además, el 70% del gasto público (jubilaciones, pensiones y gasto social) está indexado a inflación, mientras que las tarifas, de impacto directo sobre precios, están indexadas al tipo de cambio. En otras palabras, esto puede volar por los aires.

 

Por otro lado, el oficialismo (que no ha dado signos de derrota) buscará procurar la mayor cantidad de escaños posibles en el Congreso y esto no será posible en un contexto de volatilidad cambiaria antes de octubre que acentúa la recesión.

 

En suma, dejando a un lado la fatídica primera semana luego de las elecciones (de declaraciones irresponsables de un lado y del otro), los candidatos parecen haber entendido que el estallido no le conviene a nadie. Sólo resta el tercer actor en la discordia que es el FMI, y que deberá decidir si es parte del problema o de la solución.

 

Los problemas de Argentina hoy dependen de la percepción del mercado con respecto a la capacidad de solvencia de cara al año que viene, ya que deberá colocar deuda por mercado, según nuestras estimaciones, por aproximadamente US$ 10.000 millones y la capacidad de endeudamiento, con este nivel de riesgo país, luce imposible. Más aún, en los años sucesivos se asoman los vencimientos del compromiso con el FMI. Ergo, el mercado entiende que, si la deuda con el FMI no es defaulteable, sólo resta un canje/ reestructuración con la deuda privada y de ahí el bajo valor de los títulos públicos.

 

Hacia adelante parecería entonces que la discusión con el FMI se impone por sobre toda prioridad, ya que aliviaría las dudas del mercado, reduciendo el riesgo y, posiblemente, permitiría conseguir el financiamiento necesario para cubrir los vencimientos de deuda. Vale recordar que el tiempo apremia y que el riesgo país nunca cayó 800 p.b. (la dimensión necesaria para colocar deuda a una tasa razonable) en tan poco tiempo. La excepción fue sólo luego de la crisis de 2009 y fue por una súbita mejora en el contexto internacional, un elemento completamente exógeno a lo que ocurría en el país. Para que esto pase, es imprescindible la actuación de un jugador de afuera.

 

El FMI tiene entonces una importante tarea por delante en la cual se juega, además de su cartera, su vapuleada reputación.

 

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