La incertidumbre nunca es buena

28 de agosto, 2019

Alberto Fernández tiempo

Por Guido Lorenzo LCG

 

Ayer se vivió una jornada difícil, no solo para el Gobierno y los mercados, sino también para la oposición que quizás tomó con cierta preocupación lo que sucedió luego de que difundiera la carta repudiando el acuerdo con el FMI.

 

Las declaraciones hasta el momento son ambiguas, por un lado, hay voceros del Frente que quieren echar más nafta al fuego, y por otro, aparecen estos mensajes. Por supuesto, alguien podría decir que es la respuesta a la provocación de la marcha convocad en apoyo a Mauricio Macri. Simbólica, pero que puso otra vez al Presidente en modo candidato, por lo que era esperable que del otro lado se filtrara hasta un adelantamiento de elecciones.

 

Alberto Fernández parece que no está del todo convencido de cual es la estrategia apropiada a seguir para comenzar su mandato. La experiencia del 2003 le sugiere una relación muy lineal, a más caos, mayor gobernabilidad. Pero hay que recordar que en 2002/3 las demandas sociales estaban por el piso, el default estaba declarado y el Estado era la mitad de lo que es actualmente.

 

Si Fernández insiste con esa lógica de mayor caos ahora, mayor gobernabilidad después, puede terminar heredando una economía que no podrá no solamente poner en marcha, sino tampoco detener arar con el repudio al peso producto de una inflación en aceleración.

 

Sus economistas entienden esto a la perfección, pero a veces los políticos y los economistas no ven el mismo fenómeno de la misma manera. Un ejemplo concreto: la buena relación que quiere tener sus economistas con el mercado no es compatible con la idea de priorizar la puesta en marcha de los recursos ociosos. Fernández prometió plata para el bolsillo de ‘la gente’, no de los acreedores.

 

El Gobierno actual también está confundido, Macri habla como candidato en algunas oportunidades y como presidente en otras. Reuniones de urgencia en Casa Rosada con el Riesgo País casi en los 2.000 puntos luego de haber vendido reservas por casi US$ 500 M en el mercado spot es algo, al menos, curioso.

 

Si la estrategia es romper todo antes de entrar al poder, quizás hasta sea más transparente dejarlo expuesto al posible gobierno entrante. El problema es que el peronismo no lo tiene tan claro tampoco. Desde la política sí, desde la economía no. ¿Por qué no hacer realmente una transición ordenada?

 

Esa pregunta tiene sentido económico pero no político. La economía de hoy, en sus variables fundamentales, es la misma que la del viernes previo a las PASO. ¿Para qué acelerar una situación que tiene su cauce?

 

Desde el punto de vista del económico, el equipo de Fernández tampoco tiene una gran ansiedad. Desde la política hay un sentido. Al Frente de Todos le interesa reinstalar la idea de que no puede gobernar otra fuerza que no sea el peronismo. Desde el punto de vista de Cambiemos necesitan mostrar que pueden terminar un mandato en orden, y aún más importante, necesitan asegurar un caudal electoral para no desaparecer como coalición e incluso el PRO como partido a nivel nacional.

 

Keynes en su tratado sobre la probabilidad decía que el problema de los eventos únicos es que no se les puede asignar probabilidad, estamos frente a uno de esos eventos cuando parece que de ninguna de las dos fuerzas tiene un manual de comportamiento. El resultado de la incertidumbre puede ser caótico.

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