La estabilidad cambiaria tiene su contracara

7 de agosto, 2019

BCRA inflación emisión cero

Por Julia Segoviano  Economista de LCG

 

Desde hace diez meses Argentina se encuentra inserta en un programa monetario de metas exigentes y, a priori, difíciles de cumplir. Sin embargo, no se puede negar, el BCRA viene cumpliendo con las exigencias fijadas de manera rigurosa. Estas exigencias se dirigen hacia los agregados monetarios y a partir de entonces, la tasa queda determinada endógenamente (al menos en el discurso formal).

 

El problema es que el correcto cumplimiento en la fijación de agregados (que implica cero expansión de la base monetaria) tiene una contracara: la tasa de interés opera en niveles realmente altos debido a la contracción que supone este programa monetario. Se mantiene por arriba de 50% hace meses y no parece dar indicios de que va a comenzar a bajar.

 

El motivo para mantener un programa tan estricto con tasas altas es claro: estabilizar el tipo de cambio y contener la inflación. No es menor la circunstancia de estar en un año electoral, en el que se requieren soluciones que cumplan el objetivo de corto plazo de garantizar la victoria. Y para ello, es muy sabido que el dólar debe mantenerse tranquilo. Esta última cuestión es la que no permite pensar en tasas menores.

 

Sin embargo, una tasa de alrededor de 15 puntos reales parece excesivo en cualquier contexto que se lo mire. Y como consecuencia, la actividad está tardando en recuperarse más de lo pensado. Las empresas que han logrado sortear el alto costo de financiamiento y que siguen en pie, se encuentran cada vez más asfixiadas y se empieza a tornar muy difícil seguir sosteniendo el negocio a este ritmo, con tantos gastos destinados a pagar intereses. Para mantener el sendero de desinflación y de tipo de cambio estable es importante que la tasa real se mantenga positiva, pero la autoridad monetaria debe encontrar la manera de reducirla a 3, 4 puntos.

 

Toda la estabilidad que puede traer un dólar quieto se va diluyendo de a gotas por el malestar que traen las máquinas paradas y las ventas en caída: luego de que pasen las elecciones, más allá del color político del ganador, el programa monetario debe ser examinado y replanteado.

 

El problema es que cuando a principios de año el BCRA emprendió el camino descendente de la tasa, la respuesta en el valor de la divisa fue inmediata y el dólar volvió a saltar. Esto hizo que las autoridades decidieran elevar la precaución, y, a 5 días de las PASO, no cabe duda de que se mantendrán cautos. Pero las elecciones no finalizan en agosto, sino que continuarán en octubre y hasta incluso quizás en noviembre. Con esto, la política monetaria no encuentra margen para relajarse y no veremos un rebote importante de la actividad ni un dinamismo muy fuerte del mercado interno, en el cual las condiciones para desenvolverse aún siguen muy restringidas.

 

Esto plantea un dilema para el Gobierno actual. Toda la estabilidad que puede traer un dólar quieto se va diluyendo de a gotas por el malestar que traen las máquinas paradas y las ventas en caída. Cuando pasen las elecciones, más allá del color político del ganador, el programa monetario debe ser examinado y replanteado, porque muchos meses más con tasas en estos niveles la economía no aguanta. El Gobierno de ese momento deberá aprovechar la caída que se viene observando en las expectativas de inflación y el reconocimiento recién impuesto por las urnas para empezar a hacer un trabajo de sintonía fina y encontrar el equilibrio entre la estabilidad del dólar y el dinamismo de la actividad.

 

No se escapa que, en caso de una nueva administración, bajar tasas podría ser aún más complicado en medio de la incertidumbre y alteración de los mercados, pero para ello se deben revisar las metas impuestas actualmente y disminuir la rigurosidad aplicada, en vistas de comenzar a rehabilitar también la economía real.

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