La espiral del bloqueo de gobiernos en Europa

Los sistemas parlamentarios son más flexibles pero eso no se transforma en una mayor facilidad para formar gobiernos como se comprueba ahora en Italia y España.

29 de agosto, 2019

La espiral del bloqueo de gobiernos en Europa

Por Fernando Domínguez Sardou (*) e Indiana Azar (**) 

 

El politólogo y sociólogo español Juan Linz planteaba que los regímenes parlamentarios (es decir, aquellos en los que el Parlamento es el receptor de la soberanía popular y designa al gobierno) cuentan con más flexibilidad que los presidencialismos (es decir, regímenes como el argentino, en el que el presidente recibe un mandato para ser tanto jefe de Estado como jefe de Gobierno), y que esto los hacía más gobernables. Sin embargo, esto no quiere decir que esa flexibilidad se transforme en facilidad o en certezas para formar gobierno, y que no conduzca a inestabilidades que dificulten o bloqueen la conformación de un gobierno y sus acciones. Particularmente, cuando como resultado de los últimos procesos electorales, se vive un clima de fragmentación al interior de los parlamentos. Este fenómeno es el que están viviendo España e Italia.

 

España está sometida a una crisis de gobernabilidad desde las elecciones generales celebradas en abril. Después de la moción de censura de 2018 que separó a Mariano Rajoy del cargo de Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez –líder del Partido Socialista Obrero Español– asumió el mando, pese a no contar con una mayoría propia ni con un gobierno de coalición. Esto lo logró con el apoyo circunstancial de Podemos, partido de izquierda, liderado por Pablo Iglesias, entre cuyos objetivos centrales se encuentra el salir del statu quo, principalmente en lo que respecta al modelo socioeconómico vigente en el país ibérico; y también con el apoyo de diversos partidos independentistas cuya ruptura con el statu quo está dada por el reclamo soberanista (principalmente en el caso catalán).

 

La espiral del bloqueo en el caso español comenzó con el rechazo a los presupuestos en febrero del corriente año, a manos de los partidos independentistas. Esto empuja a Pedro Sánchez a convocar a elecciones para abril. En estos comicios, si bien el PSOE mejora su situación relativa en comparación con la legislatura anterior, Pedro Sánchez se verá impedido de formar un gobierno mayoritario. La emergencia de un nuevo actor antisistema escorado a la derecha (como es el caso de Vox), así como la elevada fragmentación en el Congreso de los Diputados dota a los distintos actores de mayor poder relativo para poder negociar sus posiciones ante eventuales gobiernos de coalición.

 

Las distancias entre las posturas de los distintos partidos, desde el derechistaantisistema Vox, hasta el izquierdista Podemos empujó a posiciones intransigentes en la negociación por la conformación de posibles coaliciones de gobierno, lo que se observó principalmente en el caso de PSOE y Podemos. Mientras que Podemos argumenta que es necesario un gobierno de coalición progresista, el PSOE busca emular un “pacto a la portuguesa”, por el cual gobierne en soledad, con apoyos circunstanciales de los restantes partidos políticos del sistema –particularmente aquellos vinculados a la izquierda y al progresismo–. Asimismo, Ciudadanos y el Partido Popular también han decidido bloquear cualquier clase de coalición tanto con el PSOE como con Podemos, lo que se observó desde un importante acto público en febrero. Este conflicto entre los potenciales socios no se desbloqueó en la primera sesión de investidura, llevada adelante en el pasado mes de julio. Los partidos de izquierda e independentistas, en líneas generales, se abstuvieron en la votación, impidiendo que Sánchez lograra la mayoría. La negociación, al día de hoy, sigue prácticamente igual que en ese momento, con posiciones en las que todos los actores hacen valer sus vetos manteniendo el bloqueo del gobierno activo.

 

Por su parte, en Italia, en marzo del año pasado, acudieron a las urnas para conformar una nueva legislatura. Sin embargo, el escenario postelectoral no esclareció mucho el futuro del país. Los resultados señalaron a la coalición de centroderecha, integrada por la Lega (liderada por Matteo Salvini) y al sector de Silvio Berlusconi, como la principal fuerza política; mientras que el Movimento 5 Stelle, liderado por Luigi Di Maio, se convirtió en la primera fuerza individual. En un lejano tercer lugar quedaba la coalición de centroizquierda, encabezada por el ex primer ministro Matteo Renzi. El fruto de las elecciones generales indicaba que ninguna fuerza poseía la mayoría necesaria como para formar gobierno independientemente.

 

Después de conocerse los resultados de la elección, la coalición de centroderecha y el M5Ss acordaron la elección de los presidentes de las cámaras del Parlamento, y el presidente Mattarella encomendó iniciar las negociaciones para la formación del gobierno, explorando infructuosamente distintas coaliciones entre los bloques, que se vetaron mutuamente, desde sus diferencias ideológicas.

 

No obstante, un anuncio de Silvio Berlusconi, en el que declaraba públicamente que Forza Italia no apoyaría a un gobierno M5S-Lega en un voto de confianza, abrió las puertas a un gobierno entre los dos partidos emergentes del sistema.

 

Empero, la espiral del bloqueo no finalizó ahí. El 21 de mayo, las dos fuerzas propusieron a Giuseppe Conte, un outsider del sistema político, como primer ministro. Sin embargo, para finales del mes, el primer ministro designado renunció a su cargo debido a que Mattarella se opuso firmemente al nombramiento de un euroescéptico, Paolo Savona, al frente de la cartera de Economía. Luego de otra ronda de negociaciones, Salvini y Di Maio anunciaron su voluntad de reiniciar el proceso para formar gobierno.

 

Superadas las discrepancias con Mattarella y luego de casi tres meses de avances y retrocesos, se oficializó el gobierno Conte. Naturalmente, el desarrollo del gobierno M5S-Lega se llevó adelante con diversas tensiones entre los líderes de ambos partidos, particularmente por las posiciones de Matteo Salvini, cuyo discurso y accionar antiinmigratorio se tornó aún más inflexible desde que asumió frente el Ministerio del Interior.

 

Luego de catorce meses de gobierno, Italia recuperó su característica inestabilidad política. A principios de mes, Salvini rompió la coalición que compartía con el M5S, al presentarle al Primer Ministro, una moción de desconfianza y llamando a elecciones anticipadas. La estrategia del líder leghista se fundaba en el creciente apoyo que supo cosechar la Lega en este primer período de gobierno, apoyo que se vio refrendado en las elecciones europeas del corriente año.

 

A partir de esta pérdida de apoyo parlamentario, Conte perdía la mayoría que lo sustentaba en el cargo y se presentó frente al Senado italiano para hacer su descargo contra Salvini, al que tildó de irresponsable por hacer querer votar a los ciudadanos una vez por año, y luego renunciar a su cargo.

 

Finalmente, y tras un período de negociaciones que aún no concluyó, el M5S busca recuperarse del golpe que le asestó su ex socio de coalición, buscando un gobierno “Conte Bis”, con el apoyo del PD. Al interior del PD existen disputas respecto a la relación que debería llevarse con el M5S.A fin de cuentas, el partido de Di Maio fue uno de los mayores críticos del gobierno demócrata. Por su parte, el M5S deberá enfrentar seguramente una fuerte crítica hacia su interior, por pactar con su otrora enemigo principal. ¿Qué motiva la formación de esta coalición a simple vista contra natura? La percepción por parte de los actores respecto a una potencial derrota electoral y pérdida de su peso relativo en una nueva legislatura, en caso de disolverse el Parlamento y convocar a elecciones. Si bien, el bloqueo de gobierno parecería estar resuelto, no se resuelve aún qué es lo que va a hacer este gobierno ni como, lo que pone en duda la subsistencia y la estabilidad de esta nueva coalición. Las espirales del bloqueo que se observan en los casos español e italiano parecen encontrarse lejos de una solución en el corto plazo. ¿Qué tienen en común? Gobiernos de coalición, con parlamentos más fragmentados que en experiencias anteriores.

 

La espiral del bloqueo se ve cuando el grueso de los partidos (sean estos tradicionales o no) buscan hacer valer el peso relativo derivado de la elevada fragmentación del Parlamento, y no se corren del eje de sus intereses propios. Las negociaciones para formar coaliciones de gobierno son características de los parlamentarismos, pero teóricos como Linz no advirtieron que la fragmentación encierra profundos riesgos, como los bloqueos que están viviendo actualmente Italia y España. ¿Lograrán los distintos partidos bajar sus pretensiones y lograr gobiernos de coalición estables? ¿Qué rol tendrá la Unión Europea en estas negociaciones? ¿Sirve convocar nuevas elecciones para romper la espiral del bloqueo? Estas preguntas parecen de difícil respuesta, pero la realidad en las próximas semanas y meses necesariamente nos va a adelantar algunas de sus respuestas.

 

(*) Politólogo, Profesor en las carreras de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en UCA y USAL. Tw: @ferdsardou

(**) Politóloga, investigadora especializada en política europea (UBA-UNTREF) Tw: @indianaazar_

Investigadores del Grupo de Investigación “Análisis Comparado de la Política Europea”, Carrera de Ciencia Política, Universidad de Buenos Aires