India elevó el voltaje de sus graves conflictos con Paquistán

21 de agosto, 2019

India elevó el voltaje de sus graves conflictos con Paquistán

Por Atilio Molteni Embajador

 

Por si en Asia no bastaran el conflicto irresuelto entre Estados Unidos y Corea del Norte o el descalabro económico que están armando todas las facetas de la guerra comercial de Donald Trump con China, las que involucran parcialmente a países como Turquía, Rusia e India, hace pocos días estallaron nuevas fricciones entre Nueva Delhi y Paquistán. La noticia reside en el alcance del nuevo status constitucional que se asignó a la región de Cachemira, un territorio que venía recibiendo tratamiento especial que se definiera en una especie de solución salomónica no exenta de graves tensiones.

 

Como es sabido, Paquistán es un país que nació tras la partición original del territorio hindú para resolver el problema cultural y religioso de la población de origen musulmán, históricamente un grupo antagónico al resto de la compleja ecuación social que es India. Al finalizar el poder colonial británico en el imperio del que surgieron tales naciones, Londres auspició esa partición con la finalidad de resolver la pésima convivencia de dos comunidades adictas a su recíproco y secular enfrentamiento. Desde entonces el vínculo entre ambas se caracteriza por frecuentes disidencias y provocaciones armadas, las que tienen el condimento de provenir de dos Estados que poseen arsenales nucleares.

 

Semejante contexto desembocó, el 5 de agosto, en una decisión adoptada por el primer ministro de India, Narendra Modi, del Partido Bharatiya Janata (PBJ), mediante la que se concretó una de las promesas electorales del nacionalismo hindú: la revocación del artículo 370 de la Constitución de ese país,cuyo texto regulaba los vínculos entre el Estado indio de Jammu y Cachemira, considerando que la autonomía de esa segunda región impedía su integración al resto del territorio nacional debido a que,según el gobierno,las actividades de su gobierno y ciudadanos estimulan la actividad separatista y terrorista.

 

La iniciativa del Poder Ejecutivo fue al Parlamento controlado por el PBJ, donde tal propuesta se aprobó sin pestañar y con ello se le quitó la condición de Estado a Cachemira, a la que bajo las nuevas reglas se le asigna el status de una unión territorial limitada que le confiere mayores poderes al Gobierno central de Nueva Delhi. La medida restringe el movimiento de personas en la capital de Srinagar, permite reprimir legalmente las manifestaciones populares poniendo sobre el terreno a miles de soldados y policías y otorga base jurídica a la detención de figuras de la política local. Tales decisiones incluyeron la interrupción de todas las comunicaciones con el mundo exterior.

 

Como es público, la mayoría de los habitantes de Cachemira son de origen musulmán, mientras Jammu tiene preponderancia hindú. Igual tratamiento se aplicó al territorio norteño de Ladakh, reclamado por China, cuya escasa población es budista. Cachemira, es una región muy estratégica ubicada en el noroeste del subcontinente indio que limita con el Himalaya. Como se mencionara precedentemente, en 1947 el Imperio de la India se independizó de la corona británica mediante su partición en dos Estados, una decisión que originó grandes desplazamientos humanos y actos de violencia entre las distintas comunidades religiosas y étnicas. Los territorios con mayoría musulmana constituyeron Paquistán, con la excepción del principado independiente de Cachemira, pues su rey (o Maharajá), que era hindú, buscó la protección militar de Nueva Delhi para enfrentar una grave confrontación interna, protagonizada por grupos secesionistas musulmanes asistidos por patanes paquistaníes. Tras esa anárquica etapa, el primer ministro Jawaharlal Nehru aceptó que se integrara a India bajo el estatus especial contenido en el antedicho artículo 370 de la Constitución, por el que se limitó la aplicación de las normas de la Carta Magna alaludido territorio –que tuvo una estructura legal separada y su propia bandera– con delegación de sus relaciones exteriores, finanzas y defensa al gobierno central de Nueva Delhi. Bajo tal proceso se preservaron ciertas prácticas anteriores a la independencia yse dispuso condicionar la radicación de los que no eran naturales de Cachemira para no afectar sus características humanas y religiosas, regulación que ahora, al haber sido anulada, va a modificar la situación demográfica que sostuvo a la mayoría musulmana (7 de los 12,5 millones de los habitantes), uno de los objetivos evidentes del gobierno indio. Tanto India como Paquistán buscaron el control de Cachemira que, como resultado de los enfrentamientos de 1947-1948, quedó dividida con la asignación de una tercera parte a Paquistán y el resto a India. Esa partición se administró con una línea de control transitoria, que es una frontera de facto (la que consta de un sector este llamado Aksai Chin por haberse asignado a China tras la guerra con India de 1962). Luego tuvieron lugar otras negociaciones sobre Cachemira, así como también las guerras de 1965, la de 1971 (cuando Bangladesh se emancipó de lo que era el Paquistán Occidental) y 1999 e incontables incidentes entre ambos ejércitos, incluyendo las represalias de febrero último, cuando un acto terrorista contra tropas indias dio lugar al empleo, por primera vez desde 1971, de aviones de combate.

 

A partir de los años noventa y en respuesta al resentimiento de la población musulmana local, India sufrió actos terroristas de los militantes jihadistas que, según el gobierno de Nueva Delhi, fueron apoyados desde Paquistán con sus denominadas acciones hibridas. El ataque más notorio fue el que se localizó en Bombay, en 2008, pero no fue el único. De hecho, en Cachemira se reprimieron muchas actividades de protesta, lo que dejó un saldo de miles de muertos y una gran inestabilidad política. Además, la situación de ese territorio especial motivó que los militares y los servicios de inteligencia paquistaníes transformaran el seguimiento de tales acciones en una prioridad nacional. Esos esfuerzos permitieron extender las actividades de control sobre la política interna de su propio país y su presencia regional, un despliegue que incluyó su apoyo al régimen del Talibán de Afganistán hasta 2001. En lo personal me tocó apreciar las motivaciones paquistaníes, al integrar durante ese año una misión de alto nivel del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el terreno.

 

Sin ser miembros del Tratado de No Proliferación, tanto India como Paquistán son naciones que poseen un significativo arsenal de armas nucleares, motivo por el que las tensiones entre ambos son muy preocupantes y constituyen uno de los problemas más graves del sudeste asiático. Actualmente Paquistán argumenta que las acciones indias violan el Derecho Internacional y el compromiso alcanzado en 1949 en el marco de la ONU en favor de un plebiscito sobre el estatus de la región en disputa (cuyos términos siempre fueron materia de conflicto bilateral).

 

El gobierno paquistaní también anunció medidas de carácter diplomático para hacer frente a la decisión unilateral de India, con la-presentación del caso en la ONU y en la Organización de Cooperación Islámica, al tiempo que suspendió todas las relaciones comerciales y las comunicaciones con su vecino. Pero la realidad es que India está mejor armada, tiene una economía nueve veces mayor que la de Paquistán y es un nuevo motor de la economía mundial, mientras Paquistán es un país condicionado financieramente por sus compromisos con el FMI yexhibe gran debilidad geopolítica, lo que se refleja en el tibio apoyo que está recibiendo de otros países musulmanes.

 

Durante la visita que realizó el 22 de julio último a la Casa Blanca, el primer ministro paquistaní, Imran Khan, al presidente Trump, éste le ofreció mediar o ser árbitro en la disputa. Al conocerse tal propuesta, en momentos en los que la influencia estadounidense está en franca declinación, el gobierno de Nueva Delhi se limitó a plantear que esos te
mas debían resolverse mediante negociaciones bilaterales, la misma posición que mantiene desde 1972, ya que su dirigencia supone que Washington podría tener en cuenta los reclamos de Islamabad. Esa percepción cobró mayor relevancia desde la intervención paquistaní en Afganistán, no obstante los entendimientos geopolíticos y económicos que concretaron India y Estados Unidos para hacer frente a la influencia regional de China en Asia.

 

El primer ministro de India, Narendra Modi es un líder carismático, atrayente y autoritario que llegó al poder en 2014, en un momento crítico para su país. Asumió el mando con el objetivo de alcanzar el desarrollo para todos. Logró que la economía se estabilizara y crezca al 7% anual, expanda su competitividad y asimile importantes cambios en la administración estadual yen programas muy significativos de carácter social. En paralelo, dio una exitosa batalla contra la corrupción. En las elecciones nacionales que concluyeron el pasado 23 de mayo logró renovar y reforzar su mandato por un margen mayor que en las anteriores elecciones (ya que participan 900 millones de votantes), venciendo nuevamente al tradicional Congreso Nacional Indio, cuyo candidato fue Rahul Gandhi, –de la familia Nehru-Gandhi– que logró controlar el país desde la independencia.

 

Una de las características del gobierno de Modi, es que acentuó el nacionalismo y la importancia del hinduismo (80% de la población), sobre la base del convencimiento de que India debe ser para los hindúes a pesar de sus diversas identidades, mientras que algunas de sus decisiones acentuaron la discriminación de los musulmanes, los que apenas representan al 10% de los habitantes de la que es la mayor democracia del mundo. Por ello, el cambio del status de Cachemira es una iniciativa riesgosa. Sus factores políticos y religiosos van a ser observados con enorme preocupación por los millones de indios musulmanes y por influyentes sectores de la comunidad internacional.

Dejá un comentario