El desafío (cuesta arriba) de trascender más allá del núcleo duro

26 de agosto, 2019

El desafío (cuesta arriba) de trascender más allá del núcleo duro

Por Néstor Leone

 

El escenario, a principios de año, parecía dividido en tres, no muy distinto al de tres años antes. Más allá de la crisis económica y la crítica creciente a la gestión del presidente Mauricio Macri. Una porción de ciudadanos en apoyo cerrado a Cambiemos (o de rechazo a los doce años de kirchnerismo); otra de adhesión consustanciada al liderazgo de Cristina Kirchner y de reivindicación de sus mandatos, con fuerte pertenencia identitaria; y una tercera, más lábil, de voto volátil, independiente o distante de los enfrentamientos más apasionados de los últimos años. O, por lo menos, sin representación política clara. Esas partes en cuestión no eran necesariamente tercios exactos, pero parecían representar de esa manera el mapa político. En ese contexto, construir una nueva mayoría era el desafío.

 

La primera que jugó fuerte fue Cristina Kirchner. El sábado 18 de mayo anunció que sería precandidata a vicepresidente y que Alberto Fernández, con el que había estado distanciada durante casi una década, sería la cabeza del binomio. Y movió el tablero. Fue el puntapié inicial para rearticular a la oposición y lograr que sectores que la cuestionaban hasta hacía poco se sentaran a negociar la conformación de un frente político más amplio. El Frente Renovador de Sergio Massa, por caso, fue uno de los interpelados. Pero también los gobernadores del peronismo que parecían resistir en mayor o menor medida a una nueva postulación de Cristina. Con esa jugada, la expresidenta apostó a trascender su núcleo duro, su minoría intensa. A despolarizar. Y resultados a la vista, lo logró con creces.

 

Luego de la marcha, no queda claro qué segmentos de indecisos, votantes en blanco o de otras fuerzas podría sumarse.

 

El Gobierno reaccionó también con una jugada sorpresiva. De acuerdo con lo que pedían algunos de sus aliados, intentó ampliar Cambiemos sumado al presidente del principal bloque de oposición en el Senado, Miguel Angel Pichetto, como candidato a vicepresidente. Pero discursivamente la campaña quedó más detenida en disputar (o no perder) el voto tradicional de derechas, que parecían competirle José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión, que en sumar más allá de su base de sustento. El discurso de mano dura, la propuesta de crear un Servicio Civil Voluntario o reformas como la laboral poco podían hacer frente a un contexto de crisis creciente, indicadores socioeconómicos adversos y malhumor social. En las PASO del domingo 11, Juntos por el Cambio retuvo su base social, pero sin capacidad de sumar más allá.

 

La marcha del sábado hacia la Plaza de Mayo con saludo de Macri desde el histórico balcón de la Casa Rosada, en ese sentido, fue más de lo mismo. Por muy numerosa que haya sido. O por muy importante que haya significado en términos de “inyección de energía”, como los propios funcionarios del Gobierno la describieron. La reacción errática, torpe por momentos, desorientada en otros, luego de las PASO sumó elementos para que se configurar un nuevo clima político en donde Alberto Fernández aparece como eventual presidente electo ofreciendo pistas sobre su gobierno y gestos de autoridad y certidumbre, pero también consolidando la brecha con el oficialismo.

 

Desde el día después del revés inesperado (más por la abultada diferencia que por el triunfo en sí), el Gobierno se malquistó con la sociedad por cómo había votado y la responsabilizó de la crisis cambiaria que depreció aún más el peso y luego señaló que hizo la autocrítica necesaria sin abundar en detalles y volvió a plantear el eje de la polarización extrema como forma (dificultosa) de sumar votos. La convocatoria a la marcha, con guiño explícito de Casa Rosada y escenografía en consonancia, “en defensa de la República” o “por la defensa de la libertad”, gira en esa dirección. Sin que quede claro qué segmentos de indecisos, votantes en blanco o de otras fuerzas podrían sumarse al caudal ya obtenido.