El cordero quiere entrar al menú: en dos años esperan duplicar oferta

1 de agosto, 2019

Por Manuel Parera

 

Apenas 1,2 kilo anual en promedio por habitante y sólo el 1% del consumo anual de carnes es lo que representa la carne ovina en el consumidor argentino. Un producto que en la oferta cárnica está queriendo nacer y queriendo salir del cascarón. “La buena noticia es todo lo que hay para crecer”. Así resumen desde el sector ovino el sentir respecto al estado de situación de una producción que recibió dos importantes espaldarazos en el transcurso del último año: la conformación de la Mesa Nacional Ovina, de la mano de las distintas entidades y protagonistas de la cadena, y el lanzamiento del programa de promoción “Cordero Argentino”, encarado por la Secretaría de Agroindustria.

 

El mismo recibe fondos de la Ley Ovina (promulgada en 2001 y con un presupuesto actual de entre $ 80 y $ 100 millones), y es todavía una iniciativa incipiente: no tiene objetivos concretos, por ejemplo, en cuanto elevar el consumo interno y en qué plazo, tal como reconoció Rodrigo Troncoso, subsecretario de Ganadería de la Nación ante la consulta de El Economista, pero que avanza en pilares como la elaboración de un nomenclador de cortes, campañas de promoción en redes sociales y establecer la marca “Cordero Argentino”.

 

“El objetivo inicial es darle visibilidad a la producción. Se trabajó en una Resolución (198/19) para un programa de promoción a cuatro años. No hay forma de invertir si no hay perspectivas de desarrollo a largo plazo, por eso estamos fomentando el mercado doméstico a la par del mercado de exportación. No existe el uno sin el otro”, afirmó el funcionario, que destacó la buena noticia reciente de la llegada del cordero patagónico a Japón: “Hace cinco años era un sueño. A futuro nos gustaría enviar cortes y no medias res”.

 

Esos son los desafíos del sector. Potenciar la producción de manera que se aumenten los volúmenes y que estos puedan llegar de manera atractiva para el consumo diario. ¿Cómo? Es la gran pregunta que busca responder la cadena.

 

Un caso es el de Tienda de Carnes. La marca creada por dos rosarinos ya vende productos al consumidor final y llega a alrededor de veinte comercios y restaurantes en dicha ciudad, con cortes (costillar, pata, paleta o carne picada de cordero) y productos elaborados (sorrentinos, empanadas, milanesas o hamburguesas). “La demanda está y podríamos crecer pero tenemos que apuntar a volúmenes. Es fundamental trabajar de manera integral, porque tenemos dificultades como los escasos frigoríficos habilitados para ovinos”, sostiene Ignacio Rodríguez Vidal, cuyo emprendimiento ya faena entre 60 y 70 animales pesados por mes.

 

Para Miguel O’Byrne, presidente de la Federación de Instituciones Agropecuarias de Santa Cruz (FIAS) es necesario mejorar los márgenes: “Comparado con la producción en distintos países tenemos el cordero más liviano del mundo. Todos los demás han cambiado el eje de producción a un cordero pesado, mínimamente de 16 kilos. Con sólo mejorar 5% los distintos indicadores, como volumen, finura o peso corporal acumulativamente llegaremos a 15% o 20% de mejora que significarían unos US$ 50 millones anuales”, sostiene.

 

El productor patagónico destaca el rol de dicha región en esa producción. De los 15 millones de ovinos que hay en el país, 60% del stock está en la Patagonia (cerca de 9 millones de cabezas). Fuera de allí, 19% se ubica en la región Centro (Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y La Pampa) y 12% en Corrientes y Entre Ríos. Entre todas, se llega al total de 55.300 toneladas res con hueso que estimó la Mesa Ovina de producción durante el año pasado.

 

Un número que esperan se acerque a la barrera de las 100.000 toneladas en los próximos años. “El gran desafío es aumentar el peso carcasa para poder aplicar tecnología de corte y no seguir produciendo cordero. Tenemos que trascender el producto estacional que es el cordero”, explica Carlos Vila Moret, coordinador de la Mesa Ovina.

 

El especialista visualiza un crecimiento acelerado y asume que mejorando 10% a 12% la tasa de producción se podría estar en dos años duplicando la oferta. “Tenemos que dejar de ver la carne ovina como carne sustituta, sino verla como una carne de alto valor que va a determinados nichos, como Japón”, remarcó. Hoy sólo se exportan 2.500 toneladas al año.

 

De cara al 2020, los objetivos son más concretos: reducción de la informalidad (que llega al 34%), promoción, manejo sustentable de la fauna, certificaciones, programas sanitarios, y la intención de “profundizar” la Ley Ovina. Para eso, la mesa ya elabora una propuesta que promueve sobre todo la actualización de aportes. “Es una muy buena ley que hay que actualizar. Es una política de Estado que trasciende gestiones y una ley rentable para la sociedad”, comenta Marcos Williams, representante de CRA, que especificó que desde 2003 al 2017-2018 la ley realizó un aporte de casi US$ 121 millones, que permitió generar cerca de US$ 650 millones adicionales. “Por cada dólar que puso el Estado Nacional en la Ley Ovina se han generado US$ 6 adicionales”, remarcó. En total, el sector abarca cerca de 80.000 productores de ovinos, alrededor de 100.000 empleos a nivel nacional y un valor productivo estimado en US$ 457 millones (2018).

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