Acuerdo Mercosur-UE: un avance para ganar competitividad

29 de agosto, 2019

Por Javier Arana Subsecretario de Estrategia y Promoción Económica Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto

 

El Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea es un verdadero hito en el proceso de modernización de la economía argentina.

 

En las últimas dos décadas, el mundo atravesó profundas transformaciones con el surgimiento de China como potencia global y el incremento sostenido del comercio. Países desarrollados y en desarrollo, aprovecharon sus atributos comparativos y competitivos y desarrollaron ventajas dinámicas para consolidar el intercambio de bienes, servicios e ideas, con cadenas globales de valor cada vez más sofisticadas.

 

En el plano institucional, la comunidad internacional acompañó este impulso rubricando un conjunto de tratados comerciales que construyeron una arquitectura por sobre las reglas de la OMC para facilitar y fomentar aún más el comercio y las inversiones cruzadas.

 

En 1995 existían sólo 25 acuerdos bilaterales y regionales; en 2019 existen más de 300. Países como Chile, México o Perú fueron especialmente activos en la materia y gozan en la actualidad del acceso preferencial a mercados que representan cerca del 80% de la economía mundial.

 

En contraste, la Argentina, precursora de este proceso al impulsar la creación del Mercosur en los ’90, se mantuvo posteriormente casi al margen de esta integración con decisiones políticas que apuntaron en sentido contrario y nos llevaron a desaprovechar las oportunidades de la globalización. Hasta hoy, nuestros productos sólo tenían acceso en condiciones preferenciales al 10% de la economía global: América Latina, Egipto, Israel, Palestina, India y la Unión Aduanera de Africa Austral.

 

El Acuerdo Mercosur-UE es un avance sustancial y un punto de inflexión para nuestra política económica internacional. Nos permitirá recortar distancias con aquellos países que durante los últimos veinte años se beneficiaron con la integración al mundo y elevar el acceso preferencial a otro 22% de la economía global.

 

El proceso de negociación

 

Las negociaciones para alcanzar el acuerdo estuvieron signadas por recurrentes consultas a la sociedad civil y al Poder Legislativo. Los diferentes sectores tuvieron la oportunidad de expresarse y manifestar sus intereses en espacios de diálogo, mesas ejecutivas, reuniones con cámaras empresariales, presentaciones e informes en el Congreso, encuentros académicos, etcétera.

 

Los negociadores lograron mantener un delicado equilibrio entre la comunicación necesaria para nutrirse de opiniones, reclamos y propuestas, al tiempo que sostuvieron la reserva propia y usual de este tipo de negociaciones.

 

Seguramente el proceso de consulta seaperfectible. Los mecanismos de interacción entre el sector público y el sector privado se van construyendo con la experiencia. De seguro las lecciones aprendidas servirán para aceitar aún más los dispositivos de participación de todos los actores, Gobierno, sector privado y sociedad civil, involucrados en futuras negociaciones.

 

El contenido del Acuerdo

 

El Acuerdo Mercosur-UE permitirá la integración de dos bloques regionales que juntos representan un tercio del comercio global, un cuarto de la inversión extranjera directa y un mercado de 778 millones de habitantes.

 

La negociación permitió tener en cuenta las diferencias de desarrollo entre las partes. El Mercosur obtuvo un trato especial y diferenciado“a la carta”, que se plasmó en diferentes elementos del Acuerdo.

 

En ese sentido, el programa de liberación de aranceles es asimétrico. El Mercosur concedió plazos más extensos para la desgravación de aranceles de acceso a su mercado de lo obtenido para ingresar a la Unión Europea. El 60% de las importaciones comunitarias del Mercosur eliminarán sus aranceles recién a los diez o quince años desde la vigencia del acuerdo, lo que permitirá la adaptación de nuestros sectores a la nueva realidad. Por su parte, el 75% de nuestras exportaciones gozarán de libre acceso inmediato en la UE, y un 86% lo hará en menos de ocho años.

 

Además, se excluyó un importante conjunto de productos de alta sensibilidad que alcanzan al 9% de las importaciones del Mercosur, frente a menos del 1% que la UE excluyó de cualquier trato preferencial.

 

El Acuerdo prevé un mecanismo recíproco de salvaguardia bilateral por el cual se pueden suspender las preferencias arancelarias si las importaciones desde la UE causan daño a un sector o región del Mercosur.

 

Es importante considerar que los intereses argentinos no se limitan a una decena de productos. Nuestras exportaciones han mostrado complementariedad comercial con el mercado europeo en más de 300 productos (definidos a nivel de subpartidas). Se trata de bienes en los que Argentina tiene una oferta competitiva y la UE es una fuerte demandante. De ellos, en 288 casos hemos conseguido la liberalización total de aranceles para el ingreso al mercado comunitario.Las peras, limones, maní, camarones, arroz y otras mercaderías relevantes para nuestras economías regionales son algunos ejemplos.

 

Si bien es cierto que para algunos productos emblemáticos se obtuvieron cuotas de ingreso preferencial y no una liberalización completa, es igualmente cierto que quedaron cuotificados veinte productos, un número menor en comparación con los centenares de productos complementarios. Además, esas cuotas amplían mercados y/o mejoran las condiciones de acceso, como ocurre con la eliminación del arancel de la Cuota Hilton, son incrementales y brindan nuevos beneficios. A lo que se agrega un sistema de administración de dichas cuotas que prevé la intervención de los países del Mercosur, elemento atípico en las negociaciones comunitarias.

 

También el Acuerdo permite mantener el régimen de drawback y la admisión temporaria para importar insumos necesarios para la exportación. Se contemplan mecanismos para la eliminación de barreras no arancelarias, el tratamiento de normas sanitarias y fitosanitarias, la facilitación del comercio con mecanismos como la autocertificación de origen, plazos y protocolos que se traduzcan en menores costos y más oportunidades para nuestras empresas.

 

Se diseñaron reglas que garantizan que la desgravación arancelaria alcance únicamente a aquellos bienes producidos en la regiónteniendo en cuenta los patrones de producción y las realidades de abastecimiento en ambos bloques, evitando así la triangulación de exportaciones de productos elaborados en otros países que ya cuentan con acuerdos comerciales con la Unión Europea.

 

En materia de propiedad intelectual, Argentina podrá mantener sus actuales reglas de juego, en particular en relación con el acceso a la medicina y la salud pública.Nuestro país también preservó el sistema de compras públicas como política de desarrollo para beneficiar a las pymes.

 

El impacto positivo del acuerdo se reflejará en una gran variedad de sectores productivos. Por ejemplo, el Banco Mundial estima un efecto beneficioso en sectores como energías renovables, biodiésel, acero, y también en servicios profesionales, financieros y de comunicaciones, entre otros. En tanto que la Universidad de Manchester espera que el impacto también sea positivo en servicios vinculados a la recreación, los seguros y la salud, entre muchas otras actividades. Otros estudios de impacto prevén un crecimiento de las cantidades totales exportadas de hasta 7,4%,con un incremento en el sector de servicios de 11,6%, ambos por encima del incremento de 6% previsto en las importaciones. Tratados similares firmados con países latinoamericanos, como demuestra el caso de México, fueron determinantes en la recepción de inversiones que impulsaron las exportaciones industriales. En promedio, la inversión de origen europeo en países como Chile, Egipto, Argelia o Albania se multiplicó por ocho en la década posterior a la firma del tratado comercial con la UE.

 

La relevancia de las concesiones otorgadas por la Unión Europea se pone en evidencia en algunas reacciones posteriores a la firma del Acuerdo que se verificaron en Europa, en especial las críticas del sector agrícola europeo.

 

El contenido del acuerdo refleja a todas luces nuestra vocación de integración al mundo. Una integración global que no se contrapone a la integración regional que pretendemos, sino que la complementa. Brasil seguirá siendo nuestro principal socio comercial en una alianza estratégica que ahora se verá fortalecida. Pero es impensable pronosticar un escenario de crecimiento regional si regimos el futuro de nuestro comercio por el Arancel Externo Común (AEC), un instrumento definido en 1994, que requiere revisarse a la luz de los cambios estructurales de la economía global.

 

El timing del Acuerdo

 

Después de más de veinte años de negociaciones y de coordinar las agendas de los 32 países involucrados, resulta impensado creer que el cierre del Acuerdo se vincula al ciclo económico o electoral argentino, o que debía demorarse para esperar una coyuntura más favorable. En realidad, cualquier momento es bueno para cerrar un tratado de semejante relevancia y envergadura.

 

¿Es suficiente el Acuerdo Mercosur-UE para alcanzar el desarrollo? De ninguna manera, si bien contribuye a consolidar reglas claras de comercio, transparencia, cumplimiento de estándares internacionales y un clima propicio para la inversión, es sólo un elemento más para avanzar en las asignaturas pendientes del país en el proceso de ganar competitividad sistémica.

 

No hay tiempo que perder. En los últimos años, emergieron nuevas tendencias que obligarán, nos guste o no, a reconvertir nuestro sistema productivo. El ritmo de las transformaciones se aceleró a partir de la globalización del comercio de servicios, de las nuevas tecnologías disruptivas y de la revolución 4.0. Antes de lo que suponemos, la economía digital volverá estériles las discusiones comerciales basadas exclusivamente en la cuestión arancelaria. Permanecer cerrados e ignorar estas transformaciones sólo nos retendrá en el pasado, viendo una vez más pasar delante de nuestros ojos el tren del desarrollo.

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