Un superávit con maquillaje

15 de julio, 2019

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En el primer semestre de 2019, el resultado primario del sector público fue superavitario en 0,15% del PIB. Ingresaron $30.221 millones más de los que se gastaron. Eso contrasta con un resultado deficitario en igual período de 2018 de $105.825 millones o 0,7% del PIB. “Fue el primer semestre con superávit desde 2011”, destacaron desde Hacienda. A simple vista, el número parece importante.

 

Esa mejora de casi un punto del PIB, sin embargo, fue contrarrestada parcialmente por el resultado financiero: el pago de intereses creció 118,4% interanual y pasó de $145.362 millones hasta $317.423 millones. Creció 0,5% del PIB y pasó de 1% a 1,5%. “El aumento de la cuenta de intereses va a ser más moderada hacia adelante”, dijo Nicolás Dujovne, el viernes en la conferencia de prensa, y dijo que llegará a 3,2% del PIB.

 

Así, el resultado global del sector público (primario+financiero) fue deficitario en 1,3% del PIB o $287.202 millones en la primera mitad de 2019. Aun así, fue una mejora contra el rojo de 1,7% de igual período de 2017.

 

Los otros ingresos

 

Sin embargo, el dato contable que sorprendió a algunos analistas fue el aporte de los recursos de capital en el último mes del primer semestre que, como corresponde, fueron visibilizados por el Gobierno: fueron de nada menos que $64.572 millones.

 

  • Venta de la Central Térmica Ensenada-Barragán por $26.321 millones

 

  • Venta de la Central Térmica Brigadier López por $14.095 millones

 

  • Concesión de Aguada del Chañar por $4.180 millones

 

  • Además, hubo transferencias del FGS de la Anses para financiar la Reparación Histórica por $19.647 millones

 

Esos “ingresos de capital” fueron clave para que los recursos pegaran un salto de 69,4% en junio y llegarán a $373.618 millones, 32 puntos por encima del crecimiento de los gastos (37%). Interanualmente, crecieron 33.478,5% porque pasaron de US$ 192 millones a los casi $65.000 antes citados.

 

“Sin esos recursos, igual se hubiera cumplido la meta fiscal”, añadió Dujovne. “Sobrecumplimos la meta fiscal en $47.498 millones”, dijo el ministro. Con ajustadores (o waivers), el déficit permitido era $17.000 millones. Dujovne agregó: “Llevamos veinticuatro meses con los recursos fiscales creciendo más que los gastos”. También destacó la baja de la deuda flotante. “Es la más baja desde 2018 y no estamos escondiendo basura debajo de la alfombra”, graficó. Aun así, expresó que “falta” para sanear fiscalmente a Argentina, “pero ya hemos avanzando en el camino”.

 

 

Otras lecturas

 

“Sin esos recursos, el resultado acumulado durante el primer semestre habría sido deficitario en $ 16.400 millones”, dice Gabriel Caamaño Gómez desde Consultora Ledesma, en referencia a las centrales y la concesión. En su cálculo excluye las transferencias del FGS porque se aplican a un gasto extrarordinario. En un informe, detalló que los ingresos de capital del primer semestre de 2019 se multiplicaron en más de 30 veces en relación con los de mismo período de 2018.

 

Las retenciones (o DEX) también jugaron un rol clave. “En particular, los DEX aportaron $ 139.109 millones durante el primer semestre de 2019. Más de cuatro veces que en igual período de 2018 o $ 108.535 millones más. En consecuencia, explicaron por sí mismos un cuarto del incremento de los ingresos tributarios y un quinto del incremento de los ingresos primarios del sector público”, detalla Caamaño. Según el Gobierno, tienen fecha de expiración (teórica, cuanto menos) en diciembre de 2020. ¿Será así?

 

“Hay una disminución del déficit fiscal, pero no tan grande como se publicita”, dice Francisco Eggers (UNLP). “Si excluimos de los ingresos la transferencia del FGS, que conceptualmente no es un recurso que disminuye el déficit, sino que lo financia a partir de la disminución de activos financieros preexistentes, el déficit aumenta 22% nominal. Como proporción del gasto, en el semestre baja del 17% de 2018 a 15% en 2019 y, sin incluir los ingresos extraordinarios provenientes de las privatizaciones de las centrales térmicas, estamos en 17% también en 2018”, agrega el profesor de Finanzas Públicas de la UNLP.

 

La tendencia

 

Según Caamaño, “las metas fiscales se siguen cumpliendo (y eso) es un dato positivo indiscutible”. Aunque, aclara, “el cumplimiento no es tan holgado como se comunica cuando no se toman en cuenta ingresos extraordinarios”. Además, agrega que el margen adicional de maniobra en el frente fiscal es limitado de cara al segundo semestre. Por último, agrega: “La mayor parte del esfuerzo de consolidación fiscal de 2019 viene por el lado de los ingresos y, en el caso de los tributarios, de las retenciones. En tanto, que la reducción del gasto primario aporta una porción menor”.

 

Según los números oficiales, el gasto real cayó 13% interanual en el primer semestre de 2019. Además, el gasto primario, como porcentaje del PIB, terminaría 2019 en 18,7%, más de cinco puntos debajo del pico de 2015: 24%.

 

Desde LCG apuntan: “Seguimos creyendo que al Gobierno le será difícil alcanzar un resultado primario equilibrado en 2019. Estimamos un déficit primario en torno a 0,8% del PIB, que incluso supera el margen habilitado por los ajustadores del gasto social y de capital otorgados por el FMI en la revisión de abril del Staff Report: 0,5% del PIB de manera conjunta”.

 

Más allá de 2019

 

“¿Se puede llegar al equilibrio fiscal este año y superávit en 2020?”, preguntó ayer el diario Clarín al economista Oscar Cetrángolo (IIEP). “No lo veo. El déficit primario (de 2019) será algo mayor de 1% del PIB y el año que viene habrá reducción de impuestos en Ganancias, aportes, contribuciones y retenciones. También habrá un aumento del gasto por la movilidad previsional ante una eventual caída de la inflación”, señaló e, incluso, agregó que “si no se revierte esa baja de impuestos y no se hace algo con el sistema previsional, la situación fiscal en 2020 se deteriorará”.

 

En diálogo con El Economista, Eggers agrega: “La situación fiscal no puede darse por consolidada, en una economía con más de 50% anual de inflación y una contracción del consumo privado que en el primer trimestre del año fue de 10% anual. La economía debe normalizarse en algún momento, y eso implicará una baja de la inflación, que aumentará el gasto previsional en términos reales y una reversión de la recesión, que debería mejorar la recaudación fiscal. El efecto sobre las cuentas fiscales depende de cómo ocurra la mezcla de ambas cosas. La modificación estructural más importante del gasto público es el aumento de los pagos de intereses, debido al mayor endeudamiento. La baja en el gasto previsional es coyuntural, producto de la aceleración de la inflación en el marco de un sistema que indexa con retraso. En cuanto a los recursos, hubo un aumento de la presión tributaria, principalmente por mayores retenciones a las exportaciones y algunas disminuciones, por ejemplo, en Ganancias sobre empresas, pero los aumentos son coyunturales y las disminuciones son permanentes”.

 

A su vez, concluye: “De no haber un ‘rebote’ muy fuerte en la actividad económica, que logre que aumenten los ingresos fiscales sin subir la presión tributaria legal, es muy difícil decir ‘ya se ha hecho toda la consolidación fiscal que hacía falta’, teniendo en cuenta que el año que viene ya no se tendrá disponible la magnitud de recursos del FMI con que se contó el año pasado y se está contando en 2019”.

 

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