Muchos inversores comienzan a desensillar hasta que aclare

22 de julio, 2019

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Por Luis Varela 

 

Con las economías principales del planeta insinuando que el mundo va a un ciclo con menor crecimiento, está ganando espacio en casi todas las plazas financieras la idea de que vamos a un período con tasas de interés más bajas en todas partes.

 

Desde una posición con altas apuestas por las posiciones riesgosas, los inversores van rotando hacia decisiones más cautelosas, con muchos tenedores de fondos saliendo del área dólar y por supuesto abandonando carteras en acciones, tras subas que han marcado récords históricos.

 

Todo eso contribuyó a que la semana pasada las bolsas cayeran en todas partes: la Bolsa de Chile tuvo una merma del 0,2%, San Pablo perdió 0,4%, Frankfurt bajó 0,5%, Nueva York y Tokio declinaron 1%, Madrid estuvo 1,3% abajo, México descendió 2,4% y la Bolsa de Buenos Aires fue claramente la peor de todas, con un desplome semanal del 6,1%.

 

En el mercado local hay algunas bajas pronunciadas, como por ejemplo Rigolleau, ByMA, Juramento, Macro, Semino o Bodegas Esmeralda, ya que todas caen más del 10% en lo que va de julio.

 

Pero, atención, este gran recorte de precios no es exclusivo del mercado argentino: la acción de Netflix, que rozó los US$ 382 en la apertura de este mes en Nueva York, cerró el viernes a US$ 315, por lo que acaba de sufrir una caída de casi 18%.

 

Y, en contraposición a esa salida de inversores, los bonos suben en todas partes. En lo que va de este mes los títulos públicos suben incluso en esta debilitada Argentina: ganan 1,4% en julio, a pesar de un retroceso en los últimos días.

 

La compra casi compulsiva de bonos llega a tal punto que los mercados entran en una verdadera rareza: los títulos estatales de algunos países están siendo comprados a pesar de tener “valores contado” superiores a los “valores de vencimiento”.

 

¿Cómo es esto? Veamos: Si una persona compra hoy un bono estatal suizo en francos suizos pone 100 hoy y cobra una tasa anual negativa (-0,66%) en el proyectado de los próximos diez años. Si se compra un bono de Alemania, en euros, la tasa es del -0,33% anual. Y se compra un título de Japón, en yenes, la tasa es del -0,21%.

 

Con este clima global, en Argentina, con la elección presidencial por venir, la posición cautelosa se agudiza. Muchos inversores salen del peso: compran dólares, los colocan en cajas de seguridad o los mandan al exterior comprando papeles extranjeros.

 

La corriente compradora de dólares hace que el precio del billete haya reaccionado, a pesar de que el BCRA y el Tesoro gastan una montaña de deuda para mantener al dólar artificialmente quieto. En la semana que acaba de terminar, el Central vendió dólares en el mercado de futuros y el Tesoro los liquidó en el mercado contado.

 

Operadores de la city aseguran que entre el BCRA y el Tesoro se desprendieron de US$ 1.500 millones en la última semana, y a pesar de eso el billete saltó de $ 42,85 a $ 43,62 en el canal minorista oficial, de $ 43,25 a $ 43,95 en el blue y de $ 41,60 a $ 42,42 en el mayorista.

 

Por eso, a tres semanas de las primarias, a catorce de la primera y a dieciocho del eventual balotaje, los inversores están iniciando un gran pulso de decisiones, calculando quien puede ganar. La sensación es que los K están arriba, con casi 42% de los votos, pero que tienen un techo, y que el oficialismo está acercándose, en la zona del 38%.

 

Con la moneda en el aire, la gran duda está en que los enojados con Macri, que son muchos, terminen votando en blanco, y que los K se acerquen al 45% y puedan ganar en primera vuelta, lo que convierte a la elección en una pelea con final completamente abierto.

 

Por eso, las carteras de los inversores que escriben con letra fina empiezan a dividirse en dos partes: “si ganan los K vamos a un escenario con dólar en alza, bonos en baja y caída de acciones de servicios públicos y de ADR, pero con de mejora para las empresas que viven del mercado interno”.

 

Pero si en definitiva terminan ganando Juntos por el Cambio, la Bolsa de Buenos Aires podrá subir algo, los bonos estarán sostenidos, el dólar también subirá, pero menos, y el camino por delante todavía permite 120 días más sacándole jugo a la tasa en pesos.

 

Eso sí, el día después de la elección, cambiará todo. El Fondo Monetario Internacional dejará de tirarle soga y soga a Argentina, y empezará a exigir lo que debe hacerse: es decir, cortar el gasto, para que haya superávit fiscal, incluso con el pago de la deuda.

 

Ese esfuerzo poselectoral, que tendrán que dirigir Macri o los Fernández, deberá extenderse hasta que el mercado se convenza de que no habrá default, y que los inversores globales vuelvan a prestarle dinero a Argentina de manera voluntaria.

 

Pero más allá de lo que pueda ocurrir de ahora en más, debe entenderse que el mercado de deuda voluntaria ya se abrió. A lo largo de los últimos treinta días hubo cuatro colocaciones de deuda que así lo atestiguan: la petrolera YPF colocó un bono a 10 años por US$ 500 millones con una tasa del 8,875% anual. La también petrolera Pampa Energía emitió una ON a 10 años por US$ 300 millones pagando 9,375%. Telecom Argentina captó US$ 400 millones a 7 años con una tasa del 8% anual. Y finalmente YPF Luz obtuvo US$ 400 millones a 7 años con una tasa del 10,25% anual. Pero en todos los casos las ofertas, el dinero que quedó afuera, casi duplicó a los fondos efectivamente colocados. Por eso, esta semana debutará la petrolera Vista, creada por el ex YPF Miguel Galuccio, que saldrá a recolectar dinero en Nueva York, para ser utilizado en la extracción de gas y petróleo en Vaca Muerta.

 

Todas esas tasas pagadas por esos bonos estuvieron bastante en línea con el riesgo país de Argentina. Hace algunas semanas ese indicador llegaba a 1.013 puntos (en su valor máximo desde enero de 2014), pero como Macri descontó algún terreno en las encuestas ahora bajó hasta 771 puntos hace una semana y 783 puntos el viernes.

 

Con ese contexto, a pesar de que aparecen chances de reelección de Macri, va ganando terreno en el mercado local un escenario cauteloso, en el que los inversores parecen creer que hay más para perder que para ganar, al menos en el corto y mediano plazo.

 

Esta gran ciclotimia en la que están envueltos los que viven en este país convierte a los argentinos en unos de los inversores menos pacientes del planeta, ya que mantienen sus ahorros en la misma posición menos tiempo que el resto, y esperan ganar mucho más.

 

Según una encuesta realizada en 32 países por Schroders, una firma líder en la gestión de inversiones, “en promedio, los inversores globales mantienen sus inversiones (excluyendo pensiones y propiedad) durante 2,6 años, cuando el período recomendado por los administradores de fondos es de 5 años. Inversores de Japón, Estados Unidos y Canadá mantienen sus posiciones por 4 años, pero los argentinos las mantienen por sólo 1,3 años.

 

Y ahora, según empieza a verse con gran claridad, con candidatos poco atractivos como Macri o los Fernández en puerta, la idea de los inversores locales parece ser desensillar hasta que aclare. Es decir: salir de posiciones argentinas, y colocarse afuera o en cajas de seguridad, en moneda dura, o en bonos de empresas globales. Esa parece ser la mejor opción para muchas cabezas.

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