Lavagna, sin lugar en un tablero incómodo

22 de julio, 2019

Por Néstor Leone

 

Jugó fuerte para convertirse en el candidato de consenso de la oposición no kirchnerista, en el único referente del heterogéneo y amplio (en teoría, por lo menos) espacio crítico tanto del Gobierno como del Frente para la Victoria. Y se mantuvo intransigente en las negociaciones previas con potenciales socios políticos. Logró finalmente ser candidato y ubicarse como tercera opción, sí. Pero en un escenario muy distante del que hubiese deseado. Sin encontrarle la vuelta a una campaña que no termina de arrancar y en los márgenes de una polarización que le quita visibilidad y le retacea interlocutores.

 

Su discurso se asienta, hasta aquí, en dos ejes discursivos. Por un lado, la necesidad de que el país salga de la “grieta”, como expresión social de esa polarización creciente. Por el otro, proteger a las economías regionales y a las pymes, como forma de restablecer el entramado productivo para salir de la crisis. La primera, por cierto, es una apelación política que es leída como un gesto de buena voluntad, sin las herramientas en mano para hacer demasiado. Respecto de la segunda, sus intervenciones son leídas como las de un técnico (o funcionario exitoso, en su momento) que no encuentra anclaje en la disputa realmente existente.

 

Los tiempos, de alguna manera, le juegan en contra. Un mal arranque en las PASO o una performance módica puede contribuir a que quede más debilitado en el camino a las generales. Sin revanchas posibles. La mayoría de los sondeos de opinión lo ubican por debajo de los 10 puntos y algunos de ellos más cerca del también economista José Luis Espert en la
pelea por el tercer lugar. Si esto se expresa en las urnas de esta forma, Lavagna estaría más cerca de perder parte de ese caudal que ganar terreno entre indecisos o votantes de otras opciones. Más aún si lo que se observa como posible es la chance de que una de las opciones en disputa pueda llegar a ganar sin necesidad de un balotaje.

 

La ausencia de un armado acorde para enfrentar una elección presidencial con pretensiones no agrega incentivos para una buena performance. Salvo su compañero de fórmula, el salteño Juan Manuel Urtubey, no hay gobernadores encolumnados detrás de su precandidatura. La semana pasado tuvo su encuentro con el cordobés Juan Schiaretti, pero no llegó provisto más que de formalidades. Lavagna esperaba que tras su reelección, el mandatario mediterráneo fuera su elector y estratega, cuestiones que estuvieron lejos de concretarse.

 

En tanto, el resto de los gobernadores oscila entre el prudente silencio y la apuesta por la fórmula del Frente de Todos. En su reemplazo Lavagna sumó dirigentes sin estructura, algunos de ellos sin prestigio social o político y con improntas contradictorias. Sumado a esto, Consenso Federal tendrá dificultades para asegurar una fiscalización eficaz, incluso en lugares considerados clave.

 

Por último, que no se haya profundizado la crisis cambiaria le quitó las posibilidades de ganar terreno entre votantes desencantados del macrismo, una de sus apuestas. ¿Podrá torcer el rumbo en las tres semanas finales de campaña? Es la pregunta, sin respuesta, que se hacen cerca del economista.

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