Del futuro del trabajo al futuro de la formación profesional

24 de julio, 2019

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Por Luca Sartorio (*)

 

El futuro del empleo volvió al centro de la escena de la discusión académica y la gobernanza global. Si bien el cambio tecnológico y la acelerada automatización no incrementaron los niveles de desempleo en los países que se encuentran en la frontera tecnológica mundial, condujeron a la polarización del mercado laboral con una importante caída de ocupaciones de ingreso medio, generando tanto una mayor desigualdad al interior de la fuerza de trabajo como entre empleados y empleadores.

 

A su vez, el desarrollo de tecnologías digitales permitió la fragmentación global de las cadenas de valor, posibilitando la coordinación y el monitoreo de actividades a distancia y brindándole la posibilidad a trabajadores de economías en vías de desarrollo de ofrecer sus servicios al mundo. De esta forma, un programador en Nueva Delhi, un operario industrial en Beijing o el personal de servicios de atención al cliente en México DF compiten directamente con sus contrapartes de París, Nueva York o Berlín.

 

Por último, a estas disrupciones se le añaden los desafíos del cambio demográfico que comienza a ser una amenaza para muchos mercados laborales y sistemas de protección social. Ante el envejecimiento de la población, la seguridad social requiere cada vez de más financiamiento de su fuerza de trabajo mientras que cuenta cada vez con menos población activa que logre adecuarse exitosamente a la permanente reconfiguración de las ocupaciones y sus cambiantes demandas de habilidades.

 

Por el envejecimiento de la población, la seguridad social requiere más financiamiento de su fuerza de trabajo mientras que cuenta cada vez con menos población activa que logre adecuarse exitosamente a la permanente reconfiguración de las ocupaciones

 

En efecto, la agenda laboral es en la actualidad una preocupación central tanto de la investigación académica como de la política pública: quizás el mejor indicador de este interés sea la elección del futuro del trabajo como tópico central de reuniones recientes del G20 y el Foro Económico Mundial. Sin embargo, esta agenda de investigación tiende a centrarse fundamentalmente en el diagnóstico de las disrupciones mencionadas, pero no tanto en el diseño de soluciones efectivas.

 

La importancia de generar un capital humano calificado en cualquier estrategia de desarrollo productivo es insoslayable. Independientemente de la importancia medular de la educación y la intervención en edades tempranas, contar con una red efectiva de formación profesional es una necesidad fundamental para cualquier mercado de trabajo dinámico e inclusivo. Los estados nacionales destinan importantes recursos fiscales para la generación de programas de capacitación con el objetivo de reducir los niveles de desempleo, incrementar los ingresos laborales y facilitar la adopción de nuevas tecnologías que generen un salto de productividad de la economía en su conjunto.

 

Sin embargo, también suelen contar con poca evidencia que los oriente en el diseño de respuestas de política efectivas y sirva para responder preguntas clave. ¿Cómo generar más empleo de calidad? ¿Cómo mejorar la productividad y el salario de los trabajadores? Profundizar en esta agenda es indispensable, no sólo por la importancia de estos desafíos sino por la dificultad para implementar exitosamente este tipo de políticas. Coordinar la oferta de capacitación, tanto pública como privada, es un desafío formidable para las capacidades de la administración gubernamental por tres razones fundamentales.

 

En primer lugar, garantizar una oferta de formación de alcance nacional requiere coordinar a un amplio número de docentes y capacitadores de todo el país.

 

En segundo lugar, a diferencia de otras políticas que también requieren organizar a un amplio conjunto de agentes, al construir una red público-privada de formación profesional resulta especialmente difícil monitorear y evaluar a dichos agentes. Mientras que en una campaña de vacunación deben seguirse procedimientos explícitos, fácilmente definibles y de efectividad comprobada, no existe una forma indiscutible para enseñarle a armar un plan de negocios a un microemprendedor en zonas rurales. La ausencia de un recetario mecánicamente reproducible requiere inevitablemente que el docente cuente con un alto grado de discrecionalidad para realizar la tarea, dificultando su evaluación y monitoreo.

 

Si bien el cambio tecnológico y la acelerada automatización no incrementaron los niveles de desempleo en los países que se encuentran en la avanzada tecnológica mundial, sí condujeron a la polarización del mercado laboral

 

Por último, la ausencia de protocolos estandarizados también dificulta el diseño de un esquema de incentivos orientado a resultados. Ante la ausencia de métricas de cumplimiento estandarizadas que determinen la remuneración de los proveedores y su continuidad en el sistema, se diluye la motivación por mejorar la performance de los cursos y docentes.

 

Buscando aportar evidencia empírica ante estos desafíos y potenciar el impacto de las instancias de formación profesional, desde el Centro para la Evaluación de las Políticas basadas en la Evidencia (CEPE) de la Universidad Di Tella, coordinamos junto a Martín Montané el proyecto “Qué Funciona”.

 

La iniciativa buscó consolidar las lecciones y los resultados de más de 100 políticas laborales a nivel global analizadas mediante evaluaciones de impacto de alta rigurosidad metodológica. La revisión abarcó entrenamientos laborales, capacitaciones y financiamientos a trabajadores independientes o microemprendedores, subsidios salariales e incentivos de contratación o servicios de asistencia en la búsqueda de empleo. A través de esa investigación se construyó una base de datos pública y disponible online que se irá actualizando permanentemente.

 

La base sintetiza mediante una caracterización estandarizada el diseño, la implementación y el impacto analizado en las evaluaciones en las distintas poblaciones de interés, documentando los distintos impactos de estas políticas entre hombres y mujeres, jóvenes y adultos o trabajadores de distinto ingreso y calificación. Esto es de particular interés ya que una misma política puede tener impactos muy distintos según el contexto particular en el que se ejecuta, la población objetivo a la que apunta o características específicas de su implementación. La misma estará a disposición para su descarga y su uso por parte de la comunidad académica y hacedores de política.

 

Resolver estos dilemas no es trivial y multiplicar estas iniciativas resulta fundamental para avanzar en la generación de herramientas que mejoren la efectividad de las políticas laborales. Un mercado de trabajo inclusivo, dinámico y productivo está en el centro de cualquier estrategia de desarrollo. El debate por el futuro del empleo es bienvenido y presenta una problemática que debemos atacar de forma activa y rigurosa de cara al futuro, instrumentando un diagnóstico completo y promoviendo soluciones efectivas. Avanzar en el desarrollo de herramientas que orienten el diseño y la implementación de políticas de formación profesional es un desafío tan complejo como fundamental.

 

(*) Licenciado en Economía (UBA) y Maestrando en Finanzas (UTDT). Coordinó del Programa Futuro del Trabajo y el proyecto “¿Qué funciona?” del Centro para la Evaluación de Políticas basadas en la Evidencia (CEPE) de la Universidad Torcuato Di Tella. Actualmente se desempeña en la Secretaría de Transformación Productiva del Ministerio de Producción y Trabajo. La columna fue publicada originalmente en el nuevo libro de Argentina 2030.

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