Ciclotimia en los precios a dos semanas de las PASO

29 de julio, 2019

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Por Luis Varela

 

En línea con lo que viene ocurriendo desde marzo de este año, el Gobierno – con ayuda del Fondo Monetario internacional– está manteniendo una gigantesca pulseada entre el precio del dólar y las tasas de interés en pesos, buscando dos objetivos muy claros: que la inflación se coloque en un plano descendente y que el presidente Macri pueda conseguir su reelección.

 

Este tira y afloje de los precios, con variaciones que dejan con la boca abierta a los consumidores que ponen la lupa sobre las góndolas, con por ejemplo productos de la misma marca y el mismo formato que se venden a $ 240 en un supermercado y a $ 160 en el supermercado que queda a treinta metros, está generando en los inversores una ciclotimia que ya vimos muchas veces en la historia argentina.

 

Por supuesto, todo el tablero de cotizaciones es afectado en estos días por dos factores bien precisos: los indicadores económicos en sí mismos (internos y externos) y las perspectivas de las futuras elecciones, sobre todo ahora que estamos a menos de dos semanas de las PASO, por lo que queda un sprint final de 300 horas.

 

En este contexto, está muy claro que los inversores piensan que en la votación se enfrentan a dos modelos alternativos (con total independencia de los nombramientos de Fernández y Pichetto), con muchos tenedores de dinero esperando seguir contando con una conducción que esté vinculada al comercio internacional, y con mucho miedo a las políticas intervencionistas del pasado.

 

Pero como venimos de dieciocho meses con evolución económica decreciente, empantanada, con pérdida de empleo y con mucha gente sufriendo, la situación general se le puso cuesta arriba al Gobierno, y el plano general se inclinó con muchos votos que están decididos a ir en contra.

 

En algún sentido, el sistema cambiario que se había acordado el año pasado con el FMI (bandas amplísimas y no intervención) perjudicó muchísimo a la economía (dolarizada) y hace dos meses – cuanto se dejaron las bandas y se autorizó la intervención– los indicadores económicos comenzaron a cambiar, por lo que también comenzó a subir la aceptación del Gobierno, y últimamente le dio un impulsó a los bonos y a las acciones.

 

Pero ahora, en el sprint final, cuando la población está por subir o bajar el pulgar, un cúmulo de inversores está decidiendo desensillar hasta que aclare. Sin vueltas, está cancelando operaciones de tasa de interés, vendiendo bonos argentinos, y abandonando posición en acciones locales, compran dólares, y se van a cajas de seguridad, o directamente transfieren sus fondos a cuentas externas, con la intención de dejar pasar la elección y ver qué es lo que se decide.

 

Para enfrentar esa creciente salida de dinero, el Banco Central dio vuelta la taba: volvió a subir las tasas de interés de manera consistente. Hasta la semana anterior los plazos fijos pagaban 46% de tasa mínima y 49% de tasa máxima. Y el viernes las entidades pagaron 49% por plata chica y 53% anual por plata grande. Por supuesto, esta suba de intereses fue impulsada por las autoridades de turno. Con una inflación pasada de más del 50% anual y una inflación futura que se acerca al 40%, Guido Sandleris acercó las Leliq hasta casi 60% anual y el Tesoro colocó Letras pagando casi 60% con vencimiento antes del hipotético balotaje y pagando casi 65% anual con vencimiento en mayo del año entrante, cuando el Presidente elegido en la próxima elección tenga que empezar a pagar las cuentas de todo el estropicio electoral.

 

Este salto en las tasas de interés logró frenar el galope del dólar. El billete mayorista había cotizado a $ 41,60 el viernes 12 de julio, pero a partir de ahí fue escalando: subió 4,2% en las nueve ruedas siguientes, marcando un máximo de $ 43,37 el jueves y luego, el viernes pasado, con tasas en las nubes, retrocedió apenas 2 centavos, hasta $ 43,35.

 

Y en ese mismo tramo los dólares minoristas, oficial y blue, también tuvieron una gran suba y un mínimo pasito atrás el viernes. El minorista había subido de $ 42,85 a $ 44,56 y el viernes cedió a $ 44,51 (apenas 5 centavos). Y el blue viajó de $ 42,90 a $ 44,95, y el viernes ni se movió, a pesar de tasas mucho más calientes.

 

El viernes,mientras el dólar cedía apenas con tasas de hasta el 65% anual, los bonos avanzaron y las acciones resucitaron, con el mayor volumen diario en dos semanas (los negocios se habían arrastrado con $ 500 millones por rueda, y el viernes hubo más de $ 1.000 millones operados). Y con muchos inversores preguntándose si puede tener vida este aleteo.

 

Debe entenderse que con una inflación proyectada del 40% anual y con tasas que están en el 53% en plazos fijos y en el 65% en letras del Tesoro, el peso argentino fue la semana pasada la peor moneda de todas. Entre el viernes de la semana anterior y el viernes pasado el billete verde subió en todas partes menos en China, y el peso argentino fue largamente el peor de todos. En la variación de la última semana, el dólar subió 2% en Argentina, trepó 1,2% contra el franco suizo, 1% contra la libra esterlina y el peso chileno, 0,9% contra el yen, 0,8% contra el euro, 0,7% contra el real y tuvo variación 0% contra el yuan.

 

Lo notable del caso es que, mientras la pulseada entre el dólar y las tasas sigue más viva que nunca, a 300 horas de las PASO, los bonos y las acciones de Argentina ganaron algún precio. Los títulos públicos medidos en dólares mejoraron 1,2% la semana pasada, con grandes diferencias entre todas las especies. Y la Bolsa de Buenos Aires fue la mejor de todas.

 

Punta contra punta, es decir comparando el cierre de la semana pasada contra el de la anterior, la Bolsa porteña trepó 4,5% en pesos y 2,4% en dólares, cuando la de Frankfurt mejoró 1,3%, la de Nueva York avanzó 1,2% (pero con gran diferencia, ya que el Nasdaq creció 2,3% y el Dow Jones subió sólo 0,1%), Tokio trepó 0,9% y Madrid 0,6%. Y después, de manera preocupante, las tres principales bolsas de América Latina estuvieron en rojo: San Pablo declinó 0,6%, Santiago de Chile retrocedió 1,5% y México se desplomó 2,2%.

 

A partir de hoy la ciclotimia seguirá mandando en los precios. A medida que vayan apareciendo encuestas, habrá más inversores de salida o ratificando sus posiciones, todo con grandes variaciones en las cotizaciones, con riesgo de elevar o derribar fortunas familiares. ¿Qué hacer frente a esta situación? Lo más sensato es repartir huevos en diferentes canastas, pero sin olvidar a Anthony Rothschild (1810-1876), cuyo lema era comprar cuando todos vendían y vender cuando todos compraban.

 

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