Un ajuste poco virtuoso: las exportaciones caen en 2019

24 de mayo, 2019

exportaciones importaciones intercambio comercial

Por Alejandro Radonjic

 

La secuencia del ajuste comercial virtuoso debería ser la siguiente: una economía con un déficit elevado (y sin posibilidades de financiarlo por otras vías) devalúa; bajan las importaciones y suben las exportaciones y, por último, regresa el superávit comercial.

 

Argentina está en ese trance, pero con una pata que falta: la suba de las exportaciones. Los números del Intercambio Comercial de Argentina (ICA) del Indec así lo muestran: en abril, hubo un superávit considerable (US$ 1.131 millones), pero se debió casi exclusivamente al desplome importador. En rigor, las compras al mundo se derrumbaron 31,6% y las exportaciones apenas avanzaron 1,7%. Poco y nada.

 

 

Mirar los precios y cantidades invita a una lectura algo más optimista, porque si bien las exportaciones, medidas en valor, aumentaron apenas 1,7%, las cantidades crecieron 10,3%. Aun así, son números bajos en relación con el salto cambiario de 2018.

 

En abril, las exportaciones de productos primarios subieron 18,8% (29,5% en cantidades) y 2,9% las de combustibles y energía (2,9% en cantidades) mientras que las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) y las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) subieron en cantidades, pero bajaron en dólares porque los precios jugaron en contra.

 

En el otro lado del mostrador, hubo bajas no menores en todos los rubros y el que más cayó, con 69,7%, fue el de vehículos automotores y de pasajeros.

 

En el acumulado del primer cuatrimestre, las exportaciones caen 1,2% (US$ 19.491 millones); las importaciones se reducen 28,9% hasta US$ 16.345 millones y el saldo comercial acumula US$ 3.147 millones.

 

El dato  El balance comercial de abril fue superavitario por octavo mes consecutivo y en el acumulado del primer cuatrimestre hubo un superávit de US$ 3.147 millones. “Fue el más alto para un primer cuatrimestre desde 2012”, dijeron fuentes del Ministerio de Hacienda ante El Economista. “El balance comercial energético de abril fue deficitario en US$ 103 millones, pero en el primer cuatrimestre del año suma un superávit de US$ 72 millones, el más alto para un primer cuatrimestre desde 2012”, dijeron y agregaron que, pese al 1,7% de suba de las exportaciones, “eso estuvo muy influido por los precios (dado que) todos los rubros crecieron medidos en cantidades, excepto las energéticas”.

 

Las proyecciones

 

“Producto de la crisis cambiaria del 2018, el Poder Ejecutivo podrá mostrar una mejora significativa en el frente externo: el encarecimiento relativo de los bienes externos –avance de la competitividad cambiaria– y el deterioro de la demanda local, que golpea a las importaciones y alienta a las exportaciones (menores ventas internas que obligan a la búsqueda de nuevos mercados), se traduce en una recuperación del superávit comercial que se había perdido en 2017 y 2018. En ese marco, proyectamos que el saldo comercial rondará US$ 10.000 millones, alcanzando un pico desde 2012. Este avance se explicará tanto por una recuperación de las exportaciones, impulsadas por una cosecha gruesa récord, como por un deterioro de las importaciones, resultado de la recesión y la depreciación del peso. De esa forma, las necesidades de divisas estarán más que cubiertas por esta vía, aportando dólares comerciales en momentos de necesidades financieras”, dicen desde Ecolatina.

 

“Se espera que en los siguientes meses la caída en las importaciones se mantenga o disminuya levemente mientras que la principal tracción vendrá por el lado de las exportaciones. Ya comienza a evidenciarse la mejora de la cosecha en el comercio exterior, pero habrá que seguir de cerca el precio de la soja, dado que podría impulsar hacia abajo las exportaciones en términos de precio”, dijeron desde LCG. “La guerra comercial latente entre Estados Unidos y China y la mayor producción de soja por parte de la potencia americana mantienen las dudas alrededor del precio de la oleaginosa. A su vez, el bajo crecimiento de Brasil siembra otro manto de dudas sobre la recuperación de las exportaciones”, agregaron.

 

¿Qué proyectan? “Para 2019, debido a la dureza de recesión, corregimos nuestra proyección de importaciones a la baja (US$ 58.000 millones, es decir, -11% interanual), lo que incidiría positivamente sobre saldo comercial. Esperamos US$ 13.000 millones en la balanza comercial. Sería el mejor saldo desde 2010”, agregaron.

 

Por último, desde ACM dijeron: “Con un tipo de cambio real cercano a los niveles actuales y una actividad económica con escaso dinamismo para los próximos meses, esperamos que las cantidades importadas continúen su dinámica actual. De todas formas, la clave para el 2019 pasa por el comportamiento del volumen exportado. En este sentido, esperamos un nivel de liquidaciones del agro ampliamente superior a las del 2018, que sería acompañado por un nivel de exportaciones de combustible y energía también más elevados, dadas las expectativas de crecimiento de la producción en Vaca Muerta. El primer cuatrimestre del 2019 comienza de forma muy diferente a lo que supo ser el comienzo del año pasado. Devaluación y caída de la actividad mediante el primer cuatrimestre lleva acumulado un superávit de US$3.146 millones, mientras que en el primer cuatrimestre del 2018 el balance arrojaba un déficit de US$3.260 millones, lo que implica una mejora nominal de US$6.406 millones”.

 

La lectura macro

 

“Es el tema de siempre. Para que las exportaciones reaccionen de verdad, tenés que señalar que el tipo de cambio competitivo va a durar. Es clave porque solo podremos crecer sostenidamente en la medida en que lo hagan las exportaciones, pero por ahora el Gobierno está pisando la economía para generar los dólares que la cuenta capital necesita. Estás haciendo un rebalanceo macro bajo el FMI y eso nunca es fácil. Tampoco podés crecer a través del consumo, que no puede ‘cortarse solo’ y debe seguir al PIB”, dice el economista Ramiro Albrieu (Cedes).

 

“En dos años más vamos a estar hablando de las complicaciones del sector público para comprarle el superávit comercial al sector privado por la inercia inflacionaria que eso genera dado que el BCRA debe emitir pesos para hacerlo. El Gobierno va a tener que enfrentar vencimientos sin el auxilio del FMI y, entonces, tiene que comprar los dólares que le sobran al sector privado que, restada la fuga de capitales, es el superávit comercial. Para eso, el tipo de cambio real tiene que ser alto, pero además el BCRA tiene que emitir y eso da inercia a la inflación”, dice Albrieu ante El Economista.

 

Dejá un comentario