Trump frente a China y las elecciones 2020

30 de mayo, 2019

trump y xi mercados

Por Héctor Rubini  Universidad del Salvador

 

Luego de la gira por Japón, el presidente Donald Trump parece cobrar nuevo impulso para profundizar la actitud ofensiva de su gestión. Los resultados hasta ahora son mejores que lo esperado. La economía real y el empleo crecen sin prisa, pero sin pausa, la guerra comercial con China todavía no le ha traído disgustos serios, y el camino hacia la reelección de 2020 no parece mostrar grandes dificultades. Además ayer renunció al Departamento de Justicia el fiscal especial Robert Mueller, a cargo de la investigación sobre las supuestas interferencias del gobierno ruso en las elecciones presidenciales de 2016, las cuales no pudieron ser probadas. De esta forma, se cierra toda posible audiencia pública ante el Congreso, que intentó concretar el Partido Demócrata como primer paso para intentar un (improbable) juicio político a Trump, y dar inicio a una potente campaña electoral.

 

Mientras tanto, la atención del Presidente sigue sobre la disputa comercial con la República Popular China y en este frente por ahora la situación no parece irse de control. A la reciente suba de aranceles se han sumado las sanciones a los gigantes de la industria de smartphones, Huawei y ZTE, obligando a esta última a suspender sus ventas en todo el mundo, y a cerrar su tienda online. Ambas firmas han sido acusadas de violar sanciones comerciales contra Irán y Corea del Norte y fueron incluidas en una “entity list”. Las empresas allí incluidas son consideradas una amenaza para la seguridad de EE.UU., de modo que toda firma estadounidense que desee exportar productos, tecnología, servicios o propiedad intelectual a cualquier empresa en esa lista, requiere un permiso ad hoc del Gobierno que, como regla general, es denegado.

 

En el caso de Huawei, se le ha prohibido vender equipos y servicios a las agencias del gobierno de EE.UU. Estas últimas, además, tampoco pueden transferir tecnología de su propiedad a la empresa china, u otorgar subvenciones o préstamos a terceros que hayan adquirido hardware o servicios de Huawei. La decisión ha sido ya motivo de un juicio sumario de la empresa contra el Gobierno de EE.UU., y la primera audiencia tendrá lugar el próximo 19 de septiembre. ZTE ya había sido sancionad en 2017, y el año pasado fue beneficiada con un levantamiento de la prohibición por siete años de compra de tecnología, servicios y equipos estadounidenses, luego de pagar una multa de poco más de U$S 800 millones. El castigo de este año era algo “cantado”, no sólo por la demora para llegar a un acuerdo entre Washington y Pekín que finalmente nunca se firmó. Unos 60 días atrás el Massachusetts Institute of Technology (MIT) ya había cortado todo vínculo con ambas empresas (asistencia, proyectos conjuntos de investigación y financiamiento).

 

El “target” de la Casa Blanca no es el negocio de smartphones y aparatos de telefonía celular de ambas empresas, sino el control de la carrera por el control de la expansión mundial de las redes 5G. La administración Trump no cederá, bajo ningún concepto, el control de lo que será la red de telecomunicaciones más importante del mundo a una empresa china, y menos a Huawei. De hecho, en la “entity list” no se han incluido a otros gigantes chinos que están fuera del negocio 5G, como Oppo, Xiaomi, OnePlus, Vivo y otras. La sanción de Washington afecta al acceso de Huawei las actualizaciones de Android, a los chips de Intel y pone fin a los contratos con Panasonic, ARM y otras empresas. Forzosamente, Huawei deberá acelerar el desarrollo de sistemas operativos alternativos para tratar de sustituir a Android y evitar el futuro colapso de la empresa.

 

La decisión de Trump de aumentar aranceles a 25%, más esta restricción a empresas chinas y la amenaza de nuevas sanciones comerciales ha inmovilizado un poco a Pekín. De hecho no tiene un arsenal disponible de gran variedad de potenciales represalias en materia comercial. En el campo de las empresas de servicios online, para colmo, fue China la que ejecutó los primeros disparos al imponer restricciones al acceso a su mercado de los proveedores de conocidas aplicaciones como Facebook, Flickr, Twitter, Soundcloud, Dropbox, Vimeo, Whatsapp, Tumblr, Reddit, Youtube, Gmail, Instagram, y otros. Sanciones de este tipo, y problemas inevitables para empresas emblemáticas como Huawei es un fuerte golpe para la economía china. De profundizarse la guerra comercial no serán evitables las represalias con daño visible a la economía estadounidense. Sin embargo, no pocos economistas chinos y extranjeros han observado que la sustentabilidad del creciente endeudamiento público externo e interno de gobierno y empresas chinas entra en zona de riesgo si el PBI chino crece menos de 6,5%. Y en el primer trimestre de este año, ya antes de las sanciones de Trump, el PIB de China creció 6,4% interanual. Pero una intensificación de sanciones, represalias del otro lado, y contrarrepresalias, tendrá un efecto negativo significativo sobre la economía estadounidense, y podría interrumpir la aparente “luna de miel” entre Trump y su electorado, previo a los comicios de 2020.

 

Por ahora, da la impresión de que el presidente de EE.UU. se ha salido con la suya. La negociación iniciada en Buenos Aires parecería haberle dado la percepción de que Pekín estaba un poco con la guardia baja si Washington endurecía su postura. Y hasta que China reaccione, de mínima tratará de mantener elevado el apoyo de la base de su partido. En estos días se conocieron notas con expresiones de asombro ante la decisión del grupo de veteranos United Constitutional Patriots de iniciar la construcción de un muro privado en la frontera con México, financiados con fondos de afiliados al partido Republicano. Pero bien debe recordarse que ya en 2016 diversas encuestas indicaban que aproximadamente 68% de los republicanos apoyaban la iniciativa de Trump de construir dicho muro, el 70% la de bloquear la inmigración de musulmanes, y no menos de 65% de los Republicanos entendían que el libre comercio perjudicaba a los EE.UU. Tres años después, nada indica que esos porcentajes han disminuido.

 

En definitiva, todo indica que las barreras al librecomercio de bienes y a la libre movilidad de personas se van a mantener. Y lo más probable es que el presidente Trump va a tratar de sostener la actividad y el empleo impulsando la demanda interna, con bajas tasas de interés, y protegiendo las empresas locales de la competencia externa. Una opción que le puede asegurar la reelección el año próximo, pero con consecuencias inciertas para el largo plazo, tanto para la economía estadounidense, como para la unidad y predicamento futuro del Partido Republicano.

 

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