Schiaretti gana Córdoba y define el futuro de la campaña presidencial

10 de mayo, 2019

Por Oscar Muiño

 

Juan Schiaretti va a cambiar el mapa electoral argentino. Si se cumplen los vaticinios de las encuestas, logrará un triunfo contundente el inminente domingo 12. Córdoba es uno de los grandes distritos, con el 10% del padrón nacional y múltiples actividades productivas.

 

La relevancia de Córdoba se agiganta porque marcará agenda para el orden nacional en los meses por venir.

 

Se sabe, en 2015 Córdoba inclinó la balanza. Mauricio Macri casi triplicó a Daniel Scioli y definió su victoria.

 

En 2019, Schiaretti puede convertirse en la figura decisiva para marcar el camino –incluso el destino- de la sucesión presidencial.

 

El gobernador de Córdoba tiene un damero de opciones. Los que conversan con él admiten que no hay certezas, pero cada uno de los contertulios está convencido que tomará el rumbo que prefiere (el que conviene a cada interlocutor, se entiende).

 

El dato común es que Schiaretti conduce la única provincia grande que tiene en sus manos el peronismo. Alejado del PJ por su resistencia a obedecer al gobierno de Cristina, hoy exhibe una pluralidad de posibilidades dentro y hasta fuera del justicialismo.

 

La primera es que Schiaretti mismo decida postularse para la Casa Rosada. Su envergadura, la ausencia hasta ahora de una candidatura dominante y el envión de una victoria contundente son sus activos. La contra: el riesgo de malquistarse con sus propios comprovincianos, incumpliendo la promesa de gobernarlos. También hay exigencia de salud, aunque éstas raramente han alcanzado para taponar la voluntad de poder.

 

Segunda probabilidad, que se defina como  el Gran Elector del Partido Justicialista. El hombre que articule una interna, garantice su transparencia y acompañe al vencedor. Los que imaginan este derrotero, aseguran que ha transmitido que promoverá las PASO y que él mismo las garantizará en Córdoba (un modo elegante de anunciar que no permitirá fiscalizaciones extraprovinciales).  Este camino admite numerosas subvariantes: que Schiaretti se limite a ser el garante, que agrande o achique el damero de postulantes o que se incline por alguno de los aspirantes.

 

Los  partidarios de Roberto Lavagna creen que Schiaretti podrá darle el envión definitivo. Que él mismo lo postule e incentive a la mayoría de gobernadores justicialistas a acompañarlo. A favor de esta tesis: la convocatoria que Schiaretti ha hecho al socialismo y el GEN –muy poco relevantes en Córdoba- para mostrar un camino que exceda al propio peronismo. La idea de Lavagna. Sin el apoyo de Schiaretti, la candidatura Lavagna podrá quedar condenada a un rol menor o incluso a disolverse.

 

Hasta los partidarios de Cristina Fernández tienen sus módicas expectativas: que Schiaretti favorezca –o no entorpezca- una reunificación del peronismo en su conjunto.

 

Mauricio Macri, por su lado, se ilusiona con la posibilidad que Schiaretti decida hacerle un guiño a Cambiemos, mantener una benévola neutralidad o incluso algo más en favor del gobierno actual, llevado, imaginan, por su aversión a Cristina Fernández. La contra: Schiaretti quedaría definitivamente fuera de las decisiones nacionales de la oposición y pegado al carro macrista.

 

Hay en Córdoba otra pelea a esperar: la lucha entre Cambiemos y el radicalismo por el segundo lugar.  Y la probable pérdida de la capital provincial a manos del candidato de Schiaretti. De allí surgirán nuevas tensiones que tendrán efectos sobre la mirada de la UCR nacional. La fractura de su coalición no parece preocupar al Presidente. La Casa Rosada se ilusiona con un segundo turno en el que Macri pudiera armonizar decisiones con gobernadores, no importa si oficialistas o justicialistas. Lo mismo pensaba Fernando de la Rúa.

 

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