Muchos nombres, pero pocas ideas

22 de mayo, 2019

Por Guido Lorenzo Director Ejecutivo de LCG

 

El anuncio del sábado abrió un amplio espectro de especulaciones, pero algo que llama la atención de la campaña es que por el momento hay más nombres que ideas acerca de cómo gobernar después del 10 de diciembre. Argentina tiene problemas estructurales que difícilmente se puedan solucionar solo con un cambio de jugadores, independientemente del color de su camiseta.

 

La aparición de Alberto Fernández trae la novedad de que Argentina puede ir a algo nuevo, es decir, ni la falta de pericia de Cambiemos ni la incoherencia del último mandato de Cristina Fernández. Esa es quizás una de las novedades que mejoró el humor de los mercados estos días, que avizora que difícilmente Argentina se dirija a una venezuelización.

 

En términos de propuestas, y lento de reflejos, el oficialismo insiste en profundizar el modelo actual, algo poco seductor para un sector del electorado que vota con el bolsillo. Cambiemos en el poder garantizaba la independencia del BCRA y un esfuerzo para cumplir con el programa del FMI sumado a un compromiso de bajar la inflación, aunque fracasó en estos últimos tres años y medio.

 

En el otro lado de la vereda la posibilidad de ir a un nuevo modelo son seductoras. Sin embargo, y hasta el momento, Alberto Fernández destacó la necesidad de consolidar el mercado interno al tiempo de fomentar la generación de dólares genuinos vía exportaciones. Esta idea es casi utópica: el mercado doméstico depende en gran medida de la recuperación de los salarios reales, algo que no es compatible con costos más bajos para lograr mayor competitividad.

 

El relato de aumentar el consumo interno y fomentar las exportaciones no es creíble. Habrá que esperar a futuras declaraciones. Seguramente existan vías para aumentar la competitividad sin que sea con un tipo de cambio más alto, pero la impaciencia se impone a esos desafíos de largo plazo y termina ganando la idea de desarrollar el mercado interno a base del atraso cambiario.

 

De hecho, el plan de Cambiemos hasta las elecciones consiste en algo similar a lo mencionado en el último párrafo. Es una incógnita saber lo que pasará en el país después del 10 de diciembre. La elección entre un Gobierno sobrio en lo fiscal, pero que no genera crecimiento suscita más desencanto que las promesas de inconsistencias por parte de la oposición.

 

Ayer, en El Economista, Matías Carugati hizo una excelente descripción acerca de las lecturas que podría realizar el mercado luego de la candidatura de Alberto Fernández. Una de ellas es la de un peronismo abierto al diálogo y menos kirchnerista, y esa fue la visión que preponderó en el mercado. En la primera rueda, el dólar subió apenas unos centavos y, en la segunda jornada, volvió a bajar. Situación similar con la renta fija en dólares, que ya el lunes posterior al anuncio empezaba a subir sobre el final de la rueda, tendencia que continuó ayer.

 

Aquí, además de confluir la visión de un peronismo con perfil menos radicalizado, están algunos compradores que adhieren a la postura de que, el sábado, Cristina se empezó a bajar porque no tenía chances de ganar. Algo paradójico porque son dos lecturas opuestas (la de un peronismo con muchas chances y más dialoguista, por un lado y los que piensan que ese espacio pierde posibilidades, por el otro) las que impulsan al mercado al alza.

 

El programa acordado con el FMI no ha podido lidiar con los problemas de Argentina. La inflación sigue elevada y hay que definir un plan en ese frente. No puede consistir sólo en tener una tasa de interés por las nubes como política antiinflacionaria. La cuenta corriente esperamos que siga siendo deficitaria a pesar de que la recesión llevó las importaciones por debajo de los US$ 60.000 millones pero, en caso de que la actividad se recupere, la restricción externa volverá a evidenciarse. Por otro lado, se deberá ganar nuevamente la confianza del mercado para afrontar los vencimientos de capital del 2020. Sobre todos estos temas aún hay pocas precisiones.

 

Sin embargo, a medida que se acerque el período electoral esperamos que aparezcan propuestas más concretas acerca de qué puede realizar cada espacio político. Cambiemos debería proponer un cambio de rumbo para reconquistar a parte del electorado de 2015 que perdió en estos últimos dos años mientras que Unidad Ciudadana deberá formular un plan viable acorde a los desafíos que enfrenta el país.

 

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