Lo que necesita Lavagna para ser competitivo

15 de mayo, 2019

Lavagna

Por Néstor Leone

 

Que el Gobierno profundice su crisis. Contrariamente a lo que se sostiene, no es el kirchnerismo el mayor beneficiario de un deterioro más acelerado de la situación del país, sino el referente de Consenso19. Según marca la evolución de la mayoría de las encuestas, su irrupción no le quita votos a Cristina Kirchner, sino más bien disputa con ella segmentos del electorado indeciso o independiente. Pero sí le resta o le restaría a Cambiemos. Que el presidente Mauricio Macri mantenga un aceptable nivel de intención de votos (25-30%), explica que Lavagna no haya podido acortar distancias ni despegarse de Sergio Massa o, incluso, de Juan Manuel Urtubey en el duelo de los terceros. Una crisis acentuada o un virtual desmadre de las principales variables económicas (y sociales) fortalecería su imagen de piloto de tormenta, parida tras el colapso de 2001-2002, cuando fuera ministro de Economía de Eduardo Duhalde y de Néstor Kirchner. Y podría colocarlo en un virtual balotaje, donde sus chances se incrementan. Si el Gobierno mantiene la situación controlada (aun en crisis), las posibilidades de Lavagna se reducen notablemente.

 

Capturar votantes entre los segmentos más jóvenes. Ayer el economista se reunió con estudiantes universitarios y dirigentes juveniles del peronismo, el socialismo, el GEN y el radicalismo. “¡Encuentros que dan esperanza!”, señaló luego por las redes sociales, con una selfie para ilustrar el momento. Lavagna mostró hasta ahora dificultad concreta pa a interactuar con los segmentos etarios más jóvenes del electorado, que no sobreestiman necesariamente el halo de prestigio técnico que se emparenta con su nombre. Por lo que la reunión puede ser entendida como una forma de trabajar sobre una de sus mayores debilidades. Alrededor de 1.200.000 son los ciudadanos de entre 16 y 18 años (nacidos durante su gestión) habilitados para votar: el 3,4% del padrón electoral. Y un porcentaje mucho mayor el que era niño en el momento en que alcanzó mayor notoriedad pública. La alta exposición de una campaña permitiría saldar esa disparidad en niveles de conocimiento y valorización, pero es posible que no sea suficiente.

 

La venia de un número importante de gobernadores. Lavagna pretende convertirse en candidato único, por consenso, de un abanico amplio de fuerzas que contenga al autodenominado peronismo federal, o no kirchnerista, pero también de expresiones de centroizquierda o de parte del radicalismo. En ese sentido, amagó varias veces con desechar su candidatura si las circunstancias lo obligan a dirimir la oferta de ese espacio heterogéneo en primarias abiertas. Pero hasta aquí sumó adhesiones individuales. La de Miguel Angel Pichetto, pero no del bloque de senadores que encabeza, donde ya hay varios integrantes que “juegan” para Cristina. La de Miguel Lifschitz, pero no del Frente Progresista, preocupado por revertir la primaria santafesina. La de Ricardo Alfonsín, pero no la del radicalismo de manera orgánica que permanecerá dentro de Cambiemos. Lo mismo respecto de los gobernadores. El economista esperaba que Juan Schiaretti, al ser reelecto holgadamente en Córdoba, lo eligiera como su candidato. No sucedió. Mientras que un número importante de mandatarios provinciales mira de reojo la centralidad que gana Cristina a nivel nacional.

 

Un armado acorde en la provincia de Buenos Aires. En el distrito que concentra el 38% del electorado, Lavagna sólo tiene algunos referentes aislados, resabios del esquema que Florencio Randazzo utilizó en la campaña para las legislativas de 2017, y no mucho más. De hecho, el jefe de campaña de aquel espacio es el actual “vocero” de Cristina (Alberto Fernández, por cierto). El diputado nacional Eduardo “Bali” Bucca es el que más esfuerzo hace para acercarle algún anclaje mayor, pero sin cosechar demasiado. En buena medida, la situación en el distrito es mucho más precaria que la que tuvo Sergio Massa en su intento presidencialista de 2015. Entonces, el Frente Renovador tenía un número importante de intendentes (algunos, en partidos altamente poblados), bloques propios en la Legislatura y mayor presencia territorial. En este contexto, Lavagna sólo puede apelar a un golpe de efecto. Pensó en Marcelo Tinelli con ese objetivo, pero el empresario y conductor televisivo no parece dispuesto a lanzarse al ruedo en esas circunstancias.

 

Que el discurso antigrieta gane espacio. La precandidatura de Lavagna tomó fuerza como expresión del malestar de actores importantes del círculo rojo que vieron, en el deterioro de la gestión de Mauricio Macri, una señal de alarma temprana para los objetivos más mediatos de Cambiemos y de núcleos empresarios más ligados al mercado interno que vieron perder peso relativo (y cuotas de mercado), por más que pudieran compartir con el Gobierno lineamientos generales o aspectos simbólicos. A eso tendrá que sumarle capacidad para interpelar a sectores más amplio, y el camino elegido parece ser el de la necesidad discursiva de trascender la “grieta”. Sus intervenciones públicas en estos días fueron en ese sentido. ¿Podrá instalar ese eje como demanda predominante, socialmente extendida?

 

Dejá un comentario