Las ideas no se matan

5 de mayo, 2019

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Por Jorge Bertolino Economista

 

Durante varios meses argumentamos en soledad desde esta columna la necesidad de “exterminar” el stock creciente de Leliq. Protestamos airadamente, incluso, en algunas notas radiales, por la falta de atención a este tema por parte del resto de la profesión. Nos sentíamos los únicos que considerábamos a esta importante cuestión “el” problema a resolver de manera rápida y acuciante.

 

En nuestra última nota al respecto confeccionamos una lista de los graves problemas de la economía argentina que era necesario solucionar inmediatamente, a fin de destrabar el vaivén cambiario e inflacionario que tiene sujeta la actividad y el salario, eternizando la estanflación que con breves pausas lleva varios años de innecesaria vigencia.

 

Subtitulamos “la lista de uno” para dramatizar y caricaturizar la importancia que le otorgamos a este crucial elemento, forjador de desorden monetario y turbulencias cambiarias.

 

Finalmente, se comprendió la importancia del planteo y se popularizaron propuestas que van en la misma dirección que la nuestra, aunque toman aspectos parciales de la misma.

 

Nuestra idea original, que difundimos extensamente, de rescatar las Leliq con un préstamo de gobiernos amigos, del Tesoro de EE.UU. o de cualquier otro organismo dispuesto a prestarnos, se complementa con un esquema de convertibilidad que hace retornar voluntariamente al BCRA los dólares entregados a los ahorristas, debido a la venta del mercado como consecuencia del aumento en la demanda de dinero que provocaría el desplome de las tasas de interés domésticas y el exceso de divisas por la fuerte inyección cancelatoria de las malditas letras de liquidez. Las propuestas más recientes sólo contemplan la primera parte, ignorando la convertibilidad que consideramos clave, ya que otorga certidumbre cambiaria y recoge los dólares entregados a cambio de las letras.

 

Además, a diferencia de las propuestas que sugieren que el dinero provenga del FMI, en cuyos estatutos no se contempla este tipo de ayudas para cancelación de deudas de Bancos Centrales, la nuestra propone otras fuentes, como mencionamos anteriormente. También difiere el receptor del crédito, que debe ser el Tesoro Nacional, que debe, a su vez, cancelar las letras intransferibles que dejó de clavo el gobierno anterior en el BCRA. Nobleza obliga, Roberto Cachanosky esbozó esta idea por primera vez hace mucho tiempo, aunque proponía cancelarlas con bonos del Tesoro en pesos de largo plazo.  Nos servimos parcialmente de su idea para enriquecer nuestra propuesta.

 

Por último, con este dinero recibido del Tesoro, el BCRA debe canjear a los ahorristas los plazos fijos por dólares contantes y sonantes, generando una abundancia elevadísima de la divisa. El establecimiento de una Caja de Conversión, cerrando el BCRA en su departamento de emisión y dejando incólume su tarea de supervisión del sistema financiero, hará que los dólares sobrantes se canjeen por pesos en la susodicha caja administradora de la Convertibilidad.

 

En este modelo, no existe emisión no deseada, que es la única que genera inflación. El Tesoro no tendrá asistencia, ya que no existe más el prestamista de última instancia, y los déficit fiscales, si los hubiera, deberán ser financiados con deuda o, si esto último no fuera posible, deberán cortarse gastos y hasta cerrarse el Gobierno, como se hace en EE.UU. cuando se acaba el presupuesto y/o se supera el límite de deuda. Esta apuesta es riesgosa, imposible negarlo, pero más lo es no hacer nada y permitir que la inercia de la incertidumbre electoral haga volar todo por los aires.

 

En este modelo, el dinero es endógeno, y solo se emite a cambio de divisas provenientes del aumento de la demanda de dinero doméstico. Debemos recordar que la economía argentina es bimonetaria y la demanda de pesos es inversamente proporcional a la demanda de dólares.

 

En este esquema las tasas de interés se desploman fuertemente y la inflación baja rápidamente porque las expectativas así lo permiten y lo provocan. La única manera de satisfacer esta mayor demanda es venderle dólares al BCRA, que recuperará una parte importante, si no toda, la masa de divisas entregadas a cambio de las Leliq.

 

Las propuestas que surgieron en los últimos días, que sólo contemplan la cancelación de las Leliq, sin ir a un esquema de convertibilidad son, en nuestra opinión de menor calidad y potencia para eliminar los graves flagelos que aquejan a nuestra sociedad, la inflación y el estancamiento.

 

Nuestra idea fue siempre evitar el colapso total de la economía o la obligación de recaer en una especie de Plan Bonex, que estafaría a los ahorristas, por imposición de la realidad. Un pasaje cuantioso de depósitos a divisas no dejaría otra alternativa ante el peligro de quiebra del sistema financiero.

 

Dijimos siempre, también, que aspirábamos a generar un respiro que constituyera una ventana transitoria de tiempo para poder anunciar simultáneamente un cronograma de reformas estructurales que otorgara rentabilidad y competitividad al sector privado. Es el costado complementario e ineludible cuya ausencia haría fracasar al poco tiempo el esquema propuesto.

 

Como todo artilugio monetario y cambiario, no constituye el remedio definitivo a los graves desequilibrios económicos acumulados durante décadas. Son un paliativo hasta tanto surtan efecto las medidas de fondo que citáramos más arriba.

 

Curiosamente, como guiados por una mano invisible, los políticos reflotaron otra idea nuestra que desde hace dos años venimos proponiendo afanosamente en esta misma columna. Se trata de la recomendación de un “pacto para el crecimiento y el desarrollo de la economía argentina”. Sugerimos acordar una serie de puntos que constituyan políticas de estado a ser respetadas por todos los gobiernos futuros. La mayoría de ellos concuerdan con los que se están negociando ahora con la oposición no kirchnerista.

 

Un listado corto e incompleto abarca equilibrio fiscal de largo plazo, apertura económica, bajos impuestos, reformas administrativa, laboral y previsional, etcétera.

 

Parece razonable no incluir a los responsables del Gobierno anterior, puesto que la propuesta esbozada apunta a un modelo similar al chileno, mientras que según las últimas manifestaciones de Giardinelli, Kirchner y Moreau, ese sector apunta a un régimen similar al chavismo venezolano. Las críticas intencionadas de algunos dirigentes que se niegan a confluir en esta “mini-Moncloa” porque no se cita a toda la oposición es humo de campaña. Qué sentido tiene llamar a dialogar a quienes quieren poner en comisión a todo el Poder Judicial para evitar las condenas por corrupción de sus máximos dirigentes que dejaron infantilmente los dedos marcados en cuanta tropelía cometieron.

 

En esta columna propusimos la firma de este acuerdo, tras el llamado al diálogo por parte de un gobierno recién electo o habiendo revalidado sus títulos en una elección de medio término, como en 2017. Ahora parece un llamado de auxilio desesperado de un Gobierno a la deriva que no sabe cómo enfrentar las turbulencias que sus propios desaguisados provocan.

 

Sin perjuicio de esto, debiera la oposición racional analizar otorgarle una vida más al gobierno porque negarse al diálogo hace peligrar gravemente el control de la situación, ya que la inestabilidad cambiaria y la explosión inflacionaria están a la vuelta de la esquina, sobre todo si no se implementa nuestro plan que simultáneamente introduce la convertibilidad de la moneda y liquida el stock de Leliq junto con el saneamiento del balance del BCRA.

 

Que ambas propuestas, en las que insistimos durante mucho tiempo, hasta cansar a nuestros lectores, sean hoy analizadas y puestas a consideración de la ciudadanía mediante el debate mediático, nos alientan a seguir discurriendo y aportando ideas, perfectibles desde ya, con el sólo afán de contribuir  al engrandecimiento de la nación y al bienestar de sus ciudadanos.

 

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