Las ideas de uno de los gurúes económicos de Alberto Fernández

22 de mayo, 2019

Con la llegada de Alberto Fernández al pináculo de la fórmula presidencial, también se reordenaron algunas cartas entre los economistas del generoso espacio peronista. Una de las figuras claves a mirar de cerca es Matías Kulfas, entre otras.

 

En una interesante columna de la revista Anfibia, sienta algunas de sus ideas económicas sobre lo que pasó, lo que pasa y lo que debería pasar. El trabajo se llama “La economía después de la grieta”.

 

Allí, el ex Gerente General del BCRA, en las épocas de Mercedes Marcó del Pont, por ejemplo, derriba el mito de la decadencia de Argentina vis-a-vis la llegada del peronismo en 1945.

 

¿La decadencia es peronista? 

 

“Los datos no abonan esta hipótesis. Entre fines de la década de 1940 y mediados de la década de 1970, Argentina creció a un ritmo similar a Estados Unidos y Australia (…) Donde los números son contundentes y exentos de controversia es en la notable divergencia que se inicia a fines de la década de 1970. De tener un PIB por habitante equivalente al 70% del australiano, pasamos al 43% en 1989 y al 32% en 2002. En pocos años Argentina se rezagó notoriamente. Tuvo dos períodos donde pudo recuperarse, en el primer lustro de la década de 1990 y entre 2003 y 2013, pero dicha reversión no pudo ser sostenida”, dice Kulfas.

 

“Estos datos también contribuyen a desmitificar la hipótesis de los 70 años de peronismo como causa del rezago en nuestro desarrollo. No solo el fenómeno es más complejo y no atribuible a la llegada del peronismo al poder en 1946, sino que carece de sentido encontrar un sendero de continuidad en un escenario que estuvo signado por la inestabilidad política”, dice y amplía: “A lo largo de los más de 25.000 días que transcurrieron entre 1946 y 2015, el peronismo gobernó el 52% del tiempo, hubo gobiernos radicales en el 21% de aquellos días y gobiernos militares o de facto en el restante 27%. Si miramos más en detalle, y para agregar más complicaciones, veremos que hubo un gobierno peronista que implementó muchas de las reformas promercado que estos sectores que sostienen esta tesis suelen reclamar”.

 

 

En definitiva, concluye, “antes que encontrar puntos de continuidad y ejes claros y contundentes acerca del origen de nuestro rezago e incapacidad para crecer de manera sostenida, lo que se observa es la inestabilidad, el constante penduleo del que hablaba Marcelo Diamand y las dificultades para encontrar un sendero consistente y estable hacia el desarrollo económico”.

 

Faltan dólares, como siempre

 

“El principal problema de la economía de Argentina es la restricción externa. En algunos momentos históricos esa restricción se relaja, o bien porque se atraviesa por períodos de términos de intercambio favorables, o porque se dispone de reservas internacionales para cubrir desequilibrios, o bien porque se accede al financiamiento externo para afrontar desfasajes transitorios”, dice Kulfas.

 

Sin embargo, aclara: “Ninguna de esas tres condiciones estará presente en los próximos años. El ciclo de altos precios internacionales de las materias primas finalizó hace 5 años y no hay señales de retorno. No hay márgenes para aumentar el endeudamiento externo: el Gobierno de Mauricio Macri multiplicó por tres el peso del endeudamiento público con acreedores privados y organismos internacionales al cabo de su gobierno. El nivel de reservas disponibles no es elevado, la mayor parte se encuentra comprometido a garantizar futuros vencimientos de deuda”.

 

¿Quién pondrá los dólares?

 

Esos “condicionantes” tienen derivaciones para los próximos años: “Estas restricciones llevan a plantear la necesidad de implementar un programa macroeconómico y productivo consistente que permita generar un excedente genuino de divisas para garantizar el crecimiento económico y afrontar los vencimientos de deuda externa de los próximos años. Esto implica alinear en tal dirección a las diferentes facetas de la política económica (fiscal, monetaria, cambiaria, productiva y financiera). Las políticas de desarrollo productivo deberán priorizar aquellos proyectos que generen un incremento de las exportaciones y sustituyan importaciones de manera genuina. Desde diferentes instrumentos financieros se deberá promover la financiación a tasas de fomento y a largo plazo de los proyectos productivos que avancen en tal dirección. Una regla sencilla: a quien genere dólares genuinos, se le debería asistir con financiamiento barato en moneda nacional y a plazos favorables”, explica Kulfas.

 

La prioridad, agrega más adelante, “es recuperar el crecimiento”. Así lo explica: “El sector industrial de Argentina ha sufrido un fuerte proceso de ajuste durante el Gobierno de Macri, con una pérdida del 15% del empleo y una caída del 17% en su producción. Las actividades científico – tecnológicas padecieron reducciones a partir de un menor presupuesto público y la pérdida de espacio productivo en los sectores que utilizan la tecnología de manera más intensiva, junto al cierre o reducción de proyectos públicos en sectores como la industria satelital, energía atómica y otros”.

 

Los errores del pasado

 

En ese trance, el desafío es no repetir errores pasados. “La recuperación deberá seguir un proceso mucho más calibrado que en el pasado”, dice Kulfas. “No se puede apostar a una recuperación traccionada exclusivamente por el consumo o por el gasto público. Es deseable y necesario estimular una recuperación del salario real, pero este proceso deberá hacerse con sumo cuidado y calibración para evitar que la puja distributiva retroalimente los niveles inflacionarios, que actualmente son más del doble que los registrados a comienzos del Gobierno de Macri. Asimismo, en el actual estado de deterioro de la situación de la industria, es probable que los incrementos del salario real no encuentren oferta productiva adecuada, generando una mayor demanda de importaciones y, con ello, de empeoramiento de la delicada situación externa. Con respecto al gasto público, la situación fiscal dista de la holgura de la década pasada. El Gobierno de Macri empeoró la situación agregando una holgada cuenta de intereses de la deuda”.

 

Como “no es posible apostar a una recuperación generalizada a partir de un shock de consumo estimulado mediante aumentos del gasto público o la recomposición del salario real” exclusivamente, “es necesario montar un aparato de relojería que direccione de manera efectiva escasos recursos hacia inversiones que permitan recuperar el tejido manufacturero y, al mismo tiempo, contribuir positivamente en la generación de un excedente de divisas que permita desplazar la restricción externa y obtener los recursos para financiar el crecimiento y los pagos de deuda externa”.

 

“Aumentar las exportaciones y sustituir importaciones de manera genuina deben ser las prioridades estratégicas. Entendemos como genuina a una sustitución de importaciones cuando el resultado neto de la sustitución implica un ahorro efectivo de divisas y la efectiva implementación de nuevas prácticas productivas y tecnológicas. Por ejemplo, si una empresa prevé la producción en el país de un bien determinado que actualmente se importa, pero en su producción prevé incorporar componentes importados que suman aproximadamente el mismo valor del bien final, se trata de un caso de una sustitución no genuina. Algo similar debe acotarse para las exportaciones: debe haber un aumento efectivo de las cantidades exportadas y el contenido de producción local”, grafica Kulfas.

 

Clusters para agregar valor

 

Un eje central para plantear la sustitución genuina de importaciones son los clusters en torno a los recursos naturales, agrega, a modo de ejemplo. “Está bien hablar de ‘agregar valor a los recursos naturales’, pero más importante aún es desarrollar las tecnologías vinculadas a la explotación y/o extracción. Australia no es rica por tener alimentos o minería sino por ser un gran proveedor tecnológico en torno a ello (por ejemplo, es el proveedor del 60% de las exportaciones mundiales de software para minería”, pone como ejemplo.

 

“Pensar en clusters tecnológicos y de ingeniería en torno al agro, el petróleo y la minería rompe la tradicional dicotomía entre recursos naturales versus industria, genera más empleo y sustituye importaciones de manera genuina. En la misma dirección, el desarrollo de las tecnologías 4.0 pueden aportar servicios y manufacturas para mejorar procesos y sustituir importaciones de manera genuina, además de mejorar el contenido tecnológico de las exportaciones”, amplía Kulfas, como horizonte.

 

El acuerdo económico y social

 

Sobre otro de los temas que introdujo Cristina Kirchner en la presentación de “Sinceramente” (la necesidad de un acuerdo amplio), Kulfas dice: “La idea de un acuerdo económico y social parece trillada y vetusta, pero hoy parece ser un camino no solo deseable sino también inevitable. El síntoma más claro es la exacerbación del proceso inflacionario: Macri heredó una economía con una inflación en torno al 25-26% anual y estará dejando niveles superiores al 50%. La idea de que se trata de un problema exclusivamente monetario y de fácil resolución chocó frente a una realidad mucho más compleja. La inercia inflacionaria, la puja distributiva, los saltos del tipo de cambio y los desajustes monetarios son todos ellos factores que inciden, en mayor o menos medida, y de manera cambiante según diferentes períodos temporales, en la evolución de la inflación. Esto nos lleva a pensar que no habrá soluciones mágicas, pero que una mesa de concertación de precios y salarios tendiente a generar un proceso de desinflación es una condición necesaria”.

 

Eso, agrega, “deberá ser acompañada de una política monetaria y fiscal consistente con ese proceso, donde se evite la apreciación del tipo de cambio, donde se busque el equilibrio fiscal sustentado en el crecimiento y buenas reglas de gestión intertemporal (ahorrar en tiempos de crecimiento, gastar más en períodos de desaceleración y crisis)”.

 

Esa mesa, argumenta Kulfas, “deberá proponerse una articulación entre el crecimiento, la baja de la inflación, la mejora del salario consistente con el aumento en la producción y la productividad y la recuperación del valor de nuestra moneda”. No son tareas sencillas, reconoce, pero dice, categórico: “La receta ortodoxa no funciona”.

 

(Re)jerarquizar la ciencia

 

“Es necesario recuperar el Ministerio de Ciencia y Tecnología y poner en valor el conocimiento que se produce en nuestras universidades”, dice uno de los referentes económicos de Alberto Fernández. “Las empresas con participación estatal y las agencias públicas son motores fundamentales de la innovación y los ámbitos más propicios para incorporar los múltiples avances que se generan. Estas ideas transcienden la tradicional dicotomía entre recursos naturales e industria. Hoy los entramados productivos combinan ambas cosas y servicios basados en el conocimiento. Los desafíos que abre la era 4.0 son enormes, es una agenda que no puede seguir esperando y debe formar parte de las prioridades políticas de los próximos años”, explica, con más detalle.

 

¿Un “Green New Deal”?

 

Una idea creativa que aporta Kulfas es la de un “Green New Deal”. ¿A qué se refiere?

 

“Es hora de que en Argentina empecemos también a hablar de nuestro Green New Deal. Pocos proyectos podrían tener un impacto económico y social tan contundentes como el saneamiento de la Cuenca Matanza – Riachuelo donde viven más de 3 millones de personas. Existen tecnologías desarrolladas en el país que podrían iniciar un camino de solución en un sitio que está entre los más contaminados del mundo. Imaginemos por un momento el impacto que tendría el saneamiento de la cuenca, no solo de manera directa en el nivel de vida de las personas que viven en torno a ella, sino también en el desarrollo de nuevos proyectos productivos, turísticos, comerciales y habitacionales”, dice.

 

Suma otro ejemplo. “El otro espacio fundamental de nuestro Green New Deal son las energías renovables. Si bien se han hecho avances, no los hemos podido aprovechar para fomentar el desarrollo. Tan importante como sembrar molinos eólicos, paneles solares y plantas de generación de energía en base a residuos biomásicos, es generar las tecnologías para hacerlo. Nuestro país tiene capacidad para hacerlo y lo ha demostrado. Lamentablemente, el régimen vigente priorizó grandes proyectos con inversores financieros internacionales que vienen con su tecnología incorporada. Hemos incrementado nuestra generación de energías renovables, tanto como las importaciones de los equipos de producción”, expresa

 

El debate sobre el Estado

 

El Estado suele ser ineficaz en la gestión, dice Kulfas. “Se superponen funciones y programas, falta coordinación y no se valora adecuadamente a su personal técnico, dotándolo de la estabilidad y la carrera necesaria para mejorar la profesionalización”, soslaya. “Es una desventaja que no se puede seguir otorgando. Necesitamos un Estado más profesional, que articule sus propias políticas de manera más efectiva y que pueda dialogar con el sector privado con mayor solidez”, manifiesta y no le escapa a la discusión del tamaño. “El tamaño del Estado es un elemento central de discusión en nuestro país. Tenemos hoy en Argentina una suerte de Estado de bienestar low cost, que provee muchos servicios, no siempre de la mejor calidad. No existen caminos hacia el desarrollo sin una presencia importante del sector estatal, pero su mera presencia tampoco es una garantía. Salir de la grieta es también superar esa falsa dicotomía entre mucho Estado y nada de Estado (una utopía inexistente en la historia del desarrollo económico capitalista) sino en encontrar el mix adecuado entre Estado y mercado y en las estrategias para ganar eficacia en nuestro sector estatal”, cierra.

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