“La indefinición de Schiaretti debilita las posibilidades de un tercer espacio”

17 de mayo, 2019

Entrevista a Gerardo Aboy Carlés Sociólogo Por Néstor Leone

 

“El discurso de Juan Schiaretti, en su crítica de la polarización nacional, no fue de la mano de una acción política tendiente a vertebrar al sector. Dice que no quiere ser el macho alfa del peronismo federal, algo que puede hablar bien de él en términos generales, pero se corrió de la posibilidad de ser armador de un espacio nacional que podría incluir al peronismo federal pero también a otros, y termina debilitándolo”, sostiene Gerardo Aboy Carlés, doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y docente en la Universidad Nacional de San Martín.

 

En esta entrevista con El Economista, además, analiza la naturaleza de la confrontación entre Cambiemos y el kirchnerismo y los desafíos de las fuerzas en el escenario que viene. “El eslogan sobre la necesidad de mantener el cambio no significa conservar la promesa de futuro, sino que no vuelvan los que estaban antes. Hoy el oficialismo está volcado al pasado en su estrategia discursiva y volcado al presente en términos de gestión, en la medida en que lo único que le importa es mantener el precio del dólar como herramienta electoral”, sostiene.

 

Faltan tres semanas para el cierre de alianzas y un mes para el de candidaturas. ¿Le sorprende que el escenario esté con más presunciones que certezas?

No sé si me sorprende. Era bastante previsible que Cristina demorara hasta el final su decisión. Es algo que generalmente hace y que también le da centralidad. En cuanto al oficialismo, Macri está tratando de sostenerse contra viento y marea. Relativamente previsible si se tienen en cuenta los resultados de su gestión. Sí me sorprende que otros armados posibles estén tan poco desarrollados. Sobre todo, la posibilidad de una tercera candidatura o de tercer espacio.

 

Hay una tendencia de largo plazo que se ha acentuado: el quiebre político entre el área metropolitana y el resto del país.

 

¿Vamos irremediablemente hacia un escenario de mayor polarización electoral? ¿Qué significa esto en una sociedad más bien fragmentada, heterogénea, segmentada?

Existe una tendencia de largo plazo que se ha acentuado en los últimos años: el quiebre entre el área metropolitana de Buenos Aires y el resto del país. Si se observa el voto en las ocho provincias donde hubo elecciones hasta ahora, lo dominante no es la polarización en la que vivimos en el área metropolitana. Hay un efecto adicional en la elección presidencial de este año: tanto la ciudad como la provincia de Buenos Aires votan el mismo día, a diferencia de la mayoría de las provincias que desdoblan su elección. La ausencia de este tercer armado, su debilidad o su carácter embrionario, potencia la polarización nacional, que es el modo de ordenamiento de la política en el área metropolitana. En las provincias, no se da esa lógica. Están los viejos liderazgos radicales, por ejemplo. Y el PRO está más diluido. Algo parecido sucede con Cristina. Tiene en el conurbano bonaerense su punto de mayor arraigo, más allá de tener presencia fuerte en Tucumán. Mientras que en el resto de las provincias predomina el peronismo más tradicional.

 

La ausencia de ese tercer armado…

La ausencia de esa interlocución más vasta respecto de ese país más amplio en la mesa electoral hace que las fuerzas que tienden a la polarización en el área metropolitana estén cubriendo la escena a nivel nacional. Eso potenciado por lo que ya sabemos: el peso de la Ciudad como caja de resonancia, el asentamiento de los medios nacionales aquí y demás.

Para poner nombres a lo que plantea: hasta aquí la irrupción de Roberto Lavagna no parece haber modificado el escenario.

Todavía puede vertebrarse, en alguna medida. Pero ha perdido una oportunidad el domingo pasado, luego de las elecciones de Córdoba. El discurso de Juan Schiaretti, el vencedor, en su crítica de la polarización nacional, no fue de la mano de una acción política tendiente a vertebrar al sector. Schiaretti dice que no quiere ser el macho alfa del peronismo federal, algo que puede hablar bien de él en términos generales, pero se corrió de la posibilidad de ser armador de un espacio nacional con eje en Córdoba, que podría incluir al peronismo federal pero también a otros espacios, y termina debilitando ese espacio. Al mismo tiempo, le otorgó a Macri el rival deseado, con el cual piensa que es más competitivo. Y Cristina supo aprovecharlo, con su foto con el PJ y el peronismo, ese mismo lunes. Si esta indefinición de Schiaretti se prolonga, es posible que tengamos una catarata de dirigentes intermedios del peronismo que, en ausencia de otra posibilidad, se inclinen hacia el cristinismo ante la proximidad de la elección.

 

Una posibilidad de que la candidatura de Lavagna gane algo más de peso es que el Gobierno profundice su crisis, ¿comparte?

Exacto. Si el Gobierno profundiza su crisis ahí entra en juego la posibilidad de desplazar al Gobierno del balotaje. Esa alternativa es posible, pero implicaría un final catastrófico para la gestión de Macri. Por ejemplo, con una compulsiva dolarización de junio a octubre.

 

El Gobierno apostó por esa polarización. Le sirvió hasta aquí, pero como estrategia parece haber perdido potencial.

Es claro que fue una apuesta, que a Cristina también le sirvió.

 

En las últimas horas, varios dirigentes mencionaron la posibilidad de que Macri finalmente no sea candidato. ¿Lo ve posible?

Que Macri se baje de la candidatura debilita a todo el espacio, sea quien fuere el reemplazante. Incluso a María Eugenia Vidal. Con el riesgo de que los últimos meses de su gobierno se vuelvan más difíciles por la licuación de su poder. Con lo cual los dilemas no son fáciles. De todos modos, el PRO es una estructura más permeable a factores de poder en comparación con otras fuerzas políticas. Y hasta el 22 de junio no vamos a estar seguros de lo que suceda.

 

Tampoco hay que dar a Cambiemos por derrotado.

Por supuesto que no. En un balotaje con Cristina, Macri es competitivo. Por lo menos, al día de hoy. Y pese a la ausencia de resultados en materia económica. Todavía existe un nivel de rechazo social amplio a la figura de Cristina, que algunos errores de ella o de su entorno pueden potenciar. En ese sentido, es el peor escenario al que podíamos aspirar.

 

¿En qué sentido?

En un país donde no se han ensayado prácticas de generación de consensos en cuanto a mayorías de gobierno, ya ni siquiera de un rumbo, va a ser difícil para cualquiera que gane. Para Macri, por  la desazón y el rechazo que generaría en un electorado partido. Para Cristina, aun suponiendo que haya aprendido de sus errores en la última parte de su gobierno, algo parecido: el no reconocimiento de legitimidad de una parte del electorado.

 

La expresidenta dijo en estos días que el próximo gobierno va a necesitar una coalición más amplia que el frente electoral que le haga ganar las elecciones. ¿Qué tipo de gobierno esperaría en su caso?

No veo aspirante a una coalición con ninguno de los polos fuera de las propias fuerzas. Puede ser que Cristina termine desinflando a una parte del peronismo federal. Pero no que haya demasiada posibilidad de generación de una mayoría legislativa estable. Tendrá que pelear ley por ley. Distinto sería el caso de una candidatura intermedia, que tendría más posibilidades de establecer acuerdos con los sectores más moderados de ambos polos. Lo cual me hace pensar que vamos hacia un escenario bastante tortuoso.

 

A Macri parecen habérsele caído dos de los ejes de su campaña anterior: la construcción de cierta idea de futuro, más allá de cuál fuera éste, y la idea de cambio…

El eslogan “mantengamos el cambio” no significa “conservemos la promesa de futuro”, sino que no vuelvan los que estaban antes. Hoy el oficialismo está volcado al pasado en su estrategia discursiva y volcado al presente en términos de gestión, en la medida en que lo único que le importa es mantener el precio del dólar como herramienta electoral. Y poco más. Al mismo tiempo es un gobierno que plantea avanzar, supuestamente, en proyectos que la sociedad argentina rechaza y para las que no tuvo mayorías (la reforma laboral o la previsional) e intentarlo en una situación de mayor debilidad que la actual será más difícil aún. En caso de ser reelecto, su composición parlamentaria estará más debilitada.

 

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