Kicillof y Alberto, dos lógicas diferentes

30 de mayo, 2019

Kicillof Magario

Por Juan Radonjic

 

En La Plata no se sorprendieron. Desde hace tiempo estaban convencidos de que Cristina Kirchner lograría imponer a Axel Kicillof como candidato a gobernador de Buenos Aires. Los intendentes peronistas del conurbano hubiesen preferido a alguno de los suyos pero no tenían manera de cambiar la decisión de Cristina porque saben, que en buena medida, es la dueña de los votos en sus distritos. Por otra parte, al haber ella resignado la candidatura presidencial, tiene margen para pedirles a los demás comportamientos similares.

 

La designación de Verónica Magario como compañera de fórmula era previsible porque por género, militancia en la provincia, tradición peronista y gestión municipal, equilibra en todo sentido a la fórmula. El kirchnerismo repite la jugada de 2007 cuando postuló a Daniel Scioli, sin actividad política en el territorio bonaerense, y al intendente de La Matanza, Alberto Balestrini.

 

¿Es un buen candidato Kicillof? Si se considera que el objetivo de un candidato es ampliar la base electoral del espacio que lo propone, la respuesta es negativa. Kicillof no suma fuera del núcleo duro, es la contracara de Alberto Fernández que sí podría subir algo el techo del kirchnerismo sin afectar su piso y tiene capacidad de diálogo con distintos actores de la política.

 

El exministro no tiene votos propios y su candidatura favorece a Vidal.

 

Lo máximo a lo que puede aspirar Kicillof es a minimizar el corte de boleta y retener los votos de la fórmula presidencial, que serán muchos, pero pueden no ser suficientes para ganar la gobernación. Es más de lo mismo. El propio Alberto sostiene que no hay que olvidarse que el kirchnerismo perdió las últimas tres elecciones en Buenos Aires. Magario, por su parte, tendrá la tarea de entusiasmar a sus pares.

 

De todas maneras, incluso en el gobierno provincial, reconocen que la fórmula Kicillof- Magario es mejor que la de Aníbal Fernández- Martín Sabbatella. Cristina se equivocó en 2015 al permitir que esa fórmula – que no podía ganar la elección general – compitiese en las primarias y esta vez no quiso repetir el error.

 

El desafío electoral de María Eugenia Vidal es, por lo tanto, obtener más votos que la fórmula presidencial porque Kicillof obtendrá un porcentaje similar. Parte de una situación difícil porque las encuestas muestran que la fórmula FF tiene una mayor intención de voto que Mauricio Macri en Buenos Aires. Por lo tanto, Vidal debería lograr un importante corte de boleta a su favor.

 

Ahora, de la mano de su buena imagen, arranca con un piso más alto que en 2015 cuando obtuvo 29,9% en las primarias pero tiene menos margen para crecer entre agosto y octubre. Cuatro años atrás, logró trepar 10 puntos y llegar al 39,4% en la elección general que la consagró gobernadora.

 

Vidal tiene a su favor que el peronismo federal en sus distintas variantes y el massismo, carecen de candidatos mínimamente competitivos en Buenos Aires y el antecedente de 2015 permite anticipar que los votantes de las eventuales fórmulas presidenciales de esos espacios tenderán a inclinarse por ella como gobernadora.

 

El binomio Kicillof-Magario es K puro, sin matices, y en consecuencia, no altera el escenario electoral previo. Cristina no mostró en Buenos Aires la misma creatividad que en el armado de la fórmula nacional y eso llevó alivio al gobierno bonaerense.

 

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