¿Improvisación o estrategia?

31 de mayo, 2019

pyme pymes

Por Ruth Remesnitzky Consultora Lazos Comerciales

 

Maravilla escuchar al dueño de una pyme contar su historia. Se le iluminan los ojos, la voz se torna enérgica, el orgullo se contagia. Es por eso que estoy convencida que uno no compra ni productos, ni servicios: compramos la historia que hay detrás, el cómo nació, su razón de ser, el vínculo de confianza que sembró y sigue cosechando, y las ganas de formar parte de ella. Si hay algo que transmite quien emprende es su pasión.

 

El empresario pyme sabe los problemas del contexto y los inconvenientes internos de su empresa. Por eso, lo ideal es que se tome un respiro, se conecte una vez más con la motivación de su historia y busque soluciones.

 

Actualmente el problema principal que veo en gran parte de las empresas es su financiamiento, siendo este el combustible sobre el cual marcha el negocio.

 

Existe un gran desconocimiento al respecto, el que toma las decisiones financieras se siente preso de unas pocas opciones y en un camino sin salida. Pero en realidad la Pyme puede empoderarse y construir su propia estrategia financiera, a pesar del contexto externo local e internacional que excede su poder de influencia.

 

Y la mejor estrategia de financiamiento es la que se ajusta a la estrategia comercial y productiva de su empresa en cada etapa. En este sentido, antes de contraer una deuda debe preguntarse varias cosas.

 

  • ¿Que está financiando: crecimiento, gastos o deudas?

 

  • ¿Cuál es el impacto que tiene en su empresa, es estratégico o por necesidad?

 

  • ¿Lo obliga a cambiar su estructura de ventas? ¿Mantiene la eficiencia de manejo productivo/industrial?

 

  • ¿Tiene capacidad de pago? ¿Cómo afecta su flujo de fondos presente y futuro? Pregúntese, por ejemplo, ¿cuántas unidades producidas necesita vender para cubrir esta deuda y en cuánto tiempo?

 

Entonces, ¿cuándo conviene o es óptimo endeudarse? Cuando pueda apalancarse para crecer.

 

Y para ello siempre debe analizar, entre otras cosas, el costo real de la deuda (tasa efectiva anual, gastos de otorgamiento, inscripciones, comisiones y demás); si el interés es fijo o variable; el sistema de amortización utilizado (francés, alemán o americano); la naturaleza monetaria (si es en pesos o dólares); el riesgo que asume al tomarlo y cómo calza en su cash-flow el pago de la cuota con sus ingresos futuros (para evitar descalces innecesarios que conllevan a un incremento de gastos financieros).

 

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