Brasil y Argentina, entre Macri y Bolsonaro

31 de mayo, 2019

macri y bolsonaro

Por Juan Pablo Lohlé  Ex Embajador en Brasil y Director del Cepei

 

Con la asunción de Jair Bolsonaro se abrió un nuevo capítulo en la política de la región. Existía en Brasil una atmósfera de desencanto y cansancio con la política y sus dirigentes, principalmente con el Partido de los Trabajadores, que retuvo el poder casi por cuatro mandatos, hasta la destitución de Dilma Rousseff y la entronización de Michel Temer. La victoria del PSL fue tan contundente, que también arrasó con los partidos tradicionales como el PSDB y el PMDB.

 

Los primeros meses de Bolsonaro son complejos y con muchos problemas dentro del mismo Gobierno por la lucha de espacios de poder entre los componentes del partido triunfante: hay dirigentes políticos y militares en retiro cumpliendo funciones de gobierno.

 

Las previsiones económicas que se anunciaban no fueron logradas y el crecimiento estimado de 3% llegaría solo a la mitad, es decir.

 

El dato  En 2011, las terminales de Argentina exportaron más de 410.000 vehículos a Brasil y, en 2019, serán apenas 162.000, es decir, 60% menos. Eso tiene que ver con que se achicó el mercado de Brasil (en 2013 se vendieron casi 4 millones de autos allí y en 2018, “sólo” 2,5 millones) sino también con que perdimos participación: en el primer trimestre de 2019, los vehículos provenientes de terminales de Argentina que se vendieron en Brasil fueron apenas 6% del total, lejos del 10,7% que de 2011.

 

Las leyes que se consideran vitales, como la Ley de Previdencia (para nosotros, la de jubilaciones), se están demorando en el Congreso por falta de apoyos para poder aprobarla. El Gobierno precisa 308 votos de los 513 para aprobar, en la Cámara de Diputados, la ley más importante para el Gobierno en todo 2019.

 

Probablemente el factor que más perturba a Bolsonaro es la dificultad que tiene como minoría parlamentaria de lograr las articulaciones políticas que le permitan dar sustento a su administración.

 

Sus ministros estrellas, como Sergio Moro y Paulo Guedes, no han podido convencer a los congresistas sobre los beneficios de las leyes de seguridad y corrupción, por un lado y la reforma jubilatoria antes citada, por el otro.

 

Ante este escenario se decidió convocar a manifestaciones multitudinarias en las calles para presionar al Congreso. Lula, desde el lugar donde se encuentra detenido, declaró hace unas semanas que el Gobierno era “una banda de locos” y Bolsonaro respondió en Twitter que ellos eran una banda de “borrachos”.

 

Todos estos movimientos, sumados a movilizaciones estudiantiles, van creando un clima de inestabilidad que no favorece a las necesidades del Gobierno de iniciar un camino de crecimiento económico y estabilidad política.

 

En cuanto a su política internacional, su primer movimiento fue ir a Davos a buscar un ámbito favorable para las inversiones extranjeras. El cambio más importante fue la visita a Estados Unidos y su “relación preferencial” con el presidente Donald Trump. En lo regional, participa activamente en el Grupo de Lima por la crisis de Venezuela, que además tiene efectos locales por la inmigración de miles de refugiados en el Estado de Roraima.

 

Para mantener el orden y dar asistencia social a los venezolanos, las Fuerzas Armadas desplazaron varios batallones para controlar cualquier tipo de desorden y desmanes que pudiesen ocurrir.

 

En Medio Oriente, Bolsonaro eligió a Israel. Se manifestó con varios elogios y admiración por el desarrollo alcanzado por ese país. Eso provocó reacciones negativas en ciertos países árabes. También es sabida la buena relación que ha establecido con Chile y Guedes, su ministro de Economía, vivió y trabajó en el país andino.

 

Las relaciones con China durante la campaña se tensionaron por las declaraciones de Bolsonaro. Calmadas las aguas, la influencia de los intereses económicos de ambos lados lo dieron por superado. Está previsto un futuro viaje a China, país al que va gran parte de sus exportaciones. También, la corriente de inversiones chinas en Brasil crecieron considerablemente en los últimos años.

 

En los próximos días, y luego de idas y vueltas sobre qué país visitaría primero, toda una señal de diferenciarse del PT de Lula y el PSDB de Fernando H. Cardoso, Bolsonaro estará en Argentina en una visita oficial.

 

Mauricio Macri, primero y Bolsonaro, después, fueron la expresión del giro de la región hacia gobiernos de centroderecha. Ambos orientaron el rumbo hacia políticas liberales distantes de los populismos regionales y con marcado acercamiento a Washington.

 

Siendo la realidad de ambos países diferente, muchas trabas al inicio de sus gobiernos encuentran un parecido. El principal es que son minorías parlamentarias que requieren un arduo trabajo negociador para poder encaminar sus políticas. Macri visitó Brasilia y allí establecieron el marco de la próxima visita. También tienen temas bilaterales e internacionales que tratarán de abordar en una agenda que genera cierta expectativa.

 

En lo comercial, sería importante que se incentive el comercio, con el que se genere un beneficio recíproco. En algún momento del inicio de la década llegamos casi a US$ 40.000 millones de intercambio. Siempre con un déficit del lado argentino que se da por la asimetría industrial, y mayormente por el sector automotriz. La recesión en ambos países hizo caer en forma significativa el volumen del comercio y la recuperación es lenta.

 

El tema de inversiones también puede reactivarse y hay oportunidades en ambos países. En la relación entre la Unión Europea y el Mercosur, la traba más significativa continúa siendo el sector agrícola europeo, que en realidad es una constante a lo largo del tiempo.

 

La flexibilización del Mercosur es un tema político y económico que tiene una resolución técnica, que naturalmente puede generar perjuicios y beneficios y allí está la cuestión de fondo.

 

Activar la relación del Mercosur con la Alianza del Pacífico es abrir caminos hacia el futuro del mercado.

 

En la relación con China, por su envergadura y expansión en la región, sería inteligente que Argentina y Brasil compartan una visión común sobre el fenómeno en América Latina. En su reciente viaje a Buenos Aires, el canciller de Brasil deslizó la idea de un acuerdo Estados Unidos, Europa y Mercosur.

 

En el campo de la cooperación nuclear, Argentina y Brasil debieran actualizar los acuerdos alcanzados en la década del ’80 entra Raúl Alfonsín y José Sarney.

 

Hace más de tres décadas que ambos países transitan el camino del diálogo, la cooperación e integración que se traduce en conocimiento recíproco en las más diversas áreas. Hay momentos de expansión de la relación, pero también dificultades. El encuentro de los presidentes expresa también el de los pueblos que representan. Es un bien para todos.

 

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