El BCRA y una amenaza creíble

29 de abril, 2019

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Por Santiago Gambaro Economista de Analytica

 

Luego de la volatilidad financiera de la semana pasada, los anuncios del día de hoy trajeron cierto alivio. Por un lado, indican que la autoridad monetaria tiene más herramientas cambiarias que antes y un grado de discrecionalidad mayor, que desalienta la demanda especulativa, al menos en casos puntuales. La habilitación de las intervenciones directas del Banco Central funciona a modo de amenaza, moderando las expectativas de quienes apuestan al dólar para sacar una ventaja de corto plazo sin esperar a que la cotización llegue al techo. Además, no explicita cómo puede intervenir dentro de la (ya extinta) Zona de No Intervención, generando una sana incertidumbre.

 

Por otro lado, las medidas dan indicios de que el Gobierno generó una capacidad de negociación con el FMI mayor a la que muchos esperábamos, dado que el organismo no ve con buenos ojos las intervenciones con reservas internacionales.

 

Sin embargo, la continua modificación del régimen pone en duda la credibilidad de la autoridad monetaria, que pareciera haber vuelto sobre el mismo esquema de un año atrás. En este sentido, pese a la mayor tranquilidad de la jornada cambiaria, no hay garantía de que vaya a continuar en este sentido. Previo a la implementación de la ZNI nos encontrábamos en un esquema similar. ¿El fracaso anterior de estas políticas, nos anticipa un nuevo fracaso?

 

Si bien el esquema es parecido, el poder de fuego es mayor por la dureza de la política monetaria, por el mayor nivel que ahora presenta el tipo de cambio real y por la dolarización de cartera que ya se experimentó. No obstante, como contracara, hoy nos encontramos más próximos a las elecciones y con un amplio historial de experimentos cambiarios fallidos. ¿qué podemos esperar de cara a los próximos meses?

 

Como viene ocurriendo, el tipo de cambio probablemente se mueva, en promedio, entorno a la tendencia inflacionaria por el grado de sustitución de moneda que nos caracteriza. En esta economía, tanto tipo de cambio como inflación se van determinando entre sí y el proceso, en ocasiones, se espiraliza.

 

 

A nuestro juicio, el último salto del dólar asociado al riesgo país no tenía fundamentos, pero la incertidumbre del mercado asociada al posible incumplimiento de pagos (incluso de vencimientos bajo el paraguas del FMI), parecía llevarnos peligrosamente al techo de la banda y obligó al BCRA y al Ejecutivo a tomar medidas para calmar a los mercados para evitar la espiralización.

 

Dotar de capacidad al BCRA y mostrar margen de negociación con el FMI genera expectativas de corto plazo que alivian la plaza cambiaria del componente especulativo. Sin embargo, están lejos de resolver los problemas de fondo. Esto es, si bien este tipo de cambio equilibra el mercado externo de bienes (cuenta corriente) no cierra la brecha por la salida de capitales. Tampoco debiera ser el único instrumento para compensar los desequilibrios externos.

 

De cara a 2020, el tipo de cambio nominal tampoco puede ser la única solución al problema porque en las magnitudes necesarias nos llevaría a un régimen de alta inflación y a serios problemas sociales. Hoy no hay una capacidad política para llevar adelante algo semejante a un pacto social, pero dada la capacidad de negociación del Ejecutivo con el Fondo, pareciera haber espacio para implementar leves regulaciones a los grandes movimientos de capitales, programas fiscales que suban el costo relativo de los productos importados y reduzcan el costo de los exportables, flexibilizar la normativa de depósitos en dólares para que puedan tener mayor diversidad de usos, sin fomentar el descalce de monedas, etcétera. También se puede actuar sobre los mecanismos de contratos para que el traslado de los precios de las subas del tipo de cambio sea menor, y en este sentido creemos que es hora de revisar las actualizaciones de tarifas de servicios públicos.

 

En fin, hay soluciones disponibles, pero se requiere la voluntad política de llevarlas adelante y no “más de lo mismo”. Se requiere una mirada integral del problema.

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