Dolarización preelectoral ante la incertidumbre política

30 de abril, 2019

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Por Maximiliano S. Ramírez Economista (UNLP)

 

Desde mediados de marzo, el país sigue inmerso en una excesiva volatilidad cambiaria fruto de una demanda de dólares cada vez más intensa formada por inversores locales y extranjeros que buscan cubrirse de un panorama electoral cada vez más incierto, lo cual provoca una importante corrección en el precio del dólar y una disparada de los CDS, que llegaron a superar los 1.800 puntos básico para el tramo de 1 año (1.500 puntos básicos para 2 años) durante las últimas semanas. Dicha dinámica, que vienen generado un cambio en la cartera y un desprendimiento de activos en pesos (a pesar de los rendimientos altísimos, que llegan a 73%) por dólares, situación que se refleja en el último MULC de marzo y que hacia delante, de no poder controlar la subida de la divisa, seguramente continuará.

 

En este sentido, la falta de discrecionalidad por parte del BCRA (situación que parece haberse corregido en el día de ayer con la posibilidad de mayor intervención en el mercado cambiario con el aval del FMI), implicará un incremento en la volatilidad cambiaria, las expectativas seguirán desancladas y, por lo tanto, la baja en la inflación tardará en llegar.

 

A su vez, la incertidumbre política y los saltos discretos del dólar han impulsado el proceso de salida del peso y dolarización de la cartera, que genera una retroalimentación del dólar. Así lo muestran los datos del MULC de marzo, donde la Formación de Activos Externos (FAE) del sector privado no financiero fue negativa en US$ 1.771 millones netos, implicando casi el doble que el mes de febrero (US$ 965 millones), pero 28% menor a la ocurrida un año atrás (US$ 2.464 millones). Téngase en cuenta que las comparaciones interanuales puede lucir algo sesgada debido a que durante el 2018 hubo demanda de dólares de gran magnitud que desembocó en una fuga de capitales que durante todo el año se ubicó en US$ 27.230 millones, un récord.

 

En lo que va del 2019, la FAE del sector privado alcanzó US$ 4.695 millones, implicando 32% menos de salida de dólares por este concepto que en el mismo período de 2018 (US$ 6.931 millones), pero se ubica en línea con los registrados en los primeros tres meses de años electorales como fueron el 2011 y de 2017. En particular, en los primeros nueve meses del año 2017, la FAE totalizó US$ 15.534 millones. De ese total se desprende US$ 4.795 millones en el primer trimestre, US$ 2.886 millones en el segundo y US$ 7.853 millones en el tercero.  Dicho monto fue superado en el 2011, con un total de US$ 18.244 millones desde enero a septiembre, desprendiéndose unos US$ 3.676 millones en el primer trimestre, US$ 6.124 millones en el segundo y US$ 8.444 millones en el tercero.

 

Teniendo en cuenta la dinámica de los años electorales y viendo el actual contexto económico  se estima que para el segundo y tercer trimestre del año la demanda por FAE, a un tipo de cambio de $51,45, se ubicará en unos US$ 14.300 (considerando un escenario electoral polarizado con una probabilidad de 50% para cada candidato) lo que es el equivalente a casi 50% de la suma del total de la Lecaps a octubre (US$ 6.235 millones) y de 40% de los depósitos a plazo fijo en pesos (incluidos UVA) del sector privado, que en la actualidad se ubican en US$ 22.300 millones.

 

La dinámica económica que está atravesando el país se encuentra en un loop vicioso que parece no tener salida al menos en el corto plazo, mientras la política siga metiendo la cola y la certidumbre brille por su ausencia. En este sentido, la incertidumbre política y las pocas herramientas para actuar ante los problemas macroeconómicos genera una escalada del riesgo país, un aumento del el tipo de cambio y la tasa de interés en valores altísimos requeridos para que la demanda agregada se aliena a la oferta genuina de dólares. El problema es que un tipo de cambio más alto frente a la suba del riesgo país fuerza a un ajuste monetario vía tasa de interés en un contexto donde la inflación se acelera frente a la caída en la demanda de dinero, generando un nuevo round de suba de la tasa de interés necesaria para estabilizar la demanda de pesos, que se vuelve a transformar en más deterioro e incertidumbre y genera un nuevo incremento del riesgo de país.

 

Al margen de los resultado que se irán visualizando en el correr de la semana, la mayor discrecionalidad que le otorgó el FMI al BCRA es una noticia positiva para el mercado. Sin embargo, la medida parece ser una condición necesaria pero no suficiente para comenzar a reducir la volatilidad cambiaria y estabilizar la expectativa de devaluación, pero deberá ir acompañado con una tasa de interés que se mantendrá en valores elevados.

 

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