Se acelera la inflación y se desacelera la actividad

20 de febrero, 2019

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Por Guido Lorenzo LCG

 

La inflación otra vez se acelerará en febrero. La estabilidad cambiaria, la dureza de la política monetaria y la recesión no lograron solucionar el problema. En particular, se espera un registro por encima del 3% para el mes.

 

El plan del FMI funcionó correctamente para estabilizar el tipo de cambio, al menos hasta el momento, pero no está dando resultados en la lucha contra la inflación. La inflación tiene costos en el crecimiento, pero la política antiinflacionaria no debe subestimarlo.

 

El canal por el cual se pretende desacelerar la inflación tiene dos componentes.

 

El primero era un shock en las expectativas que impacte de lleno luego del fracaso del inflation targeting.

 

El segundo, la persistencia de la política monetaria dura que controla la inflación por medio de una menor actividad. El primero funcionó para que los traumáticos meses de corrida contra el peso no se convirtieran en una espiral de precios que nos podría haber llevado a un régimen de inflación alta. Luego, no funcionó para aplacar las expectativas de inflación y la inflación en sí misma, que en 2019, en promedio, será más alta que la de 2018. El segundo canal es muy costoso, deprimir la actividad al punto de tener que enfriar la demanda agregada y con ello presionar a la baja los precios de bienes y servicios tiene costos sociales que no son abordados en los manuales de macroeconomía. El BCRA en los últimos días mostró un sesgo al intentar sobrecumplir su compromiso y con ello profundizar el carácter contractivo sobre la actividad.

 

Este canal tarda más que 3, 6 o 9 meses de rezago en hacer efecto y, de hecho, no es clara la relación entre agregados y precios minoristas. Si alguien quiere chequear esto puede ver los artilugios que se tuvieron que hacer en la teoría para revalidar la teoría cuantitativa en “Two Illustrations of the Quantity Theory of Money” de Robert Lucas (1980).

 

Nuevamente el foco del plan económico es la baja de la inflación y la estabilidad cambiaria. Con esos dos componentes apenas tendríamos lo necesario para empezar a pensar en un programa de crecimiento. Hace unos días el Presidente parece haber decretado el fin de la recesión cuando dijo “ahora hay que poner el foco en el crecimiento”. Hasta el momento, claramente, estuvo en otro lado.

 

Existe la creencia de que primero hay que resolver la crisis y luego preocuparse por el crecimiento. Primero lo urgente y luego lo importante. En los últimos 10 años siempre la administración de turno estuvo lidiando con lo urgente, y el crecimiento quedó soslayado de la coyuntura.

 

De esa manera se fueron deteriorando estrategias de crecimiento y se ha debilitado el tejido social. Desde luego que no es fácil, y lejos estamos de haber pasado la recesión, pero esto no debería frenar la discusión acerca de acuerdos básicos para lograr el crecimiento.

 

El actual Gobierno aún se muestra cerrado para emprender este camino, y el afán de ganar elecciones hace que sea más rentable insistir con la grieta a sentarse a dialogar. Y si cambia el signo político del Poder Ejecutivo, posiblemente quieran enterrar en esa grieta a la oposición y, ese sentido, no se puede dejar de ser pesimista respecto al futuro del país.