¿Quién le teme a Roberto Lavagna?

14 de febrero, 2019

Lavagna candidato 2019

Por Ignacio Labaqui

 

Luego de meses de instalación a través de columnas y encuestas, coqueteos y expresiones de ansiedad por parte de dirigentes atrapados en la no tan ancha avenida del medio y voceros del círculo rojo, Roberto Lavagna puso paños fríos a su eventual candidatura presidencial. En un reportaje con Charly Fernández, el exministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner descartó cualquier tipo de pronunciamiento en breve, algo que parece acertado.

 

Como el porvenir, el año electoral es largo, y no tiene sentido apurarse. Recién en junio vencen los plazos para sellar alianzas y candidaturas para las primarias de agosto. Así como es prematuro definir candidaturas faltando tantos meses para las PASO también resulta prematuro descartarlas.

 

¿Será Lavagna el candidato que busque quebrar la así llamada grieta y logre capturar el apoyo de quienes no quieren ni el regreso de Cristina Kirchner ni la continuidad de Cambiemos? El tiempo lo dirá. No obstante, a pesar de la indefinición en torno a la candidatura del ex ministro tiene sentido analizar el impacto que semejante proyecto tendría sobre la dinámica electoral.

 

La visión de consenso es que la candidatura de Lavagna es mucho más perjudicial para Cambiemos que para Unidad Ciudadana. El razonamiento es que el exministro de Economía capturaría al voto desencantado de Cambiemos y podría o bien amenazar la presencia de Mauricio Macri en una eventual segunda vuelta, o en caso que la segunda vuelta fuera entre el presidente y Lavagna, éste se beneficiaría del rechazo hacia el presidente y ganaría fácilmente el balotaje.

 

Curiosamente, mientras las especulaciones en torno al proyecto presidencial de Lavagna estaban en auge y antes de que el propio ex ministro pusiera fin a las especulaciones respecto de una pronta definición, las reacciones más virulentas no provinieron del Gobierno sino, más bien, del kirchnerismo.

 

Así, el exjefe de gabinete de Néstor y Cristina Kirchner, Alberto Fernández, recientemente reconciliado con la expresidenta dijo sobre Lavagna: “El 65% de la gente no sabe quién es Roberto Lavagna. Su última aparición pública fue en 2007”  y agregó: “Lavagna es alguien que la sociedad valora mucho desde su rol como economista y que le genera mucha confianza por su rol de ministro, pero no está probado como un dirigente que arrastre gente como para ganar una elección”.

 

Más duro fue el cuestionamiento de Andrés Larroque: “No podemos ignorar que él expresa y tiene vínculos importantes con los grupos económicos locales”.

 

Desde el Gobierno, en teoría, el principal perjudicado por el proyecto lavagnista, no hubo señal alguna de preocupación o nerviosismo en cambio.  Tal vez, a la luz de las reacciones despertadas en la oposición por el aún indefinido proyecto presidencial de Roberto Lavagna cabría preguntarse si la visión convencional sobre los efectos del mismo sobre la carrera presidencial es acertada.

 

¿Quién le teme a Roberto Lavagna?
Lavagna, y su comentado look, con Pichetto, semanas atrás, en Cariló

 

El de consenso es que frente a un escenario de segunda vuelta Macri perdería ante Lavagna. Una variante es que la candidatura de Lavagna podría resultar en una segunda vuelta entre dos candidatos de origen peronista: el ex ministro y la ex presidenta.

 

Esta segunda alternativa parece poco probable. El Gobierno cuenta con el apoyo de un tercio del electorado refractario a votar por un candidato peronista. Ello se refuerza con la altamente probable presencia de Cristina Kirchner en la carrera presidencial.

 

¿Es realmente entonces tan malo para el Gobierno que Lavagna sea candidato como suele afirmarse? Contra lo que sostiene la visión de consenso hay motivos para sostener lo contrario.

 

En primer lugar, una candidatura competitiva del peronismo federal divide al voto opositor captando parte del votante desencantado con Cambiemos y refractario a votar nuevamente por Macri que de otro modo iría a parar al kirchnerismo. Desde ya que ese votante ya puede optar por Massa o Urtubey, pero de momento, según lo que reflejan los sondeos de opinión pública, sus candidaturas no resultan del todo atractivas. Es decir, Lavagna contribuiría a solidificar el techo de Cristina Kirchner. No parecen casuales entonces las reacciones de Fernández y Larroque frente a la eventual candidatura del exministro de Economía.

 

Pero hay otros beneficios para Cambiemos asociados a la candidatura de Lavagna, aunque está sujeto a si Cambiemos tiene garantizado un lugar en una eventual segunda vuelta.  Si efectivamente la sola presencia de Cristina en la carrera presidencial resulta en que un tercio del electorado termine votando por Macri solo por rechazo a la vuelta de la ex presidenta, entonces el candidato presidencial de Cambiemos tendrá su lugar asegurado en el balotaje (un supuesto fuerte desde ya).

 

 

De momento la elección se presenta como una disputa entre dos candidatos que comandan a dos minorías intensas, que sumadas concentran entre 60% y 65% de los votos El resto del electorado se resiste a tener que optar entre el regreso del kirchnerismo y la continuidad de Cambiemos, y hoy no encuentra un vehículo electoral adecuado. Ahora bien, ¿qué tal que el peronismo federal logre presentar una candidatura atractiva capaz de disputar el segundo lugar de una eventual segunda vuelta? En ese caso, y asumiendo que Cambiemos es quien tiene el lugar ya asegurado en una eventual segunda vuelta, la elección se convierte en una disputa por el segundo lugar en el ballotage, lo cual lleva a que quienes pugnan por ese lugar concentren sus ataques no en el primero, sino en aquel que puede dejarlos fuera de una segunda vuelta. Ello, por un lado, le facilita la cuestión a quien marche primero, especialmente teniendo en cuenta nuestro particular sistema de elección presidencial. En segundo lugar, incluso si hay una segunda vuelta, el fuego cruzado entre el segundo y el tercero, dificulta luego la tarea de sumar los votos del candidato excluido del ballotage. Algo similar a lo que ocurrió en la primera elección de Macri como jefe de gobierno porteño en 2007.

 

Hay un tercer beneficio de una candidatura de Lavagna para Cambiemos (podría ser Lavagna como también cualquier otra figura moderada del peronismo federal). Si una candidatura competitiva del peronismo federal pone en jaque las chances de CFK de ingresar a un eventual ballotage, la elección presidencial dejará de ser un factor de perturbación para el mercado financiero. Al mercado no le preocupa tanto la continuidad de Macri como el no retorno de Cristina Kirchner. Desde ya, no necesariamente lo que es bueno para el mercado es bueno para Macri y viceversa.

 

Ahora bien, suele decirse que si Cristina no está en la cancha la suerte de Cambiemos está echada. Si la ausencia de Cristina implica una oposición unificada, eso es efectivamente cierto. Ahora, si Cristina no compite –un escenario de bajísima probabilidad- pero Unidad Ciudadana lleva un candidato, Macri mantiene sus chances de reelegir dado que la oposición sigue dividida. Un kirchnerismo no competitivo despejaría dudas en torno a la elección y ello se traduciría en una mejora en el presente que contribuiría a acelerar el repunte de la economía, lo cual a su vez favorecería a Cambiemos.

 

¿Bajo qué condiciones el proyecto de Lavagna sería perjudicial para Cambiemos? Básicamente en un escenario en el que se invierte el orden de la grilla y el kirchnerismo queda relegado a un distante tercer lugar y Lavagna –o para el caso cualquier otro candidato competitivo del peronismo federal- se pone a tiro de Macri, y logra que la primera vuelta de 2019 sea similar a la primera vuelta de 2015. Sin embargo, dada la intensidad del apoyo a Cristina entre los votantes del núcleo duro kirchnerista ello hoy parece poco probable.