Por qué Lavagna no será candidato

1 de febrero, 2019

Por qué Lavagna no será candidato

 

Por Juan Radonjic

 

En teoría, existe un segmento del electorado que no quiere que siga Mauricio Macri ni que vuelva Cristina Kirchner.

 

El primer problema que enfrenta ese espacio es su escasa homogeneidad porque que allí conviven sectores con visiones políticas  distintas que van desde el peronismo conservador de algunas provincias hasta el progresismo y la izquierda.

 

Como consecuencia de lo anterior, tampoco encuentran un candidato que los aglutine. El que tiene más condiciones para intentarlo es Sergio Massa porque ya hizo una campaña presidencial, es conocido en todo el país, entiende los problemas de la clase media y no necesita Waze para recorrer el conurbano bonaerense. Pero no levanta en la intención de voto porque de las encuestas surge que es visto como poco confiable.

 

La situación de ese sector es parecida a la de Unen en 2014. El espacio, en teoría, existía porque muchos votantes querían dejar atrás al kirchnerismo pero sin hacer un giro a la derecha apoyando a Macri. Pero ninguno de los presidenciables de ese espacio, Julio Cobos, Ernesto Sanz y Hermes Binner, lograban superar el 6% de la intención de voto. Cuando los votantes que querían dejar atrás al kirchnerismo comprobaron que Unen no era el vehículo para lograrlo empezaron a migrar hacia Macri creyendo que él sí podía hacerlo. Demostrando, una vez más, que en ese espacio el sentimiento antiperonista es más fuerte que el progresista. Además, la brecha entre el mundo peronista y el que no lo es, se hizo más intensa en tiempos del kirchnerismo de lo que lo fue durante el menemismo.

 

En 2019, en la medida en que no aparezca pronto (lo que no parece sencillo) una figura que aglutine a los disconformes con el presente y el pasado inmediato llevará a que muchos concluyan que votar por Cristina es la única manera de evitar que Macri siga. Mientras que otros supondrán que, en definitiva, el voto por Cambiemos es lo único que garantiza que Cristina no vuelva. Y aquellos que no quieren a ninguno de los dos, deberá decidir a cual quieren menos porque en el medio no se habrá construido nada. Se consolidará de esa manera una polarización que irá angostando la avenida del medio. Se trata, además, de una polarización de fuerte contenido identitario y que por lo tanto no es susceptible a cambios pronunciados a partir de datos coyunturales sobre la marcha de la economía.

 

Hace unos meses, el ministro Nicolás Dujovne sostuvo que en el pasado a un gobierno con los resultados económicos como el actual dado el duro ajuste que realizó hubiese sido derribado antes de finalizar su mandato. La desafortunada declaración del ministro en realidad debería ser interpretada en el sentido de que llama la atención que a pesar de los resultados económicos Macri sigue liderando los sondeos sobre intención de voto. Y lo hace, precisamente, porque la grieta que hay en el electorado es profunda y no depende sólo de los resultados puntuales de una gestión.

 

Este cuadro de situación es el que pone límites a una candidatura como la de Roberto Lavagna de la que tanto se habla en estos días. Quienes lo postulan parten del razonamiento de que como el país enfrenta una situación económica difícil ¿qué mejor que llevar como candidato al mejor ministro de Economía que tuvo el país en los últimos años?

 

Pero la pelea es mucho más compleja y la polarización será creciente. Y por eso a ese tercio del electorado que no está ni con Macri ni con Cristina le costó hasta ahora encontrar un candidato porque el contexto no lo favorece. Lavagna, más allá de su prestigio personal, no puede sobreponerse a esas restricciones por eso, más temprano que tarde, dejará en claro que no será candidato. Eso sin considerar, que por estilo personal, difícilmente esté dispuesto a competir en una primaria por una candidatura o a anotarse en una carrera presidencial sin destino. Por lo tanto, el peronismo no K volverá a moverse dentro del universo de nombres – Massa, Urtubey- que hasta ahora no han logrado subir en la intención de voto. Esas candidaturas tampoco contarán con el empuje de los gobernadores porque la mayoría de ellos se habrán asegurado sus reelecciones antes de las presidenciales. El espacio intermedio existe en el cuerpo electoral pero las urnas no lo van a registrar de manera significativa.