La crisis de liderazgo en el campo de la seguridad global

25 de febrero, 2019

La crisis de liderazgo en el campo de la seguridad global

Por Atilio Molteni Embajador

 

En las últimas semanas se confirmó una pésima noticia. La Comunidad o Alianza Transatlántica ya no parece adherir a una sola y mancomunada visión para el manejo de los problemas de seguridad internacional, ni subsiste en su seno la indudable solidaridad de occidente que prevaleciera durante la Guerra Fría. De persistir estas visiones contrapuestas en lo que fue, hasta la llegada del presidente Donald Trump, una invariable unidad, el balance estratégico puede inclinarse en favor de los intereses expansivos de China y Rusia, un saldo que hubiera sido impensable e indeseable tres años atrás. Con gran miopía, aquello que empezó como una visión divergente acerca de cómo financiar y reorganizar la OTAN, hoy son claras posiciones antagónicas ante la necesidad de definir cómo será el control del desarrollo nuclear en Irán, la terminación del acuerdo misilístico entre Rusia y Estados Unidos o la ocupación de parte de Ucrania.

 

Ese inquietante balance surge de las deliberaciones de la reciente 55° Conferencia Anual de Seguridad realizada en Múnich, Alemania, foro que nació en 1963, durante la más cruda Guerra Fría con el propósito de organizar los esfuerzos de la aludida Comunidad ante las amenazas militares de la exURSS. Su membresía se fue ampliando pragmática y masivamente con el objetivo de reflejar los cambios registrados en el escenario internacional, lo que explica que en el reciente encuentro participaran más de 100 jefes de Estado y de Gobierno del mundo entero, incluyendo representantes de Rusia y China.

 

Los debates de 2019 permitieron comprobar que la seguridad internacional se caracteriza por la existencia de una nueva, desequilibrada y desestabilizante coyuntura política en la que predominan los efectos de las iniciativas expansivas de los presidentes de Rusia y China, Vladimir Putin y Xi Jinping, respectivamente; la incidencia de serios problemas de terrorismo, refugiados, los visibles riesgos que emergen del uso de la utilización inteligencia artificial para la seguridad de los Estados y el avance de ciertas olas globales de populismo y autoritarismo. Pero el debate adquirió calor al quedar expuesta en forma directa la inquietud europea por los enfoques que introdujo el presidente Trump, quien modificó la lógica interna de las relaciones globales al dudar del papel de su país en la Otan y del liderazgo de Estados Unidos en Occidente, dos premisas básicas del orden internacional que hoy parece disiparse.

 

Esta discrepancia quedó expuesta con gran claridad en los discursos que pronunciaron la canciller alemana Angela Merkel, quien fue reiteradamente ovacionada al sostener que la rivalidad de las grandes potencias amenaza la arquitectura del mundo la que, como un “gran rompecabezas” (lema de esa conferencia), puede desmoronarse de golpe en piezas difíciles de rearmar, y la presentación que estuvo a cargo del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence.

 

Para la gran líder europea, la Otan debe ser preservada como un ancla de estabilidad en tiempos turbulentos, pues dicho foro se estableció no sólo como una alianza militar, sino también como una comunidad de valores compartidos en la que los derechos humanos, la democracia y el derecho (la regla de la ley) son los principios orientadores de todas las acciones conjuntas. Merkel también criticó la anexión de Crimea por parte de Rusia y la falta de avances en una solución del conflicto que existe en Ucrania del Este, donde su país está empeñado en lograr un entendimiento con los demás miembros de los acuerdos de Minsk, sin abandonar una amplia negociación con Moscú acerca de ese y otros temas relevantes.

 

Además, si bien sostuvo que la denuncia del tratado de 1987 sobre armas nucleares de alcance intermedio era inevitable ante las sistemáticas violaciones cometidas por Rusia (con sus misiles 9M729), no dejó de recordar que Washington adoptó esa decisión sin reparar en que tal acuerdo contemplaba el respeto a intereses centrales para la supervivencia europea. La canciller enfatizó que su región está dispuesta a continuar todos los esfuerzos destinados a facilitar nuevas medidas de este tipo (en el entendido de que los misiles convencionales parecen ser el arma del momento), pues a su criterio el rearmamento no supone una respuesta válida y ninguna solución tendrá sentido si no surge de la convergencia de objetivos y medidas negociadas en forma conjunta por Estados Unidos, Rusia, China y Europa.

 

Merkel tampoco esquivó la crítica de Washington sobre los aportes de su país a la Otan. Aunque los gastos de defensa alemanes todavía no llegan al 2% de su PIB, mencionó que en la actualidad se ubican en el 1,35% y su gobierno se apresta a alcanzar el 1,5% en 2024, a lo que se agrega que su país participa militarmente en Afganistán, tiene el liderazgo de una fuerza desplegada en Lituania y que, fuera de la Otan, contribuye a los esfuerzos militares contra el terror en Africa. Al mismo tiempo enfatizó la inversión de su gobierno en buscar soluciones a los problemas humanitarios de los refugiados que huyen hacia Europa desde zonas de conflicto y las ayudas al desarrollo que realiza en varios países con situaciones críticas.

 

La canciller remarcó que la decisión de su país de proveer ayuda económica para el gasoducto Nord Stream 2 cuyo trazado viene de Rusia y atraviesa el Mar Báltico, no afecta a Ucrania como país de tránsito y permite la ampliación del consumo de LNG en Alemania, un supuesto necesario ante la decisión de su gobierno de abandonar el uso de la energía nuclear (y en el entendido de que busca energía barata ante las dificultades económicas que podrían devenir del incierto futuro de la economía mundial). Merkel remarcó que Irán deber ser tema de debate.

 

Si bien Alemania reconoce la prioridad de respetar el derecho a la existencia de Israel, y le preocupan tanto los desarrollos misilísticos de Teherán como sus acciones en Yemen y Siria, no comparte el enfoque de los Estados Unidos de suspender la aplicación del acuerdo nuclear con ese país (que limita la capacidad para construir un artefacto nuclear a breve plazo), pues a su juicio el citado sigue siendo el único instrumento internacional que vincula a las partes y quizás el único que podría servir para ejercer presión sobre otras áreas polémicas de la acción iraní, sin disentir acerca de los objetivos finales que sustenta Washington.

 

La presentación de Estados Unidos efectuada por el vicepresidente Pence no tuvo el mismo éxito con la audiencia. Su discurso se escuchó en respetuoso silencio. Y su delegación incluyó el contrapeso de un grupo bipartidario de miembros del Congreso estadounidense, muchos de ellos con opiniones adversas a la Casa Blanca, entre las que se destaca las que suele exponer la presidentade la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

 

Pence alegó que bajo el liderazgo de Trump Estados Unidos es más fuerte que nunca y su gobierno está haciendo el mayor esfuerzo de modernización de las fuerzas armadas desde los tiempos de Ronald Reagan, el que comenzó con la actualización de su arsenal nuclear y una nueva estrategia de defensa misilística, ambos sustentados por una economía muy fuerte que permitió crear 5,3 millones de puestos de trabajo.

 

El vicepresidente reiteró el llamado de Washington a los miembros de la OTAN, a fin de que todos cumplan con el objetivo del asignar el 2% de su PIB anual a los gastos de defensa, en un contexto en el que criticó el proyecto Nord Stream 2 (sus oponentes lo llaman el gasoducto de Putin, el que es financiado por Gazprom y permite condicionar a Ucrania y posiblemente a Polonia), y en su lectura anunció la victoria sobre el Estado Islámico, alegando que el retiro de las tropas norteamericanas de Siria y Afganistán sólo encarnaban un cambio táctico y no un cambio en la misión.

 

De esta forma, la controversia con Merkel llegó a su pináculo cuando Pence sostuvo un enfoque altamente confrontador con relación a Rusia, en comparación con el tono más negociador exhibido por la canciller alemana. Ello también se percibió en el tema Irán, donde el representante de la Casa Blanca mantuvo la idea de que el ayatolá Ali Khamenei era la fuente de todos los males geoestratégicos y criticó a los europeos por no retirarse del acuerdo nuclear, ni aplicar un régimen de sanciones efectivas y máximas con el que se apunta a un cambio de régimen en Teherán. Sucede que si bien el Viejo Continente cree que tras 40 años de Revolución Islámica dicho proceso es un visible fracaso, la forma de lidiar con los ayatolas que propone Washington puede tener el efecto negativo de fortalecer a los sectores más agresivos, duros y reaccionarios de Teherán, en perjuicio de quienes favorecen soluciones pragmáticas y evolutivas.