¿Hacia una reestructuración? Depende

13 de febrero, 2019

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Un conjunto de factores sumados, algunos más serios que otros, han reinstalado, hasta en las charlas de café, el temor de un nuevo default de la deuda pública de Argentina. El asunto es sumamente complejo, técnico y no lineal. Amerita, por ende, análisis rigurosos y contemplar escenarios varios. Eso mismo fue lo que hizo la consultora 1816 a través de un interesante informe al que accedió, en exclusiva, El Economista.

 

Con la caja en dólares blindada hasta las elecciones, y algo más, los temores arrancan en 2020 y van in crescenco. El informe de 1816, a cargo de Adrián Rozanski y Mariano Skladnik (ambos CFA), separan el asunto entre organismos (con el FMI a la cabeza) y los privados. En el próximo mandato, Argentina deberá devolver a Washington nada menos que US$ 47.000 millones. ¿Suena mucho? Sí, y lo es. Es cerca de 10% del PIB. Según el reporte, “eso es impracticable”. La salida será una renegociación “sí o sí” de los tiempos y una de las dudas es qué pedirá el FMI a cambio de ese relajamiento. Suena probable una aceleración de las reformas, con la previsional a la cabeza.

 

Por otro lado, la deuda con tenedores del “mercado” tampoco será fácil de administrar. Si bien 1816 dice que las cifras no son tan altas como informa el Ministerio de Hacienda (ellos la calculan en 77,6% del PIB, casi 20 puntos debajo del número oficial), el debt-management es muy complejo: 88% de la deuda neta está en dólares y 54,3% de la deuda privada vence antes de 2024.

 

“Entre capital e intereses, el próximo Presidente deberá pagarle a los tenedores de bonos cerca de US$ 59.000 millones”, dice el reporte. En moneda extranjera solamente, serán cerca de US$ 43.000 millones, o algo menos de US$ 11.000 millones anuales. Allí, el gran “if” es el regreso a los mercados voluntarios y la capacidad de roll-over de esas deudas. Si el país no puede emitir (o hacerlo a tasas prohibitivas), la reestructuración (con quita o con estiramiento) puede ser una opción. En tal caso, el Gobierno debería pasar por el Congreso.

 

Por supuesto, la política local jugará y quizás sea la gran variable que decida para que lado van acontecimientos. Más considerando que, luego del potencial balotaje de noviembre, se abren escenarios casi binarios. Las dinámicas serán más complejas si quien gane en 2019 no sea pro-mercado mientras que, por el contrario, si el ganador es un mejor interlocutor para el mercado, el estrés potencial será menor.