El FMI también pide reformas en Uruguay

27 de febrero, 2019

FMI: una misión de Hacienda vuelve a viajar esta noche a Washington

 

Durante la última década y media, la economía de Uruguay ha mostrado una resiliencia que la ayudó a reducir la pobreza y elevar los ingresos a uno de los niveles más altos de la región. Teniendo en cuenta la situación de sus vecinos mayores, en el norte y en el sur, el desempeño es más loable aún. Sin embargo, el FMI, que acaba de pasar por allí para hacer la revisión del artículo 4, advirtió: “Ultimamente el crecimiento se ha moderado y el país ahora se enfrenta a los desafíos de una baja inversión, caída del empleo y un entorno externo incierto”.

 

A continuación, las cinco claves de Uruguay en el futuro, según el FMI.

 

Crecimiento

 

Aunque el consumo siguió respaldando la demanda interna, la inversión privada sigue alicaída y las exportaciones netas (el valor de las exportaciones totales del país menos el valor de sus importaciones totales) se tornaron negativas, lo que entorpece el crecimiento. Además, una fuerte sequía en el primer trimestre de 2018 perjudicó la cosecha de los cultivos de verano y, sobre todo, de la soja. Para 2018 y 2019 se proyecta que el crecimiento ronde 2%, debido a la floja demanda de los socios regionales combinada con el repunte previsto de la agricultura y la inversión, y para 2020 se proyecta que se recupere a 3%.

Instituciones sólidas

 

“Será necesario mantener la firme trayectoria de Uruguay —fundada en instituciones sólidas y políticas económicas prudentes— para hacer frente al empeoramiento de la coyuntura externa”, dice el reporte del organismo con sede en Washington. Uruguay es una economía abierta y pequeña, lo que la hace vulnerable a los cambios en la actitud de los mercados internacionales y los efectos de contagio regionales. Gracias a sólidas políticas económicas, como la diversificación de las exportaciones y sus destinos, el manejo prudente de la deuda, el prefinanciamiento de las necesidades de fondeo externo, y a las menores vulnerabilidades del sector bancario y el gran monto de sus reservas internacionales, Uruguay ha podido soportar algunos shocks regionales.

 

En el futuro, dice el FMI: “A fin de salvaguardar los avances logrados en materia social en la última década y de apuntalar el crecimiento, el gobierno debe aprovechar las ventajas institucionales de Uruguay para reforzar los marcos de política fiscal y monetaria e impulsar nuevas reformas para mejorar los resultados de educación y fomentar la competitividad y la inversión del sector privado”.

 

La deuda

 

Encauzar la deuda por una trayectoria descendente puede ayudar a contener los riesgos fiscales. “Una reducción del déficit presupuestario global del Gobierno, que habría de basarse en la disminución del elevado gasto corriente, ayudaría a situar la deuda en una firme trayectoria a la baja”, dijeron desde el FMI. Además, las tarifas de los servicios públicos deberían ser modificadas en función de la estructura de costos y las necesidades de inversión de las empresas públicas.

 

Como Argentina, Uruguay tendrá elecciones presidenciales el 27-0 y el Frente Amplio, en el poder desde 2004, es favorito.

 

La inflación

 

“Es importante bajar la inflación hacia la mitad del rango meta a fin de anclar las expectativas inflacionarias. Desde mediados de 2018, la inflación ha estado por encima del rango meta, debido a la sequía y a la depreciación del peso, y actualmente es de 7,4%”, advierte el FMI y agrega: “La orientación de la política monetaria debe seguir ajustándose hasta que la inflación y las expectativas inflacionarias se acerquen al punto medio del rango meta (5%)”.

 

Las reformas

 

Las políticas estructurales pueden ayudar a garantizar que los ingresos continúen convergiendo hacia los niveles de las economías avanzadas. Una posibilidad sería crear un mayor margen para el gasto presupuestario público a fin de incrementar la inversión en infraestructura como, por ejemplo, con el reciente proyecto ferroviario. Una reforma del sector educativo puede ayudar a preparar a los que buscan empleo para un mercado laboral impulsado por la tecnología. Además, para fomentar la inversión privada se puede mejorar el clima general de negocios y el acceso al financiamiento.