Diálogos after office

21 de febrero, 2019

Botellas diálogos after office

 

Para terminar un día movidísimo en la city (hubo corrida contra el peso, suba de tasas, ST° arriba de 40°, algunos cortes de luz y rumores varios), El Economista citó a un portfolio manager para degustar unos gin tonic fresco e intercambiar algunas ideas.

 

El tema más importante de la semana, luego del cruce televisivo de Sol Pérez y Javier Milei, es la suba del dólar. Comencemos con una fácil. ¿Cree que tiene recorrido alcista el “billete” o el BCRA tiene las herramientas para ponerlo en caja, como hizo ayer sobre el cierre de la rueda?

El dólar subió 5% en una semana y es entendible que genere inquietud, pero no perdamos de vista que ayer cerró apenas 3% arriba del piso de la zona de intervención. Pasamos de preocuparnos por el atraso cambiario al pánico por la depreciación de una semana para otra. Nadie sabe cuanto puede valer el peso argentino la semana que viene, pero en el segundo trimestre entre la liquidación de la cosecha gruesa y la posibilidad de vender dólares del FMI para financiar gasto corriente del Tesoro, el dólar debería estar controlado. Más allá de esto, el BCRA dio la señal de que prefiere que el peso no se deprecie mucho más. La subasta de Leliq fue una señal importante, no sólo por la suba de 153 puntos básicos en la tasa promedio sino por la suba de 500 puntos básicos en la tasa máxima, que llegó a 49,99%. Hoy seguramente los bancos pondrán sus posturas más cerca de 50%. Además, si el BCRA lo deseara, ahora tiene margen para vender futuros. La situación no debería pasar a mayores.

 

En efecto, pero más allá de su análisis técnico, muy sólido por cierto, el temor es el atesoramiento preelectoral y el desarme de los plazos fijos, y otros instrumentos en pesos. ¿Avizora algún temor por allá? Más aun considerando que los números electorales de Cambiemos están algo flojos…

Esos factores se van a ir manifestando durante el año y no creo que expliquen el movimiento puntual del tipo de cambio en febrero, que se debe más a un BCRA excesivamente optimista en la baja de tasas (que es endógena pero se puede desendogeneizar si quieren como hicieron ayer) y una toma de ganancias en la deuda argentina. La dolarización de carteras de los ahorristas (y quizás algún desarme de posiciones en pesos de inversores institucionales extranjeras) se dará, como bien decís, en mayor o menor medida según evolucionen las expectativas políticas para octubre y la verdad es que la política (y el marketing político) es un tema que me excede. Si los dólares de la cosecha y del FMI alcanzarán para abastecer la demanda de dólares de los inversores es algo que está por verse. Me da la impresión de que sí, pero ya estamos pensando en las elecciones y las alianzas recién se presentan el 12 de junio. Falta mucho por recorrer y tenemos muy poca información todavía.

 

El tema global, y sobre todo la Fed, ¿cómo lo ve? Es cierto que está más “dovish” que a mediados de 2018, pero también es cierto que puede pasar a modo “hawkish” en poco tiempo. Es uno conocido error por estos pagos confundir lo transitorio con lo permanente…

La verdad que es complicado prever qué hará la Fed este año porque atraviesa una situación altamente inusual. Aunque la influencia del Poder Ejecutivo sobre la autoridad monetaria existe también en Estados Unidos, históricamente se mantenían ciertas formas que el Gobierno de (Donald) Trump no tiene interés en respetar. Lo que te puedo decir es que el mercado ahora cree que hay una probabilidad de 85% de que la Fed no suba la tasa de referencia en 2019.

 

El otro tema que anda flotando es la inflación. Es curioso porque ya se sabía en diciembre, cuando se anunciaron los aumentos, que iba a ser alta en el primer cuatrimestre y cuando llega el dato observado es como si todos se sorprendieran. Más allá de ese comentario, los libros dicen que la política monetaria funciona con un “lag” y el IPC podría caer a 2% o algo menos desde mayo, algo que sería, obviamente, un golazo dado el track récord nominal…

¿Qué te puedo decir? No es la primera vez que el Gobierno peca de optimista con la inflación. El nuevo régimen monetario cumplió con sus objetivos sobre las variables financieras (con ayuda del flujo hacia activos emergentes) pero el traslado a precios minoristas de la inflación mayorista de 2018 y de precios regulados en el primer trimestre de 2019 le pone un piso alto a la inflación sin importar lo que haga el “Facha” Sandleris. Simplemente habrá que aceptar que, por más estabilidad financiera que tengamos, no veremos progreso significativo sobre precios al consumidor y actividad hasta por lo menos abril. Y, de todos modos, cuando llegue abril vamos a estar pendientes de las encuestas. Lo más importante es que las expectativas de los mercados sigan siendo favorables y, mejor aún, autocumplidas.

 

Como bajaron las expectativas con “la generación que vino a cambiar la Argentina para siempre”…en términos futbolísticos, se querían comer la cancha y terminan todos defendiendo en su cancha y pidiendo la hora.

Pasaron cosas. Lamentablemente, el posgrado en políticas públicas que cursó “el mejor equipo de los últimos cincuenta años” nos salió bastante caro a los argentinos. El mandato de Macri va a terminar con un PIB real menor, con más inflación, más deuda y más pobreza. Se hizo buena parte del ajuste de precios relativos y bastante en infraestructura. El partido de ida quizás termine como un empate de local. Es probable que consigan la reelección y tengan que jugar el partido de vuelta. Ya no hay excusas.

 

Tanta fijación con Venezuela y los Kirchner, que “venezuelizaron” (perdón RAE) los números de la macro. Para ir cerrando, “Melco” llama el SBA con el FMI como “Plan Picapiedras” y Martín Redrado, el “Plan Llegar”. ¿Usted ya lo apodó también?

Me parece demasiado generoso llamarlo “plan” al Stand By 2.0, que básicamente es el FMI financiando la campaña electoral de Macri para luego, en 2020, ver cómo seguimos. Casi todos estamos de acuerdo en que quien gane en octubre deberá sentarse con el FMI en 2020 para renegociar los vencimientos, posiblemente a cambio de reformas estructurales. Allí veremos cual es el verdadero plan y en todo caso, entonces, lo bautizaremos.

 

Igual, usted cree que gana Macri…

Como Stolbizer, él ya ganó. Suponiendo que el contexto financiero internacional acompaña, la única manera que veo difícil la reelección de Macri es si el peronismo opositor se encolumna bajo un candidato de unidad y no creo que lo consigan. Además, Cambiemos cuenta con los mejores equipos de campaña y usan mejor que nadie las redes sociales. Si las elecciones se van a definir en WhatsApp e Instagram, yo apostaría a la reelección. Ni hablar del MVP (Jugador Más Valioso) de la campaña de Cambiemos, un tal Nicolás Maduro…

 

Entra un empresario de un sector “sensible”, categoría que hoy puede abarcar a casi toda la economía.

 

Todos tus colegas están criticando, pero dicen que nuevamente van a votar a Macri. A regañadientes, o como quieras, pero van a reincidir allí…

Es cierto, pero puede ser por vergüenza a decir otra cosa. Cuando yo digo que votaré a (Roberto) Lavagna, me tengo que poner a explicar por qué lo hago. No sé la verdad qué ocurrirá y falta ver si Lavagna juega, qué hace Cristina y demás, pero estimo que varios de los que dicen que votarán a Macri, no lo harán, quizás ni vayan a votar.