Venezuela en el radar de China, Rusia y Turquía: negocios y geopolítica

30 de enero, 2019

Maduro Trump Petroleo venezuela

 

Por Esteban Actis

 

Promediando el 2018 los indicadores económicos en Venezuela son cada vez peores. Recesión proyectada de más de 18% del PIB, hiperinflación (1.200.000%), caída de la producción de petróleo (un millón de barriles por día, la mitad que en 2016). La presión internacional sobre el gobierno de Maduro es cada vez más asfixiante, en particular en Occidente. El Gobierno de Donald Trump que tiene planes para forzar el cambio político en Venezuela, parece que puede conseguir en aliado en Brasil donde la extrema derecha tiene chances de llegar al poder con Jair Bolsonaro.

 

Este párrafo, que tranquilamente puede ser un hipotético memo diplomático para informar la situación en Venezuela, representó el cuadro de situación que llevó a Nicolás Maduro a profundizar los vínculos con sus principales socios extraregionales. La búsqueda de financiamiento y apoyo político con China, Rusia y Turquía se aceleró en los últimos meses.

 

  • 14 de septiembre de 2018. Maduro viajó a China y se reunió con el Primer Ministro Li Kekiang para llevar tranquilidad sobre el futuro del vínculo en un contexto donde el gobierno de Xi Jinping viene mostrando su preocupación por los incumplimientos de Venezuela en el envío de crudo como contrapartida de los miles de millones de dólares (US$ 50.000) que el Gigante asiático ha invertido y prestado. China subestimó el riesgo político en Venezuela y lo que parecía una oportunidad lentamente se está trasformando en un dolor de cabeza y en una amenaza.

 

  • 5 de diciembre de 2018, Maduro viajó a Moscú y se reúne con Vladimir Putin. En el encuentro Rusia se comprometió a inversiones por US$ 5.000 millones en el sector de hidrocarburos y US$ 1.000 millones en minería. El arco minero del Orinoco aparece en la pantalla del radar ruso, una zona con poca explotación y con millonarias reservas de oro.

 

  • 18 de enero de 2019. El titular de la Cartera de Industria y Comercio de Venezuela viajó a Ankara para reunirse con el primer ministro turco, Recep Erdogan. Se firmó un acuerdo de Complementación Económica para refinar el oro de Venezuela en Turquía.

 

Cuando el 23 de enero, EE.UU. y gran parte de los países latinoamericanos reconocieron el Gobierno de Juan Guaidó, era de esperarse que tanto Moscú, Pekín y Ankara reafirmaran el apoyo a Maduro. En primer lugar por los intereses económicos en juego. Los tres países reconocen lo difícil que es hacer negocios en un país que está colapsado política y económicamente, pero están convencidos que sus intereses se verán seriamente afectados en una Venezuela sin Maduro y con una “reconstrucción” guiada desde Washington. En ese sentido, China es la más expuesta dado su rol de principal acreedor de Venezuela.

 

En segundo lugar, tanto Rusia, China y Turquía son conscientes que Venezuela es una excelente oportunidad para afectar los intereses y la voluntad de EE.UU. en su “patio trasero”, como lo ha hecho sistemáticamente Washington en el contexto contiguo de Rusia (Ucrania y Europa Oriental) de China (Taiwán y el mar del Sur de China) y de Turquía (Irán y Siria). Cada uno con sus recursos (mayores en China) y limitaciones (mayores en Rusia y Turquía) buscarán coadyuvar a Maduro para evitar un cambio del status quo. Los instrumentos irán desde nuevos canales de financiamiento al apoyo diplomático en los organismos internacionales y la difusión de otra narrativa sobre los acontecimientos vía medios de comunicación alternativos como Russia Today (RT) y Sputnik.

 

En los próximos días se podrá observar el poder de fuego de cada uno de estos actores y hasta donde están dispuestos a colaborar con el Gobierno de Maduro si los costos de hacerlo aumentan. Ante las dificultades que puede traerle a Venezuela las sanciones económicas impuestas por EE.UU., el ministro de Finanzas de Rusia se mostró poco solidario con su aliado sudamericano advirtiendo que Venezuela debe pagar la cuota de dueda más de US$ 100 millones que vence en marzo.

 

En definitiva, tanto para EE.UU. como para China, Rusia y Turquía, en Venezuela hay en juego mucho más que negocios y petróleo. Caracas ocupa un casillero central en la búsqueda del poder e influencia en un orden internacional en plena ebullición y transformación.

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