Labaqui: “La posición de Macri sobre Venezuela es consistente”

29 de enero, 2019

Ignacio Labaqui Analista político y profesor de UCA y UCEMA

Entrevista a Ignacio Labaqui Analista político y profesor de UCA y UCEMA Por Alejandro Radonjic 

 

El Economista dialogó con Ignacio Labaqui sobre la situación en Venezuela, las posibles resoluciones de la crisis y el impacto en Argentina.

 

La larga crisis venezolana entró en una nueva fase la semana pasada con la asunción de Juan Guaidó como Presidente Encargado y su posterior reconocimiento de gran parte del mundo occidental, Argentina incluida. Más allá de la presión internacional creciente y las movilizaciones callejeras (también crecientes), los expertos dicen que el final del régimen dependerá del apoyo de las FF.AA. y del eje oriental, por llamarlo de algún modo: me refiero a China y Rusia. ¿Qué nos dice la Historia comparada?

Las transiciones desde el autoritarismo son procesos caracterizados por la alta incertidumbre, no suelen ser lineales. Es decir, suelen tener marchas y contra- marchas. Podría decirse que a grandes rasgos las transiciones pueden ser iniciadas desde el seno del régimen autoritario, desde la sociedad civil o desde el exterior. Un ejemplo de democratización producida desde el exterior, es decir a través de una intervención de una potencia extranjera, es el de los países que fueron ocupados por la Alemania nazi en Europa occidental durante la Segunda Guerra Mundial (Francia, Bélgica y Países Bajos) También podríamos incluir obviamente a las potencias derrotadas de la Segunda Guerra: Alemania, Japón e Italia. En América Latina puede pensarse en la intervención en Panamá en 1990 que terminó con el régimen que tenía como hombre fuerte a Manuel Noriega.

 

Las transiciones desde el autoritarismo son procesos caracterizados por la alta incertidumbre y no suelen ser lineales.

 

Yendo al caso venezolano difícilmente una intervención extranjera sea la respuesta. ¿Quién estaría dispuesto a ello? Si fuera Estados Unidos, eso tendría una repercusión negativa en la región, aparte del hecho que nunca Estados Unidos ha intervenido directamente en un país de América del Sur. Por otro lado, los ejemplos recientes de democratización por medio de una intervención militar por parte de Estados Unidos no son precisamente una historia exitosa. En definitiva, parece poco probable. Tampoco es probable que sea el propio régimen autoritario el que inicie un proceso de transición controlada. Cuando los miembros de un gobierno autoritario inician el proceso que culmina con una democratización, lo hacen especulando o bien que tienen una oportunidad de sobrevida política bajo condiciones democráticas o que es mejor una transición negociada, pactada y digitada desde el gobierno, lo que les permite preservar cuotas de poder, a una transición producida por un colapso del régimen. Difícilmente puede pensarse que los que hoy gobiernan Venezuela tengan alguna chance de sobrevida política en un contexto de elecciones libres, sin proscripciones y que tengan lugar bajo la autoridad de una institución electoral imparcial. Incluso en condiciones bastante adversas la oposición le asestó al chavismo una verdadera paliza electoral en 2015. Es decir, el Gobierno de (Nicolás) Maduro carece de incentivos para iniciar una transición. Las transiciones iniciadas desde la sociedad civil pueden producirse de diferentes maneras. Las manifestaciones por sí solas no llevan a elecciones, pero en algunos casos pueden llevar a que cambien los incentivos de grupos dentro del régimen autoritario. Pero, para que ello ocurra, debería haber ‘blandos’ dentro del régimen, y no está claro que así sea. Básicamente los costos de salida, principalmente por la vinculación de miembros del Gobierno con el narcotráfico, para Maduro y las principales figuras del régimen, la única opción es aferrarse al poder. La presión internacional y la presión de la calle justamente apuntan a que haya fisuras dentro del régimen y que ello lleve a la salida de Maduro y a un gobierno de transición que termine convocando a elecciones. Hasta ahora, el intento de quebrar la lealtad de las cúpulas de las Fuerzas Armadas hacia el régimen han sido infructuoso. Tal vez un endurecimiento de las sanciones económicas lleve a eso, pero bien podría no ocurrir.

 

¿Qué opina de la postura del Gobierno de Mauricio Macri en los sucesos recientes, que se sumó rápidamente a reconocer a Guaidó?

Es una postura que es consistente con los lineamientos de la política exterior del Gobierno de Cambiemos, con sus alineamientos internacionales y con las preferencias de su núcleo duro de votantes.

 

En Argentina, la política exterior, y más aún en un contexto de crisis económica, pondera bajo a la hora de influir en las decisiones de voto. Exagerando la idea, Venezuela no importa. Sin embargo, hay motivos para pensar que esa regla puede no cumplirse. Entre otros motivos, pienso en el hecho de que el espejo venezolano, como desenlace hipotético del kirchnerismo, siempre fue parte del relato macrista. ¿Puede ser un eje de campaña que ayude a Cambiemos?

Dudo que la política exterior sea un eje de campaña. Lo que será un obvio recurso para el Gobierno de Cambiemos es la asociación entre chavismo y kirchnerismo, especialmente dada la defensa cerrada que el kirchnerismo ha hecho del régimen de Maduro, y así reforzar la idea de evitar una “vuelta al pasado” y lo que implicaría un retorno de Cristina. O, por ponerlo de otra manera, sugerir que, si vuelve el kirchnerismo, Argentina iría a una situación como la de Venezuela. Probablemente, esa defensa cerrada que el kirchnerismo hace de Maduro termine volviéndosele en contra a la hora de seducir votantes por fuera de su núcleo duro.

 

Para Cambiemos, la asociación entre chavismo y kirchnerismo, que estos últimos no niegan, será un recurso de campaña.

 

Por último, tenemos elecciones presidenciales en octubre y correrán ríos de tinta con análisis sobre qué puede pasar y cómo puede impactar tal o cual variable o suceso. Le propongo ir a la Historia y las series largas, y no sólo de Argentina. Hay una regla que dice “presidente que va por la reelección, gana”. ¿Sirve esa regla para la próxima elección, o no?

Ojalá fuera tan fácil saber el futuro. Hay un dato y es que salvo dos casos (Daniel Ortega en 1990 en Nicaragua e Hipólito Mejía en República Dominicana en 2004) todos los presidentes latinoamericanos que buscaron su reelección estando en el poder la consiguieron. Si los oficialismos de turno tienen ventaja por ser oficialismos, la historia parecería mostrar que esa ventaja se potencia cuando hay reelección consecutiva. En Estados Unidos son también contados los casos de presidentes que hayan perdido su reelección en los últimos 120 años. Pero eso no quiere decir que el futuro esté determinado. Ello solo nos dice que la ventaja de los oficialismos se potencia cuando el presidente puede ir por su reelección, nada más.

 

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