¿Presidencia imposible?

28 de enero, 2019

venezuela elecciones fraude

 

Por Patricio G. Talavera

 

Juan Guaidó, a los 35 años, ha logrado en pocas semanas una activación de la agenda y coordinación opositora inerte después la conculcación de atribuciones de la Asamblea Nacional por parte del Tribunal Supremo de Justicia (de mayoría oficialista, en marzo de 2017). Pero ¿existe posibilidad de una transición que ponga fin al gobierno de Maduro?

 

Los pasivos de Guaidó son básicamente su escasa trayectoria política (lógica por su edad) y la pertenencia a la cuarta fuerza dentro de lo que supo ser la multipartidaria Mesa de la Unidad Democrática (MUD): Voluntad Popular que tiene como líder a Leopoldo López, preso. El mismo Guaidó, en 2010, no logró ser electo diputado, perdiendo la MUD frente al Partido Socialista Unico de Venezuela (PSUV). En las primarias de 2012, perdió la nominación frente al candidato de Primero Justicia (PJ) por más de 20.000 votos. En 2015, durante las elecciones de la Asamblea Nacional que ganó la oposición, quedó segundo por su circunscripción (la 1) del Estado de Vargas. Ese Estado, con la población de San Luis y la superficie de las Islas Comores, es históricamente chavista y de escaso peso en una elección nacional. Su llegada está más vinculada a los pactos que dan una precaria sustentación a lo que quedó de la MUD, luego de la salida del principal partido, Acción Democrática (AD), articulador del extinto bipartidismo venezolano con los socialcristianos de Comisión de Organización Política Electoral Independiente (Copei).

 

En una sociedad con bajo tejido asociativo como característica histórica, la desintegración del control estatal por parte de las agrupaciones opositoras, o el condicionamiento y control por parte de la Asamblea Constituyente de las unidades territoriales gobernadas por la oposición, dejan desprovista a la oposición de mecanismos de pulsión política relevantes. Si bien las fuerzas armadas se encuentran cruzadas por tensiones y bandos, el malestar de los mandos medios y bajos por las condiciones de vida no alcanza al día de hoy con resquebrajar la unidad en las mismas, en una corporación que ha vista crecer poder e influencia como no se veía desde los ‘50.

 

Vladimir Padrino López, hombre con fuerte conexión con los rusos, ha logrado, ante la presión internacional, alinear a siete comandantes que componen el staff principal del Ejército

 

El ministro de Defensa, el General Vladimir Padrino López, hombre con fuerte conexión con los rusos, ha logrado, ante la presión internacional, alinear a siete comandantes que componen el staff principal del Ejército. Ellos son los que han logrado, a fuerza de presión y concesiones, arrancarle a Nicolás Maduro el control de los negocios políticos que aún con una crisis galopante, se mantienen: el reparto de las cajas de alimentación CLAP, la minería (oro, como principal ítem), el petróleo y el contrabando de frontera, sobre todo con Colombia.

 

En estos campos, juega mucho la interacción y dependencia financiera con Rusia y China. Entre los 800.000 barriles por día que hoy puede exhibir como producción PdVSA, el 60% va a pagar deudas con esos dos países mientras que Citgo, la filial de PdVSA en Estados Unidos, está dividida casi en partes iguales como garantía a diferentes préstamos y bonos.

 

Por parte del Gobierno de Maduro, una semana es el largo plazo. La gestión de la sobrevivencia política es una especialidad del régimen, que apoyado en la inercialidad natural de la sociedad venezolana (el largo declinar del sistema de Punto Fijo que creó el bipartidismo venezolano es un ejemplo) y en la rentabilidad que aún puede ofrecer al sector militar, necesitaría un cambio de coyuntura fuerte, que le quite los activos que aún puede ofrecer a precio de remate a sus propios valedores (Rusia, China y el Ejército).

 

Estados Unidos, principal comprador del petróleo venezolano, puede cerrar el grifo, pero no cuenta con fácil reemplazo y debería utilizar las reservas estratégicas para suplirlo, con riesgo a ciertos desajustes internos que un Presidente que acaba de perder un pulso con la oposición demócrata no parece estar en condiciones de darse.

 

Si Maduro logra retener el apoyo militar, chino y ruso, y Trump no va más allá de hostilidades diplomáticas, difícilmente se concrete el mejor intento de terminar con el régimen venezolano hasta ahora

 

Si Maduro logra retener el apoyo militar, chino y ruso, y Donald Trump no va más allá de hostilidades diplomáticas que no logran exceder lo simbólico, difícilmente se concrete el mejor intento de terminar con el régimen venezolano hasta ahora. Si se le pide a Maduro que convoque elecciones, es porque puede y, si puede, el Presidente que se está reconociendo es Maduro, y no es Guaidó. Basta el control de las fuerzas asentadas en Caracas, como demuestra la historia de los levantamientos militares en Venezuela, para que una asonada militar tenga amplias posibilidades de ser derrotada. Y la debilidad de Maduro, contraintuitivamente, puede ser más atractiva para Moscú y Pekín: abre la puerta a arrancar condiciones aún más leoninas a las ya dramáticas que estos países le han impuesto a Venezuela, por ejemplo, en la rica Faja del Orinoco.

 

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