La calle y los generales

25 de enero, 2019

VENEZUELA- emigración CRISIS-MADURO-SUPPORTERS

Por Tomás Múgica, Analista internacional

 

La decisión del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, de proclamarse Presidente Encargado ha alterado una situación que hasta hace unos días parecía favorable al mantenimiento del statu quo en Venezuela.

 

Autoritarismo político y caos económico son los términos que describen ese estado de cosas. El régimen que encabeza Nicolás Maduro es autoritario: las libertades civiles y políticas están seriamente restringidas, cuando no abiertamente conculcadas. El desconocimiento de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, electa en 2015; la proscripción, persecución y detención arbitraria de líderes opositores; la supresión violenta de las protestas contra el gobierno y el intento por controlar los medios de comunicación y monopolizar la vida pública del país, son expresiones del carácter dictatorial del actual régimen político venezolano.

 

La catástrofe económica vuelve más insoportables la arbitrariedad y la violencia: la inflación esperada en el 2019 es de 1.300.000%; la contracción del PIB del 18%, según datos del FMI y el desabastecimiento de productos básicos, como alimentos y medicinas, es agudo. El Estado no sólo se muestra incapaz de gestionar la economía; también de garantizar la seguridad ciudadana y de proveer servicios públicos mínimos. La emigración masiva es una respuesta al caos: se estima que unos tres millones de venezolanos han abandonado su país en los últimos años.

 

En este contexto, el desafío encabezado por Guaidó ha puesto a la defensiva al gobierno: Maduro parece haber perdido la iniciativa. Para intentar dilucidar la posible deriva de la crisis política venezolana, hay que seguir atentamente tres factores: el rol de los actores externos; la capacidad de la oposición para mantener la unidad y sostener la movilización; y el respaldo de las Fuerzas Armadas al gobierno bolivariano.

 

Más allá del juicio que se pueda abrir sobre la legitimidad de Guaidó, su reconocimiento de por parte de Estados Unidos y de un número importante de países latinoamericanos (entre los cuales se cuentan Brasil, Argentina, Colombia y Chile) reunidos en el Grupo de Lima, ha fortalecido las demandas de la oposición, la ha vuelto más creíble. Los latinoamericanos ejercen presión diplomática. Estados Unidos podría ir más allá (la opción militar no parece estar sobre la mesa, dados los costos políticos internacionales y nacionales que acarrearía) mientras que la posibilidad de subir el nivel de las sanciones económicas, por ejemplo restringiendo las compras de petróleo venezolano, parece más realista. Claro que el Gobierno venezolano conserva dos aliados importantes: Cina y Rusia, decididos a sostener a un socio valioso, al que proveen de créditos, inversiones y armamento, a cambio de petróleo y la posibilidad de acrecentar su ascendiente en un Estado situado en la cuenca del Caribe, un área de influencia norteamericana.

 

Pero más allá de las influencias externas, las posibilidades de supervivencia de lo que queda del chavismo están atadas fundamentalmente a lo que suceda en el terreno doméstico. Dos, a mi juicio, serán los actores decisivos en los días que vienen: la oposición y las fuerzas armadas. A pesar de sus tensiones internas, la oposición ha logrado generar un nivel de movilización popular muy significativo, con una presencia en la calle que no se observaba desde las protestas de 2017. Si logra mantenerse unida y sostener la presencia masiva en el espacio público, será un factor de fuerte presión sobre el Gobierno.

 

En cuanto a las Fuerzas Armadas —que desde los inicios del chavismo han tenido un fuerte protagonismo en la política y la economía— su importancia ha crecido a medida que la situación económica empeoraba y la popularidad del gobierno decrecía. Convertidas en el principal sostén del Gobierno de Maduro, por el momento se muestran leales, pero se podrían generar fracturas si los líderes militares perciben que el Gobierno se debilita como producto de la movilización doméstica y la presión internacional. Las decisiones de los generales tendrán un impacto decisivo sobre los desenlaces posibles de la actual crisis.

 

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