El 2018 cerró como se esperaba y preserva las dudas para 2019

21 de enero, 2019

El 2018 cerró como se esperaba y preserva las dudas para 2019

 

Por Jorge Colina Idesa

 

Se conocieron los números del sector público nacional en 2018. El déficit primario fue de $339.000 millones o 2,4% del PIB y el déficit financiero (computando el pago de intereses) de $728.000 millones o 5,2% del PIB. Los números, en principio, son un poco más alentadores que los presentados en el Presupuesto 2019 en el que se proyectaba cerrar el 2018 con déficits de $365.000 millones (2,6% del PIB) y $765.000 millones (5,5% del PIB), respectivamente.

 

Lo más notable es que el déficit primario bajó en términos nominales. Esto es, pasó de $404.000 millones en el 2017 a $339.000 en el 2018, un nivel similar al del 2016, que era de $343.000 millones. Ahora el desafío es transformar esta cifra en $0 o sea déficit primario cero.

 

Lo que muestra el 2018, comparado con el 2019, es la lógica del ajuste que se plantea en las cuentas públicas. La reducción del déficit primario en términos nominales fue posible gracias a que los ingresos crecieron 30% mientras que los gastos primarios sólo 22% anual. Esto fue posible básicamente porque los dos principales componentes que conforman la mitad del gasto primario y tienen crecimiento inercial, que son las jubilaciones y los salarios públicos, crecieron por debajo de los ingresos (27% y 20%, respectivamente). Este es un ajuste clásico generado por inflación porque los ingresos crecen primero por aumento de los precios nominales y el gasto crece con retardo por efectos de la indexación.

 

En el Presupuesto 2019 se propone preservar esta lógica. Se proyecta que los ingresos crecerán 42% y los gastos primarios, 25% anual. De esta forma, se llegará el déficit primario cero. El incremento de los ingresos no será sólo por inflación, que se espera que se desacelere, sino fundamentalmente por aumento de la presión impositiva de los derechos de exportación, que crecerá en 1,1% del PIB (unos $200.000 millones adicionales). La contención del gasto vendrá por el lado de prácticamente congelar los gastos de subsidios a servicios públicos, obra pública y transferencias a provincias lo que redundaría en un “ahorro” de 1,5 puntos adicionales del PIB, por la vía de la combinación de congelamiento de gasto con aumento del PIB nominal.

 

En este marco, lo que es crítico para el 2019 es qué pasará con los dos principales gastos inerciales: jubilaciones y salarios públicos. En el Presupuesto se proyecta que el gasto en jubilaciones crecerá 38%, bastante cercano a lo que crecerán los ingresos, mientras que los salarios públicos crecerán 31%, o sea, por encima del crecimiento el gasto primario.

 

Entonces es cuando entran las dudas sobre la sostenibilidad del ajuste que se plantea para 2019. El déficit cero se logrará con medidas transitorias, que son impuestos a las exportaciones –tolerables hasta que el tipo de cambio real se aprecie– y menos obra pública que –más allá de que puedan lograrse ganancias de eficiencias por mejor asignación de las obras y menos corrupción– es difícil de sostener si se quiere hacer rebrotar la economía. En paralelo, los principales gastos primarios, que son jubilaciones y salarios públicos, crecen de manera permanente e inercial porque están motorizados por la indexación.

 

Por eso, para hacer sustentable el déficit primario cero del 2019 hay que ordenar de verdad las cuentas públicas y no limitarse a modificar las aceleraciones de ingresos y gastos con la inflación. Para ello, es ineludible abordar con seriedad y profesionalismo la reforma previsional y la modernización del Estado.

 

 

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