La economía tuvo la mayor caída desde 2008

20 de septiembre, 2018

casa rosada Gobierno crisis

 

Por Alejandro Radonjic 

 

En el segundo trimestre, el PIB disminuyó 4,2% con relación al mismo período del año anterior y, a la vez, se contrajo 4% contra el primer trimestre de 2018, informó ayer el Indec. Una caída tan esperable como fuerte. Se trata, informó LCG, de la mayor caída desde fines de 2008, tras la caída de Lehman Brothers y la sequía de aquel año. Además, añadieron, “en términos desestacionalizados, el PIB retrocede a los niveles del primer trimestre de 2016”. Fue la primera caída tras seis trimestres en alza y si la economía vuelva a caer en el tercer trimestre, tal como se espera, Argentina entraría técnicamente en recesión.

 

Así, el acumulado anual pasó de 3,9% (el primer trimestre había registrado un potente crecimiento de 3,9% interanual) a una caída de 0,5% que se acentuará en el segundo semestre y redundará, tal como anunciaron desde el Gobierno, en una caída mayor a 2% a lo largo de 2018.

 

A nivel sectorial, el peso de la sequía volvió a ser determinante dado que el sector de agricultura, ganadería, caza y silvicultura se contrajo 31,6% interanual. A la vez, el sector de la pesca cayó 13,7%; comercio mayorista y minorista tuvo una caída de 1,6% mientras que restaurantes y hoteles registró una baja de 0,4%. También anotaron números rojos transporte, almacenamiento y comunicaciones (-3,8%), actividades de servicios comunitarias, sociales, personales (-0,4%) y el sector de administración pública, defensa y sistema de seguridad social obligatoria (-0,3%). Además, entre las que acusaron el impacto figura la industria, que se retrajo 1,8%.

 

Entre los sectores que avanzaron pese a la tormenta se destaca la intermediación financiera, con una potente suba de 8,7% interanual. También creció el sector de actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (3,8%); el sector de enseñanza (1,5%); los servicios sociales y de salud (2%); los servicios de hogares privados que contratan servicio doméstico (0,1%) y la construcción, con una suba de 5,5% interanual. Las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler subieron 3,8% mientras que minas y canteras también avanzaron, con un alza de 4,5%.

 

Mirado por el lado de la demanda, el informe del Indec también aporta miradas mixtas, aunque con una tónica negativa, claramente. Por ejemplo, la inversión subió 3,1% interanual en el segundo trimestre, aunque cayó 6,9% contra el periodo enero-marzo. A la vez, el consumo privado tuvo una alza módica de 0,3% interanual y una baja de 1,1% con respecto a los primeros tres meses de 2018. A la vez, el consumo público ajustó 2,1% interanual y se mantuvo igual que en el primer trimestre mientras que las exportaciones se derrumbaron: 7,5% interanual y 14,2% versus el primer trimestre.

 

La economía tuvo la mayor caída desde 2008

 

Las visiones

 

Desde LCG tuvieron una visión mixta: mala para el plazo inmediato, pero con cierta esperanza para 2019. “Estimamos que en el corto plazo la actividad económica seguirá cayendo afectada por los últimos coletazos financieros, la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores, el efecto de las altas tasas de interés necesarias para moderar la corrida contra el peso y un contexto generalizado de mayor incertidumbre económica (y política), en paralelo con el impulso fiscal negativo necesario para cumplir con metas fiscales”, dicen y agregan: “Esperamos una caída del 3,5% anual para la segunda mitad del año (-1,1% trimestral en cada trimestre)”.

 

Pero, matizan: “Como venimos sosteniendo, las condiciones para una próxima recuperación, principalmente a partir de una mejora de la competitividad, estarán otra vez sobre la mesa, aunque contingentes a dos factores”.

 

  1. La posibilidad de domar (en el corto plazo) la incertidumbre financiera remanente y poder así comenzar un proceso de baja de las tasas de interés.
  2. Que el Gobierno evite la tradicional tentación de utilizar el ancla cambiaria como herramienta antiinflacionaria. “Entendemos que en adelante el tipo de cambio debería acompañar la dinámica de los precios. Un dólar promedio de $ 40 en 2019, como el establecido en el Presupuesto, no va en tal sentido y, si esa fuera la idea, creemos que, como sucedió en 2018, será el mercado el encargado de doblegar, aunque de una manera menos ordenada, las rigidices internas”, señalan.

 

“Bajo los supuestos recientemente planteados, esperamos una recuperación marginal para 2019 de 1,7% interanual que no alcanzaría para recuperar lo perdido”, proyectan.

 

“Se ha revertido el signo de crecimiento del primer trimestre del 2018 y todo indica que la situación no va a cambiar en el corto plazo debido a la pérdida de salario real producto del traspaso a precios de la devaluación, un mayor clima de incertidumbre que afecta a la inversión privada, el poco dinamismo del gasto en capital por parte del sector público y unas exportaciones que aún no reaccionan a un tipo de cambio que ha recuperado parcialmente la competitividad en términos reales”, analizaron desde ACM.

 

Así, agregan, “para lo que resta de 2018 esperamos que en promedio la actividad caiga en torno a 2,5%”. Sobre 2019, dicen: “Si bien es prematuro para hacer proyecciones para el año siguiente, el arrastre estadístico que dejaría el 2018 es de 3,2 puntos y, por ende, el crecimiento en 2019 debería ser lo suficientemente alto para mostrar un valor promedio positivo, incluso cuando se crezca a tasas interanuales positivas”.

 

“Más allá del shock de oferta generado por la sequía en el segundo trimestre, la recesión se profundizó en los últimos meses, producto de los saltos cambiarios, la aceleración de la inflación y la fuerte suba de tasas de interés. El cambio de precios relativos modifica la dinámica de las principales variables macroeconómicas. La recesión pasará de ser un shock de oferta (la sequía que afectó el 2° trimestre) a una contracción de la demanda interna (caída del consumo y la inversión) que se contraerá más que el PIB en el segundo semestre. De hecho, el único driver del crecimiento provendrá de las exportaciones gracias a la significativa mejora de la competitividad cambiaria. En síntesis, pese al buen comienzo del 2018, la actividad económica caerá en torno a 2,5% durante 2018. Esta situación dejará un arrastre estadístico negativo para el año que viene de casi 3%, lo que significa una pesada herencia para la actividad económica en 2019”, dijeron, a su vez, desde Ecolatina.