Un nuevo supermercadismo

24 de julio, 2018

Un nuevo supermercadismo

 

Por Amalie Ablin Dirección Nacional de Producción de Alimentos y Bebidas del Ministerio de Agroindustria.

 

Desde inicios de 2017 la tendencia predominante a concretar compras familiares para consumo periódico–diarias o semanales– dio lugar a una guerra de minimercados, que afloraron como potenciales competidores de los super e hipermercados, inclusive de sus propias marcas.

 

Hasta entonces, las diez cadenas supermercadistas más grandes del país concentraban 55% de las ventas totales de alimentos en el mercado minorista, contra 40% en 2005. El resto quedaba a cargo de los pequeños comercios barriales, incluyendo los denominados “supermercados chinos” –con más de 10.300 puntos de venta y una participación del 18%–. Por otra parte, las cadenas “mayoristas” comenzaban a competir directamente con los super e hipermercados, registrándose un cambio de modalidad de compras que prioriza proximidad y precios.

 

A su vez, las ventas totales a precios corrientes de $169.223 millones en 2014 ascendieron a $349.554 millones en 2017, promoviendo el aumento de precios la reorientación del consumo hacia segundas y terceras marcas en productos de la canasta básica, tanto en las cadenas de supermercados, hipermercados y demás proveedores comerciales.

 

Dicha tendencia parece continuar si se comparan los $128.184 millones de pesos del primer cuatrimestre 2018 contra $105.532 millones de igual período en 2017.

 

Asimismo, la creciente competencia entre 2016 y 2017 determinó que las compras de las familias en las cadenas mayoristas crecieran del 25% a 30% en lo concerniente a aceites, arroz y pastas, mientras la participación de los hipermercados en las ventas totales se redujo del 39% al 33%. Ello impulsó variadas estrategias de promoción de estos últimos, del tipo denominado 3×2 (pague 2 y lleve 3) durante los fines de semana, o días fijos de descuento semanal aplicables a diversas tarjetas de crédito con el fin de fidelizar a los clientes de las mismas. Por último, para contrarrestar la caída de ventas durante 2017-2018 se habilitaron inclusive días de descuento –hasta 50% sobre la compra, sujeto a un tope– alentados por bancos, liderados por el Bapro

 

Las transformaciones descriptas entre los diversos segmentos comerciales –hipermercados y cadenas, mayoristas, supermercados de diversos tamaños, mini– mercados de marca– han afectado la estabilidad de algunas de las grandes cadenas, como refleja el Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) solicitado por Carrefour, empresa con 500 puntos de venta y unos 20.000 empleados en el país. Situación que se atribuye a los elevados costos de alquiler incurridos para competir en proximidad con los supermercados chinos. La situación de Carrefour en nuestro país resulta independiente del plan de la empresa a nivel global para ajustar su presupuesto en casi U$S 2.500 millones anuales hacia 2020 por vía de reducción de costos logísticos y estructurales, aunque se prevé optimizar los procesos de compra directa para la sede argentina, reconvirtiendo hipermercados en tiendas mayoristas.

 

Más allá

 

Más allá de las singularidades del mercado doméstico, nuestro país comparte tendencias mundiales tales como la reducción en peso o volumen de los productos ofertados como mecanismo para preservar sus precios frente a tendencias inflacionarias. Este fenómeno se evidencia claramente en el caso de panificados, snacks, aceites, atún, aceitunas, refrescos, entre otros. Algunos fabricantes de productos alimenticios y bebidas alegan que la reducción del peso por envase se orienta a disminuir calorías u homogeneizar el proceso de producción a nivel internacional, aunque otros los atribuyen más crudamente a la eventual pérdida de poder adquisitivo de las monedas de los países donde operan.

 

La población mundial ha modificado sus hábitos alimentarios en la última década, pasando de un enfoque limitado a productos alimenticios bajos en calorías, a opciones más balanceadas que incluyen elementos fortificados, naturales y orgánicos, definiéndose un estilo de vida más saludable. Al encontrarse los consumidores mayormente expuestos desde su infancia a marcas locales e internacionales, la integración de la producción y comercialización redunda en una creciente preferencia por marcas globales, registrándose sólo dos categorías –lácteos y alimentos refrigerados–que permanecen como bastiones de los productos locales en razón de la relevancia otorgada a su frescura.

 

Dicho proceso de globalización de las marcas se refleja en la expansión de las grandes cadenas comercializadoras, destacándose el avance de empresas alemanas en Estados Unidos, aumentando la presión competitiva sobre los minoristas convencionales como Walmart y Kroger. En esta línea, Aldi –supermercado germano reconocido por los bajos precios de sus productos con marca propia– también prevé invertir US$ 3.400 millones en EE.UU. en la apertura de 900 puntos de venta durante los próximos cinco años.

 

Por su parte, Amazon avanza a la vanguardia de la que podría ser la tienda del futuro, con la inauguración en Seattle del primer supermercado sin cajas, mecanismo bautizado como Amazon Go que permite al usuario efectuar su compra y retirarse del local en una forma totalmente innovadora, sin necesidad de pasar por un servicio de cajero. A tal efecto, el sistema cuenta con cámaras y sensores que detectan los artículos que el cliente toma de las góndolas y ubica en su carro de compras, cuantificando de manera automática el importe de la compra, que se carga en su cuenta. También en China se transforma la mecánica de compra en el supermercado, al reemplazarse los cajeros por sensores por los cuales los clientes pasan los productos, cuya factura le es cargada automáticamente. Finalmente, debe destacarse el crecimiento de compras electrónicas online, tendencia creciente que no parece detenerse.

 

Mientras tanto, la relación entre el sector supermercadista y sus proveedores es objeto de creciente debate. En 2017, el Comisionado de Agricultura de la Unión Europea (UE) censuró el desigual poder de negociación del productor primario frente a los supermercados.

 

Como resultado, las corrientes antes reseñadas impulsan estrategias para consolidar el posicionamiento de las empresas productoras y comercializadoras de alimentos y bebidas en el ámbito supermercadista por vía de la promoción de marcas propias, optimizando las condiciones de compra e inclusive ganando terreno en el comercio mayorista para obtener mejores precios relativos y, por ende, mayor rentabilidad, tendencias globales que se observan más allá de los mercados específicos.

 

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