El kirchnerismo sale a reeditar UC a la espera de fallo por el PJ

23 de julio, 2018

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No hay decisiones taxativas, ni estrategia delineada. Pero el kirchnerismo ya traza su camino rumbo a las presidenciales de 2019. Con el silencio activo de su líder, Cristina Kirchner. Y el deterioro de la imagen del Gobierno como condición de posibilidad. Reeditar el esquema de Unidad Ciudadana es, por ahora, el horizonte posible para articular los núcleos más consustanciados en las provincias. Pero sin desentenderse ni mirar de reojo la situación del intervenido Partido Justicialista, a la espera de un fallo de la Cámara Nacional Electoral que le permita sumar esa estructura a su apuesta electoral o neutralizarla para que pueda ser utilizada por sus rivales internos o en su contra.

 

Unidad Ciudadana nació en abril de 2016, a partir de un discurso de la expresidenta en los tribunales federales de Comodoro Py. Y se convirtió en sello electoral al año siguiente, cuando no hubo acuerdo posible en la provincia de Buenos Aires para lograr una lista unificada y Cristina prefirió evitar la primaria abierta con Florencio Randazzo, su exministro. Randazzo se quedó con la etiqueta del PJ bonaerense, mientras que Cristina se quedó con el grueso de los votos, la estructura territorial del partido y apoyos extendidos. Sin que le alcanzase para derrotar a Cambiemos y resignase una de las dos bancas que pretendía. De todos modos, Unidad Ciudadana no fue el nombre de los bloques del kirchnerismo en el Congreso. Frente para la Victoria perduró como nombre, para disputarle al interbloque de Argentina Federal legisladores del peronismo en las provincias.

 

A más de un año del cierre de listas, en el kirchnerismo suponen que el silencio de Cristina se prolongará lo que considere necesario. Su voz se escuchará sólo en el ámbito parlamentario, donde integra el bloque que preside el neuquino Marcelo Fuentes. Hasta marzo, por lo menos. El deterioro de la imagen del Gobierno y la crisis financiera, que se traslada a otros órdenes, suma a su favor. Y le quita margen a sus rivales internos en el peronismo, que tendieron puentes con el Gobierno en estos años de gestión de Cambiemos y, de alguna manera, están atados a que ese deterioro no los perjudique también a ellos. A su vez, la ausencia de liderazgos claros en el sector genera comportamientos más cautelosos en actores que, en otro momento, podrían haber optado por una apuesta más antikirchnerista. El juego de los intendentes bonaerense es una muestra. Lejos de la disputa entre grupos diversos (Esmeralda, Fénix, Establo, Patria), hoy parecen mucho más alineado con lo que Cristina disponga.

 

En cuanto a los gobernadores del peronismo, Gildo Insfrán (Formosa), Alberto Rodríguez Saá (San Luis) y Alicia Kirchner (Santa Cruz), son los que hasta aquí se mueven más abiertamente en la órbita del kirchnerismo. A ellos habría que sumarle mandatarios como Lucía Corpacci (Catamarca) o Carlos Verna (La Pampa), que si bien no han definido inclinación forman parte del abanico de reuniones de Oscar Parrilli y otros enviados del Instituto Patria.

 

De todos modos, desde el kirchnerismo pretenden sumar a varios de los gobernadores con primer mandato. Entre ellos, el sanjuanino Sergio Uñac, uno de los pocos que salió airoso de la elección de medio término. Uñac busca quebrar el intento del peronismo federal del senador rionegrino Miguel Angel Pichetto y el gobernador salteño por generar una alternativa moderada a partir de una liga de gobernadores. Y, además, podría mostrar señales de renovación en ese armado. En cuanto a la estructura, la reedición de Unidad Ciudadana no supone necesariamente desatender la marcha judicial de la situación con el PJ. En manos de la Cámara Electoral, en el kirchnerismo consideran que hay jurisprudencia como para que se revierta el fallo o, por lo menos, para que se generen mecanismos que permitan normalizar su conducción sin los termine excluyendo o perjudicando. En ese sentido, la confluencia posible con sectores no kirchnerista que impulsan la unidad o unas PASO competitivas cobra fuerza, a pesar de la resistencia de Pichetto, Urubey y compañía, y el silencio de la propia Cristina.