El amor es ceguera

20 de julio, 2018

El amor es ceguera

Por Sergio Doval Taquion

 

La música no ha sido para mí sólo la construcción de la banda sonora que acompaña mi vida sino que me ha abierto innumerables puertas: al arte, a la imaginación, a la escritura y, más importante aún, a la militancia de la escucha.

 

Cuando uno escucha música (y no la oye), tiene que hacer silencio y entregarse a lo que otra persona dice, piensa y transmite. Esa escucha, es una construcción ineludible de cualquier persona empática, de cualquier líder que se precie como tal. Implica reconocer al otro, sus necesidades, intereses, argumentos y, sin dudas, de vez en cuando, obliga a reformular el pensamiento propio.

 

La canción de U2 “Love is Blindess” (“El amor es Ceguera”), parafrasea a través de la pluma exquisita de Bono la frase popular “el amor es ciego“. Este concepto renovado de la pérdida de un sentido humano básico en manos del amor, parecería ser la descripción perfecta de lo que le sucede, o al menos así lo transmite, el presidente Mauricio Macri.

 

A pesar de que solo el 33% de la población le cree cuando habla, el discurso no se ha modificado. La esperanza, el mejor futuro para todos, la mochila del pasado, la descripción de una tormenta que pospone un poco los objetivos y un ensayo de autocrítica muy velado son elementos que desnudan una debilidad: el rumbo se mantiene.

 

¿Como puede el Presidente crecer en confianza si, hablando de la gran angustia por la que atraviesan muchos argentinos, no se modifica el rumbo? ¿Cómo puede explicar, ante el reconocimiento del sufrimiento de muchos compatriotas, que se admite el fracaso de un programa económico que encarnó el Gobierno y sus funcionarios durante dos años (que no supo prever esa tormenta) y no plantear un nuevo plan, o al menos la búsqueda de consenso para una nueva hoja de ruta? ¿Será el Presidente otra víctima de la ceguera producida por el amor a una idea?

 

Las ideas son faros que nos impulsan, nos unen, nos convocan, nos hacen sentir vivos, pero en esta realidad, una idea, una sola idea, puede ser la gran muralla que nos impida ver que hay muchas posibilidades para resolver un mismo problema. El amor del Presidente por esa concepción con la que arribó al poder, puede aislarlo y volverlo cada vez más ciego.

 

Lo extraño es que el Presidente sigue enamorado de su idea de país y, según su palabra, la de todos los argentinos, aunque una porción muy grande de la sociedad (casi el 70%) desapruebe su gestión.

 

La escucha, como mencionaba anteriormente, permite el espacio para la reconstrucción de nuestras propias ideas. La escucha promueve instancias para que emerjan nuevas alternativas, superadoras e inclusivas. En estos momentos, es necesario un capitán de barco y esa es la figura del Presidente, pero después de tantos errores (de este Gobierno y de los anteriores), quizás sea tiempo de escucharnos entre todos y construir un mapa consensuado de a donde queremos llegar y con que sacrificios. La matemática es tirana: el techo que uno tiene (en creatividad, capacidad, inteligencia, etcétera) cuando se está solo, es uno. El techo cuando estamos con otros se eleva.

 

Finalmente, esto no implica que el Presidente deba transmitir una visión tenebrosa de la realidad para que sea más creíble, porque la realidad muchas veces merece ser transformada y para esto es necesario un líder que crea en esa transformación. Pero es necesario reconocer, que cuando uno realiza algo y obtiene un determinado resultado, es muy poco probable que, haciendo lo mismo, uno obtenga un resultado distinto.

 

Para no caer en este error, es necesario sacarse las vendas, dejar de lado los egos y confiar que, realmente, entre todos vamos a producir algo mejor que en soledad.

 

El tiempo dirá si el primer amor del Presidente es para siempre, o es capaz de aprender de sus errores y enamorarse de una idea que no sea propia, sino, como él dice, de la mayoría de los argentinos.