Algunas notas sobre el desempeño macroeconómico

16 de julio, 2018

Algunas notas sobre el desempeño macroeconómico

Por Eliana Scialabba y Leandro Moro Economistas

 

La política económica debe ser juzgada por sus resultados, independientemente de lo buenas o malas que sean las intenciones con que las medidas fueron planeadas y ejecutadas. Aquí buscamos hacer un breve repaso de las principales acciones monetarias y fiscales, para luego identificar los efectos de las mismas sobre los principales indicadores económicos y sociales.

 

Algunas notas sobre el desempeño macroeconómicoPolítica monetaria Luego de la instrumentación del Régimen de Metas de Inflación (RMI), el Gobierno proyectó un sendero de inflación descendente partiendo de una base alta, si tomamos el 40,3% del 2016.

 

A través del control de las expectativas como ancla nominal, con la tasa de interés como instrumento para coordinarlas, el BCRA estimaba para 2018 una inflación entre 8% y 12%, meta que fue abandonada el 28 de diciembre del 2017, en la famosa conferencia, en la que las mismas se recalcularon al 15% y asestaron el “golpe final” al RMI, que nunca llegaron a asentarse.

 

Sin embargo, a pesar de que por momentos se criticó al BCRA por las “supertasas”, la cantidad de dinero durante 2016 y 2017 creció 73,41%, según el Informe Monetario Diario de la entidad, mientras que la inflación acumulada en ese período fue de 74,08%. Como para que no queden dudas que, tal como decía Milton Friedman, “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”

 

La semana pasada, la nueva conducción del BCRA abandonó el RMI, ingresando a un aparente control de agregados -pasando de control de “precio” a “cantidades”-, pero producto de la fuerte pérdida de confianza en la autoridad monetaria, la caída de la demanda de dinero se está haciendo notar y la inflación proyectada para 2018 en ningún caso desciende de 30%.

 

Algunas notas sobre el desempeño macroeconómicoEquilibrio fiscal y deuda pública A pesar de las correcciones marginales del Tesoro, el déficit fiscal continuó su camino creciente: en 2016 alcanzó el 5,9% del PIB y en 2017 se incrementó hasta el 6,1% del PIB en un contexto de reducción y quita de subsidios a servicios públicos y transporte, con el objeto de consolidar las cuentas públicas.

 

El problema de timing en la implementación de este plan generó un desequilibrio aún mayor: la suba exponencial de la deuda pública para cubrir el bache fiscal implicó un fuerte incremento en los intereses devengados. En definitiva, se ajustaron los subsidios a las tarifas, pero el déficit público de todas formas creció.

 

Una mención especial merece la deuda pública, que saturó el mercado. Llevando los ratios de deuda/PIB a máximos de tolerancia para Argentina – 57% a fines de 2017, con 70% de deuda en moneda extranjera, que se incrementó simplemente por la suba de dólar de $20 a $28 – y con el cambio en el contexto internacional, la reversión de capitales que derivó en corrida cambiara durante estos últimos meses pusieron de relieve algo de lo que en numerosas veces se advirtió: la insolvencia fiscal alcanzó tal nivel que los acreedores decidieron no renovar la confianza en el Gobierno. Como consecuencia, Argentina terminó en un acuerdo con el FMI, para afrontar sus obligaciones, cuanto menos, en el corto plazo.

 

Algunas notas sobre el desempeño macroeconómicoEfectos económicos y sociales Las decisiones de política económica del Gobierno no sólo tienen efectos a nivel económico, sino también social, que podemos analizar consultando diversos indicadores.

 

El principal indicador, por el cual el Presidente pidió ser evaluado, es la pobreza. De acuerdo a lo informado por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, durante el 2016 y el 2017, la pobreza infantil se elevó hasta alcanzar al 62,5% de los niños hasta 17 años, es decir, que presentan carencias alimentarias o de otras necesidades básicas. En tanto, en el mercado de trabajo los indicadores tampoco son alentadores: para el primer trimestre de 2018, la tasa de desempleo se  ubicó en 9,1% de acuerdo a datos del Indec, mostrando apenas una reducción del 0,1% respecto del mismo trimestre de 2017.

 

Pasando al terreno económico, la expansión del nivel de actividad tampoco fue para destacar durante la gestión Cambiemos. Durante 2016 se experimentó una caída del 2,3% mientras que el 2017 presentó una expansión del 2,9% debido al “rebote” y la baja tasa de comparación del año anterior. En tanto, 2018 volverá a ser contractivo, dado que desde el Gobierno estiman un crecimiento del 1%, pero el arrastre estadístico que dejó 2017 supera dicha marca.

 

Lamentablemente, el desempeño económico no ha podido romper con el esquema de picos y valles, es decir, que se crece un año y se decrece al siguiente: en definitiva, como resultado de este desempeño errático, la “torta” no se agranda mientras que sí lo hace la población, generando una caída en el nivel de producto por habitante.

 

El sector externo exhibe resultados en el mismo sentido que la actividad. La apreciación cambiaria del último año, producto de una inflación “moviéndose” por encima del tipo de cambio nominal y el ingreso de dólares por deuda, llevó el año pasado a un desequilibrio de la balanza comercial de US$ 8.471 millones, lo que constituye una suma récord.

 

Si bien la depreciación cambiaria de los últimos meses ha mejorado notablemente el tipo de cambio real –se encuentra en valores máximos desde 2011– la sequía ha perjudicado la producción del campo, y ha estancado las exportaciones.

 

En definitiva, y como se mencionó al inicio, a las políticas hay que evaluarlas por sus resultados y, a la luz de lo expuesto, estamos frente a otro nuevo fracaso de modelo económico. La oportunidad de retomar el sendero del crecimiento y el desarrollo fue una vez más dilapidada.